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Palabras del doctor Enrique Luis Graue Wiechers con motivo de su toma de protesta como rector de la Universidad Nacional Autónoma de México para el periodo 2015-2019

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19 de noviembre de 2015

Honorables miembros de la Junta de Gobierno y del Patronato de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Señores ex rectores, doctores Honoris Causa y profesores eméritos, consejeros universitarios que nos acompañan.

Señores secretarios generales y representantes de nuestras agrupaciones gremiales, compañeros universitarios y distinguidos invitados a esta sesión extraordinaria.

La Universidad que hoy recibo es el resultado de una larga historia de esfuerzos realizados por los universitarios; es un legado de imaginación y de esperanzas; de defensa de los valores humanos y de la búsqueda constante de la libertad; de dedicación al trabajo académico y de la aspiración de un México mejor.

En todo este tiempo los universitarios hemos empeñado nuestro espíritu y quehaceres para procurar una nación educada y sin desigualdades; una sociedad justa y democrática, y una comunidad universitaria con libertad de expresión y diversidad ideológica.

Los universitarios soñamos con una raza próspera y educada, y con su espíritu a la vanguardia de las naciones.

Por sostener y defender estos principios, hemos sufrido en nuestro tiempo lamentables desencuentros, pero la entelequia que perseguimos nos ha llevado a afirmar y confirmar nuestra identidad. Somos la Universidad Nacional Autónoma de México.

La UNAM es orgullosamente pública, laica, plural e indeclinablemente autónoma e identificada con los problemas de México como nación. Porque somos de México y para México. Nos debemos a él y nos identificamos con él.

Educar es nuestra principal misión. Educar sin distingo de ideologías, preferencias o condiciones socioeconómicas. Formar a todos aquellos jóvenes que por sus características académicas se hayan ganado el derecho de ser universitarios. Y nuestra obligación es hacerlo en las mejores condiciones y egresar a nuestros estudiantes competentes y capaces de reformar a la sociedad. Queremos también egresados reflexivos, creativos, innovadores, con compromiso social e inquebrantables en su ética profesional.

Otra de nuestras razones fundacionales es la de investigar con libertad. Profundizar en el conocimiento, y aportar respuestas a las preguntas que plantean las distintas disciplinas, es colaborar con el saber mundial y aspirar a un mundo mejor y a un México más próspero e innovador.

También se nos encomendó difundir la cultura, aquella que nos conecta con el mundo y compartir y cultivar nuestras riquísimas expresiones culturales que nos en orgullecen y nos dan identidad como nación. En todo ello nos hemos esforzado y lo hemos hecho muy bien. De hecho, muy bien.

Con esta identidad y con la claridad de nuestras funciones sustantivas, hoy recibo la responsabilidad de conducir a la mejor institución de educación superior en México: la más reconocida; la principal forjadora de recursos humanos; la generadora de la mayor parte de la investigación del país; aquella que resguarda áreas específicas de interés nacional que requieren de nuestra inteligencia, y la depositaria, gracias a su diversidad y calidad académicas, de la conciencia crítica y propositiva de los problemas que aquejan a nuestra nación.

Son múltiples los logros conseguidos en estos últimos años. Hemos crecido en oferta educativa, matrícula, productos de investigación, presencia nacional e internacional, presupuesto y gestión administrativas.

Todos le reconocemos al doctor José Narro Robles la energía, pasión y espléndido liderazgo con el que condujo a nuestra casa de estudios. Gracias a él, la Universidad es más grande y prestigiada; es más fuerte y autónoma, y es más nacional y mexicana. Muchas gracias rector Narro por estos años de inagotable y fértil actividad.

Pero nada en el entorno social es estático y la Universidad debe ser y es reflejo de los aconteceres y saberes del mundo y, por ello, los nuevos conocimientos e interrogantes provocan que nuestras tareas sean siempre inacabadas y en permanente evolución. No podemos, por lo tanto, ser autocomplacientes.

La UNAM debe seguir mejorando su calidad y consolidándose. Debemos siempre aspirar a la excelencia. La tradición y la fuerza de nuestras inercias no son suficientes para responder a las necesidades de una sociedad que se reconfigura constantemente. La sociedad actual demanda una Universidad conectada con el mundo exterior.

México requiere que nuestros egresados –más allá de su calidad académica– sepan lo que deben saber, hagan lo que deban saber hacer, y que las tareas que emprendan en su vida profesional las realicen con acierto, ética y compromiso social. Formarlos integralmente es nuestro objetivo y en ello habrá que seguir insistiendo.

