Día Mundial de la Trombosis

Investigan trombosis venosa en viajeros

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Afecta a usuarios de aviones que vuelan constantemente o padecen enfermedades cardiovasculares

Laura Romero, 12 de octubre de 2015

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La Clínica del Viajero de la Facultad de Medicina, con sede en la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), efectúa la primera investigación en un país en vías de desarrollo, y una de las pocas a escala mundial, en torno a la trombosis venosa del viajero, una complicación de salud que ocurre por la permanencia en un ambiente de cabina por más de cuatro horas.

El aire seco y frío de un avión, que deshidrata las mucosas respiratorias, y la posición de las piernas en un asiento de espacio limitado que impide la movilidad, propician que el retorno venoso, desde las piernas al corazón, se vea disminuido.

En personas con factores de riesgo adicionales, como enfermedades cardiovasculares, edad y cierta estatura, podría activarse la cascada de coagulación, es decir, la generación de coágulos que después se desprenden, generan émbolos que van por el sistema circulatorio y condicionan problemas de hinchazón de piernas y trombosis que pueden llevar, incluso, a una tromboembolia pulmonar fatal, explicó Jorge Baruch Díaz Ramírez, responsable de la Clínica.

Factores de riesgo

Como parte del Día Mundial de la Trombosis, que se conmemora este 13 de octubre, el experto detalló que la deshidratación aumenta si la persona consume café o bebidas alcohólicas durante el viaje. Además, la misma posición de las piernas genera circulación lenta y la flexión de las rodillas impide un buen retorno de la sangre. Esto se agudiza en quienes miden más de 1.85 o menos de 1.65 metros, porque las primeras llevan las piernas excesivamente flexionadas y, las segundas, colgando.

A tales factores se suman la edad (a partir de 40 años y sobre todo mayores de 60), tabaquismo, hipertensión, diabetes, problemas con triglicéridos, embarazo y vuelos frecuentes; es decir, quienes visitan cuatro destinos en un solo viaje en menos de dos semanas.

El universitario explicó que es difícil dar seguimiento a esa enfermedad porque no se presenta en el momento. “La mayor parte de los casos se registra de tres a cuatro semanas después de haber hecho el vuelo; además, la comunidad médica no está acostumbrada a incluir en las historias clínicas la pregunta de si hizo algún viaje reciente”.

El estudio comenzó luego de que las autoridades aeroportuarias lo autorizaran. La muestra para esta investigación fue de 600 personas, 70 por ciento (422) mexicanos y 57 por ciento mujeres, cuyos destinos eran Madrid (más de ocho horas de vuelo) y Lima (más de cinco).

Se aplicó a individuos de más de 40 años en la sala de última espera. Médicos y personal de enfermería debidamente identificados explicaron su objetivo. Los pasajeros firmaron su aviso de privacidad y con un folio pudieron consultar los avances de la investigación por Internet; recibieron un folleto con ejercicios o medidas para prevenir el riesgo.

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Los resultados

La población de estudio se dividió entre mayores y menores de 60 años. Entre 15 y 30 por ciento de los viajeros tiene problemas de dislipidemias (concentraciones anormales de grasas en sangre); 19 por ciento padece tabaquismo; 30 por ciento varices en las piernas; dos por ciento cáncer; cinco por ciento tuvieron alguna cirugía en los últimos tres meses, y 20 por ciento es obeso.

Para el estudio, el propósito del viaje es importante porque la población que más se enferma es la que visita a familiares y amigos; en segundo lugar, la que se moviliza por negocios, y al último, la que lo hace por placer. Dentro de la muestra, 14 por ciento visita a familiares y amigos; 12 se traslada por motivos de trabajo, y la mayoría, 67 por ciento, por placer. Es viajero frecuente 17 por ciento.

En cuanto a cómo perciben los pasajeros a la trombosis, sólo nueve por ciento la considera de alto riesgo al viajar; 28 cree que es moderado y 60 por ciento piensa que es bajo. Así se demuestra la falta de conocimiento del tema. Por ejemplo, la mitad de los viajeros no sabía que hay esta complicación durante el vuelo y nunca había escuchado hablar de ella; sólo nueve por ciento fue al médico por motivo de su traslado y de ese porcentaje, 85 por ciento de los casos no obtuvieron información ni medidas preventivas por parte de sus médicos. Aún más, 60 por ciento desconoce los factores de riesgo.

La prevalencia de hipertensión y diabetes es menor o está más controlada en la población viajera que en la general, porque 78 por ciento tiene estudios de licenciatura y posgrado, lo que “podría asociarse con una mejor calidad de vida”.

Una vez recabada la información y concluido el análisis de los datos, se planean alianzas con las aerolíneas, “que nunca se han hecho”, para instrumentar una campaña de prevención.