Logro de Guillermo Bernal Romero, de Estudios Mayas

Descifrado, jeroglífico de la tumba del rey Pakal

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La Casa de las Nueve Lanzas Afiladas, nombre de la cámara funeraria

Laura Romero, 15 de junio de 2015

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Durante décadas, un enigmático, importante y elusivo glifo maya, conocido como T514, calló su significado; presente en el nombre de la tumba del gobernante palencano Pakal y en numerosas inscripciones que relatan guerras, invasiones a ciudades, capturas y sacrificios de prisioneros, entre otros temas bélicos, intrigó a los especialistas de todo el mundo en el desciframiento de la escritura maya.

Exactamente a 63 años de haber sido descubierta la cámara funeraria más imponente y espectacular de la América precolombina, el 15 de junio de 1952, y con el trabajo de Guillermo Bernal Romero, del Centro de Estudios Mayas (CEM) del Instituto de Investigaciones Filológicas, quien descifró el glifo yej: filo, ha sido posible leer, por primera vez, íntegramente y en su lengua original, el nombre de la tumba.

En el Templo de las Inscripciones, donde se ubica la cámara funeraria hallada por el arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier, se lee: b’olon yej te’ naah u k’ab’a’ u mukil k’inich jan[aahb’] pakal k’uh[ul] b’aakal ajaw, es decir, “La Casa de las Nueve Lanzas Afiladas es el nombre de la tumba de K’inich Janaahb’ Pakal, Sagrado Gobernante de Palenque”. El misterio ha sido aclarado.

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En las fauces del jaguar

Antes del logro epigráfico de Guillermo Bernal, T514 no tenía lectura. Era un glifo con una clave en el catálogo del mayista inglés Eric Thompson, que había causado grandes dolores de cabeza a los especialistas, quienes a pesar de no haberlo podido interpretar, conocían su importancia y su relación con contextos bélicos.

“Se ensayaron varias lecturas; se dijo que podía significar algo así como el trabajo de algún gobernante o guerrero, o el acompañante, pero ninguna de ellas fue convincente. Era un glifo que en realidad no estaba descifrado, aunque se sabía que a veces tiene un complemento fonético al principio y otro al final: ye-YEJ-je”, relató el universitario.

Como sus colegas, él lo venía rastreando desde hace tiempo. “A veces a la gente le parece increíble que los jeroglíficos mayas puedan ser decodificados; no es tan complicado si se siguen las pistas correctas y se aplica el método probado de desciframiento”.

Llegar a comprender el significado de T514, yej: filo, fue el resultado de una búsqueda sistemática con otras líneas de investigación. “Al estudiar otros aspectos del jaguar, animal sagrado para los mayas, revisé varios cráneos; al ver el molar superior, llamado diente carnicero, me dio la impresión de que su forma la había visto en alguna parte, en un glifo”.

En la memoria, algo le decía a Guillermo Bernal que esa pieza, con tres puntas y una forma lobulada, con una especie de ondulación en la parte de arriba, se parecía a un glifo. No se equivocó: la forma básica del misterioso logograma, en efecto, refleja al temible molar del jaguar, que para los mayas fue un referente adecuado para expresar la palabra yej: filo. Al unir los glifos yej y te’, lanza, los mayas formaron la expresión yej te’, lanza afilada, que generalmente aparece en su escritura.

El significado de T514 estaba escondido en las fauces del jaguar. “Una vez reconocida la pieza dental, empecé a ensayar lecturas y vi el patrón: los glifos que expresan una palabra, o logogramas, utilizan algún elemento que tiene relación con el significado; para expresar el término filo, el elemento más oportuno, más relevante y apropiado era justamente un diente de jaguar. Los molares y premolares del animal son tan fuertes que además tienen un efecto de tijera y pueden quebrar los huesos más gruesos de la presa”.

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Lanzas afiladas en el mundo maya

La Casa de las Nueve Lanzas Afiladas, B’olon Yej Te’ Naah, es un nombre relacionado con los nueve guerreros que fueron representados en los muros de la cámara mortuoria de Pakal el Grande. Es una denominación que glorifica la guerra como factor clave del poderío de Palenque y, particularmente, de las victorias que sobre otros señoríos vecinos logró el propio gobernante durante su reinado.

El número nueve, expuso el epigrafista, se relaciona con la guerra y el inframundo; era el número de estratos del mundo subterráneo. “De hecho, el Templo de las Inscripciones tiene nueve cuerpos. El nombre de la tumba está en esa misma línea de significados y con seguridad fue elegido por el propio Pakal”.

El desciframiento del glifo yej tiene más implicaciones que permiten interpretar textos que eran incomprensibles o que no se entendían bien: guerras, capturas, nombres de casas, de dioses o de patronos de la guerra, provenientes no sólo de Palenque, sino también de Toniná, Piedras Negras, Dos Pilas, Yaxchilán y Dzibanché, entre otros sitios.

La escalera jeroglífica de Palenque registra que en el año 659 dC fueron capturados varios jerarcas de las ciudades de Santa Elena y Pomoná, Tabasco, “por las lanzas afiladas del dios B’olon Yookte’ (deidad patrona de la guerra) y de K’inich Janaahb’ Pakal, acreditando la victoria a ambos, como resultado de un esfuerzo conjunto, humano y divino”.

Bernal Romero considera fascinante esta información, pues confirma que las guerras mayas tenían una naturaleza sagrada y que los esfuerzos humanos podían ser vanos si no contaban con el favor de las deidades. Varios años después, en 687, K’inich Kan B’ahlam, hijo y heredero de Pakal, invadió y conquistó la ciudad de Toniná. De acuerdo con una inscripción, esa victoria fue lograda por las lanzas afiladas de ese gobernante y de Wak Mihnal B’ahlam Ch’aaj Il Sib’ik, otra deidad guerrera.

Del lado de los oponentes, K’inich B’aakanal Chaahk, gobernante de Toniná, emprendió una campaña contra Palenque (en venganza por la invasión palencana de aquel año) a la que llamó b’olon yej te’ tz’on, o el arrojamiento de las nueve lanzas afiladas.

“Toda esa información nos quita definitivamente la idea de una civilización maya pacífica y filosófica, entregada al culto y la oración. Las escenas lo dicen y cuanto mejor leemos los textos, entendemos más, no sólo de la existencia de las guerras sino además de una filosofía bélica, de una actividad sacralizada, sistemática y constante, vinculada con los dioses.”

Los mayas fueron ambiciosos, como todas las grandes culturas del mundo antiguo: chinos, romanos, asirios o egipcios. Peleaban todo el tiempo, señaló el especialista, también descubridor del ciclo de 63 días en el calendario maya.

De igual manera, la expresión está presente en títulos guerreros, como el yajaw yej te’, vasallo de la lanza afilada, que empleó el gobernante palencano K’inich Ahkal Mo’ Naahb’, nieto de Pakal.

El anuncio de este hallazgo se hace no sólo en el aniversario 63 del descubrimiento de la tumba de Pakal, sino además de la fundación del Centro de Estudios Mayas, el 15 de junio de 1970, a cargo de Alberto Ruz, arqueólogo francés naturalizado mexicano. “El doble festejo es una ocasión significativa para nuestra entidad universitaria, y para celebrarla no hay nada mejor que una buena noticia académica, en la que se da a conocer el nombre original del recinto funerario más monumental de la antigua civilización maya”, finalizó.

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Alberto Ruz fue el descubridor de la tumba, 63 años atrás; y, además, fundador del CEM.