Coloquio internacional

La universidad pública, patrimonio de la sociedad

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Análisis de las tendencias contemporáneas de la educación superior

Michel Olguín / Guadalupe Lugo / Raúl Correa / René Tijerino / Leticia Olvera, 24 de agosto de 2015

En el siglo XXI las universidades son indispensables para la sociedad y el Estado; de ahí las interrogantes de hacia dónde se dirigen y qué instituciones deseamos. Para hacer una reflexión al respecto, investigadores y responsables de la conducción de esas entidades, provenientes de diversas partes del mundo, se reunieron en el Coloquio Internacional ¿Hacia dónde Va la Universidad en el Siglo XXI?

En el acto, organizado por el Seminario de Educación Superior de la UNAM, Ennio Vivaldi Véjar, rector de la Universidad de Chile, resaltó que la educación pública compete a la colectividad. “No debe ser preocupación exclusiva de determinado grupo político, de izquierda o de derecha, sino un patrimonio de la sociedad”.

En la sesión ¿Hacia dónde Va la Universidad Pública en América Latina?, moderada por Héctor Hernández Bringas, coordinador de Planeación, Presupuestación y Evaluación de la UNAM, Marco Antonio Zago, rector de la Universidad de São Paulo, Brasil, consideró que en el mundo actual estos centros educativos están aislados. Llegarán a ser más relevantes en la medida que se conecten entre sí; no hay que pensar en una o unas cuantas de gran tamaño, sino en una red en todo el mundo.

De acuerdo con esa perspectiva, la cooperación reemplaza la competencia como el modelo para la relación entre las universidades, aseveró en el Auditorio Jorge Carpizo de la Coordinación de Humanidades.

A su vez, Alberto Edgardo Barbieri, rector de la Universidad de Buenos Aires, Argentina, expuso que el cambio vertiginoso que ocurre en los nuevos paradigmas del conocimiento, es decir, la innovación tecnológica, impacta en el ámbito colectivo a un ritmo que las ciencias sociales no pueden seguir para determinar de qué manera las organizaciones se adaptan a tales modificaciones, que por primera vez inciden en forma instantánea en el quehacer cultural, social y económico de la población.

Esa realidad no es ajena a las casas de estudio. Los cambios en los modelos del conocimiento constituyen una de las cuestiones centrales que deben abordarse desde las instituciones.

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Retos actuales

En la mesa Tendencias Contemporáneas de la Educación Superior en el Mundo, moderada por Manuel Perló Cohen, del Instituto de Investigaciones Sociales, Carlos Alberto Torres, de la Universidad de California en Los Ángeles, habló sobre las casas de estudios globales y nacionales.

Las primeras se caracterizan por tener un aprendizaje e investigación internacional, además de contar con un servicio y compromiso al mismo nivel. En tanto las segundas, regularmente poseen escasos recursos y no son competitivas en el mundo. Cuentan con una limitada producción de investigación y patentes; además, sus profesores son de tiempo parcial.

Helgio Trindade, de la Universidad Federal de Río Grande de Brasil, explicó que uno de los desafíos actuales de una escuela superior es la lucha por la construcción de una enseñanza pública, democratizada y comprometida con un proyecto de nación.

Hoy en día, se trata no sólo de un derecho social y bien público, sino también una garantía humana; una nueva forma de enfrentar la desigualdad.

En tanto, Roberto Rodríguez Gómez, del Instituto de Investigaciones Sociales, indicó que en años recientes en el planeta se ha duplicado la matrícula universitaria, de acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Actualmente, más de 50 países han superado la barrera de 50 por ciento de cobertura bruta en educación superior. La mayor parte del grupo incluye territorios de la Unión Europea y algunos con economías consolidadas, aunque hay varios de desarrollo intermedio. En América Latina destacan Argentina, Venezuela, Uruguay y Cuba.

Dimensiones políticas del cambio

En la mesa Dimensiones Políticas del Cambio Universitario, Adrián Acosta Silva, de la Universidad de Guadalajara, hizo un análisis sociológico y político de esas entidades en un contexto académico. Los intereses para que la universidad pública sea mejor en el siglo XXI pueden ser legítimos y variados, por fortalecer la autonomía de la vida académica o por buscar nuevas formas de coordinación entre áreas y disciplinas del conocimiento.

Brian Pusser, de la Universidad de Virginia, se refirió a la importancia de la relación universidad, Estado, sociedad civil y mercado, así como de lo cambiante y confuso que puede ser en cada momento. “Junto con el papel del Estado y la política de la educación superior, necesitamos considerar el de la sociedad civil”.

El estudio académico de la educación superior y sus políticas, así como sus relaciones con la colectividad, han sido eclipsados por el enfoque de mercado de la universidad. Entre lo político, el discurso y la acción hay una tensión entre el Estado y sociedad civil, así como con el mercado. Desde los años 60, no ha habido ningún contraste tan claro entre sus enfoques, remarcó.

Imanol Ordorika Sacristán, director general de Evaluación Institucional e integrante del Instituto de Investigaciones Económicas, afirmó que la universidad debe transformarse y reconocer su “politicidad”. Ése es el gran cambio para la del siglo XXI.

