Relación estrecha con el aprendizaje

Análisis de causas de pérdida de memoria

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El lóbulo temporal está relacionado con la consolidación de la información

Roberto Gutiérrez, 19 de enero de 2015

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El almacenamiento de la información adquirida mediante el aprendizaje y la recuperación de ésta –lo que se efectúa en el sistema nervioso central– integra lo que recibe el nombre de memoria. Así pues, tanto el aprendizaje como ésta se encuentran estrechamente relacionados y uno no puede darse sin la otra.

Como se sabe, el aprendizaje es la adquisición de la información; la memoria, el almacenamiento y recuperación de la misma. ¿Qué sucede entre uno y la otra? Un proceso llamado consolidación de esta última, que consiste en el paso de una memoria de corto plazo, que es cuando obtenemos la información, a una de largo plazo, que ocurre al afianzarse.

“Debe tomarse en cuenta que no todas las cosas que aprendemos, o a las que estamos expuestos en la vida, las consolidamos; muchas de ellas las perdemos, las dejamos ir”, explicó Federico Bermúdez Rattoni, investigador del Instituto de Fisiología Celular.

La idea de que la memoria reside exclusivamente en una parte del cerebro viene de una vieja corriente filosófica conocida como localizacionismo, según la cual las distintas funciones cerebrales se ubican en sitios precisos de ese órgano.

“Lo que hemos visto es que dentro del cerebro hay unos circuitos que están más involucrados en un determinado tipo de memoria y otros que lo están en otro. Es decir, diversos conjuntos de circuitos, de los que cada uno conforma un determinado tipo de memoria, interactúan para formar la totalidad de ésta”, abundó.

El caso H M

Hace años, en Estados Unidos ocurrió el caso conocido como H M, en referencia al paciente Henry Molaison, quien perdió la capacidad de consolidar la memoria; a partir de su análisis y estudio se percataron que un área importante del cerebro, el lóbulo temporal, está involucrada justamente en ese proceso.

Una vez que le quitaron bilateralmente el hipocampo (se sitúa en la parte interna del lóbulo temporal), además de otras áreas de la corteza cerebral, H M ya no pudo afianzar la memoria.

“Se acordaba perfectamente de todo lo que había ocurrido antes de la operación (a qué escuela había asistido o quién era el presidente de su país), pero ya no tenía la capacidad de obtener nueva información y retenerla. Podía mantenerla por breves periodos; sin embargo, después de una o dos horas la olvidaba por completo”, expuso.

Entonces se llegó a la conclusión de que el hipocampo y, en general, todo el lóbulo temporal, se relacionan con la consolidación, pero no con el almacenamiento de la memoria. Este último proceso se distribuye en las otras áreas de la corteza cerebral que, en el caso de H M, no habían sido dañadas por la operación.

“Puede afirmarse que si bien hay circuitos distribuidos en el cerebro, que son muy relevantes para la adquisición y el mantenimiento de la información, existen áreas como el hipocampo y el lóbulo temporal, que están más involucradas en la consolidación.”

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Tipos

La memoria de corto plazo está conformada por lo que aprendemos y podemos ejecutar inmediatamente, y mediante el proceso de afianzamiento puede formarse la de largo plazo.

Por lo que se refiere a los tipos de ésta, se encuentran las declarativas o explícitas, y las no declarativas o implícitas. Las primeras son aquellas que verbalizamos y que nos permiten decir dónde vivimos, cuál es nuestro número telefónico, con quién nos reunimos ayer.

Las segundas son las que no verbalizamos, pero sí ejecutamos porque forman parte del repertorio de nuestra memoria motora; nos posibilitan responder ante ciertas situaciones sin haber pasado por un proceso de declaración de la memoria, esto es, caminar, subir unas escaleras o andar en bicicleta.

“Los problemas que tuvo H M con la consolidación de la información tenían que ver exclusivamente con las declarativas. Si él aprendía algo manual o de memoria motora, no tenía ningún problema y lo hacía”, relató.

Durante el envejecimiento se presentan, entre otros, problemas vasculares y metabólicos que actúan en detrimento de todos los órganos y, en particular, del cerebro.

“Aunado a lo anterior, mis colaboradores y yo hemos encontrado en un modelo animal de laboratorio que la acumulación de las proteínas beta-amiloide y tau en el cerebro ocasiona una disminución de las fibras que liberan los neurotransmisores conocidos como catecolaminas, uno de ellos, la dopamina, está muy ligado al proceso de cognición, por lo que los individuos comienzan a perder la memoria, es decir, a padecer la enfermedad de Alzheimer”, concluyó el investigador universitario.