Su futuro tendría que construirse sobre la lógica de un nuevo paradigma que plantee su repolitización, la reivindicación de su naturaleza en ese aspecto, proceso en que tienen cabida corrientes de pensamiento, intereses, grupos, perspectivas de desarrollo nacional y de la universidad que, necesariamente, deben tener la posibilidad de expresarse y de estar representadas en la toma de decisiones, propuso.

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Organización y transformación

En la mesa Organización Universitaria y Transformación Institucional, moderada por Javier Mendoza Rojas, del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE), Romualdo López Zárate, rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Unidad Azcapotzalco, habló de la autonomía. “Es preciso recuperarla, pues parece que ésta se encoge y acota. Debemos ejercerla con las incertidumbres que tradicional e históricamente se presentan. Rescatar esta facultad permite responder a las expectativas depositadas en nosotros por la sociedad”.

En los albores de este siglo los países de la Comunidad Económica Europea propusieron recuperarla y aminorar la injerencia del Estado para que las universidades cumplan sus labores sociales, económicas y culturales. Por ello, el académico recomendó reflexionar sobre estos planteamientos para dar lustre a la responsabilidad encomendada.

Wietse de Vries, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, aseguró que las instituciones educativas sólo cambiarán si hay presión externa mediante políticas públicas. “La UNAM ha sido excluida de estas últimas y, sin embargo, se mantiene como la mejor; de hecho, aunque las públicas estatales recibamos mucho dinero, nunca la alcanzaremos”, sostuvo.

Claudio Rama Vitale, de la Universidad de la Empresa, de Montevideo, Uruguay, dijo que las demandas internas y externas sobre las instituciones plantea la irrupción de nuevas formas de gobernanza. Lo anterior se debe a que las maneras tradicionales de gestión y organización no son adecuadas para responder a los nuevos desafíos y chocan contra los contextos actuales, más competitivos y eficientes.

El aumento de universidades en el continente implica cambios de cantidad, derivados en modificaciones de cualidad y gobernanza. Esta masificación se expresa en nuevos estudiantes, diferenciación institucional y disciplinaria, creación de facultades, escuelas y departamentos, y el incremento de la planta física y de los campus.

Investigación educativa

Al tratar las dificultades y retos desde la perspectiva teórica y metodológica en el terreno de la investigación en educación superior, Susana García, del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas, planteó tres desafíos prioritarios: el primero es la necesidad de recuperar la autonomía de las instituciones de educación superior, es decir, “restituir la capacidad de decidir tiempos y formas más convenientes para nuestro trabajo de producción y transmisión del conocimiento”.

En segundo término, la necesidad de tomar distancias de las agendas de investigación oficiales y, por último, atender la exigencia de reflexionar en forma colegiada sobre la ausencia de autocrítica y de organización gremial dentro de nuestro campo de investigación.

En la mesa La Investigación sobre Educación Superior, moderada por Armando Alcántara, del IISUE, Alejandro Canales, de esa entidad, indicó que “la idea de universidad ha permeado como referente en el terreno de la indagación sobre educación superior, lo que ha opacado a otras instituciones que no tienen la misma atracción hacia esta área, por ejemplo, los técnicos superiores, los estudios de posgrado y las escuelas normales”.

Para Rocío Grediaga, de la UAM Azcapotzalco, una de las preocupaciones centrales es la falta del trabajo más colegiado. Es decir, “informarnos en mayor medida sobre lo que nuestros colegas producen y tratar de utilizarlo para la discusión de los problemas que nos ocupan”.

Alejandro Márquez, también del IISUE, aseveró que la investigación educativa está entrampada; en lugar de ser propositiva, una alta proporción de tesis e investigaciones percibe a una universidad en peligro, asediada por la globalización, la sociedad del conocimiento, nuevas tecnologías, políticas neoliberales y su aplicación en el sector educativo.

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Evaluación universitaria

Al participar en la mesa redonda La Evaluación Universitaria, Presente y Futuro, moderada por Judith Zubieta García, coordinadora de Universidad Abierta y Educación a Distancia de la UNAM, Estela Bensimon, de la Universidad del Sur de California, señaló que, en el rubro educativo, palabras como evaluar se emplean para excluir en el ámbito docente o para decidir si un estudiante es apto para tomar ciertos cursos o ingresar a la formación superior.

Por su parte, Jussi Välimaa, catedrático de la Universidad de Jyväskylä, Finlandia, afirmó que las sociedades actuales del conocimiento se encuentran en red y que las universidades, al estar al centro de ésta, ya no son sitios elitistas de construcción del conocimiento como antaño, sino ejes de desarrollo social.

Para Humberto Muñoz García, profesor emérito de esta casa de estudios, para avanzar académicamente hace falta hacer valoraciones y ponderaciones más allá de la inmediatez política. “Es necesario este proceso, pues nuestras entidades deben ser las unidades de análisis; ellas son las responsables de satisfacer los criterios e indicadores aceptados por consenso”.

Mario Rueda Beltrán, director del IISUE, dijo que en los mecanismos de evaluación actuales hay una retroalimentación limitada. “Si no somos nosotros los que la usamos para perfeccionarnos, difícilmente avanzaremos en la construcción de sociedades mejores”.