La Universidad y sus alumnos, que estudian en nuestras entidades, propiciaremos que centren sus esfuerzos en el aprendizaje; que empleen nuevas y modernas técnicas didácticas; que se actualicen planes y programas de estudios y que sus contenidos sean pertinentes y atractivos.

Hacer realidad estas aspiraciones corresponde a los distintos cuerpos colegiados con los que cuenta nuestra Universidad. Quiero a ellos asegurarles que en la Rectoría tendrán siempre un aliado que hará todo lo necesario para que este trabajo rinda sus mejores frutos.

Mucho hemos avanzado en la renovación de instalaciones y en elementos tecnológicos. Me comprometo a encabezar un esfuerzo adicional para que ocurra una revolución en la utilización de las tecnologías de la información en nuestra Universidad.

El uso de ellas debe impactar en todas nuestras funciones sustantivas. Deben mezclarse con la educación escolarizada y ser un instrumento para que nuestros estudiantes busquen y adquieran información; que se apoyen en ellas para mantenerse al día en el torrente de conocimientos a los que se enfrentarán y que, seguramente, requerirán de inéditas destrezas de adaptación y de innovación.

En la administración, estas tecnologías nos permitirán ser más eficientes y con ello desconcentrar funciones. Estoy consciente de que habrá que desatar nudos y adecuar normatividades para conseguirlo, pero también tengo la convicción de que el Patronato de nuestra Universidad pondrá toda su voluntad y esfuerzo en que sí lo podemos hacer.

La investigación deberá continuar su trayectoria ascendente. A los subsistemas de la Investigación Científica, y de Humanidades y de Ciencias Sociales, les debo expresar que la Universidad está orgullosa de los logros obtenidos y que pondremos todo lo que esté de nuestra parte para procurar nuevos recursos que la fortalezcan.

Asimismo, estimularemos la participación en redes de investigación para propiciar la colaboración interdisciplinaria enfocada a la resolución de problemas complejos que afectan el bienestar de la sociedad.

Por supuesto que el progreso y crecimiento dependen de un presupuesto justo y suficiente. La inversión en educación superior está muy por debajo de los promedios internacionales y aunque nuestro incremento presupuestal en términos reales este año es marginal y no decreció, habrá que hacer esfuerzos y ahorros necesarios para que los recursos que se nos asignaron rindan sus mejores frutos.

Aprovecho esta ocasión para expresar nuestra solidaridad a las instituciones públicas hermanas que sufrieron decrementos presupuestales, y decirles que la UNAM siempre estará con ellas en la búsqueda de un mejor financiamiento para la educación pública superior.

La inseguridad, en sus distintas manifestaciones, campea en el país. Sería de extrañar que en nuestra casa de estudios, que es y seguirá siendo un espacio abierto, no existieran problemas de esta índole.

Debemos reconocerlo, identificarlo, para poder mejorar, pero también es justo señalarlo: las acciones emprendidas por la administración que concluye han comenzado a rendir resultados y en los pasados meses todos los índices delictivos que se cometen en nuestros campus han disminuido.

No contamos con una fuerza coercitiva y no la tendremos. Se continuará con la misma política de disuasión y se fortalecerá la cultura de denuncia temprana para la reacción oportuna de nuestros cuerpos de vigilancia.

Mantendremos la prudencia universitaria y haremos lo conducente para mejorar nuestra seguridad. Pero debe quedar claro: la autonomía no significa impunidad.

En la Universidad, el respeto a las diferencias ideológicas es un valor fundamental. Disentir es un privilegio de la razón y de la inteligencia, hacerlo con violencia e intolerancia es inaceptable en una casa en donde se cultiva el saber, se estimula la pluralidad y se respeta la diversidad.

De la expresión de la inconformidad a la manifestación violenta hay fronteras que pueden llegar a cruzarse y resultar en actos injustificados y reprobables. En la Universidad no puede, ni debe, haber cabida para ello.

Una función ineludible de la Rectoría es proteger a la comunidad. Los universitarios debemos trabajar en nuestros distintos campus, seguros y en libertad. Pondré todo mi empeño en que así suceda.

Para administrarnos y realizar mejor nuestras funciones, se realizarán algunas modificaciones a nuestra estructura organizacional; cuidaré que al hacerlo, mejore la eficiencia y procuraré que se reduzca, en alguna medida, el gasto por concepto de gestión.

La Universidad debe seguir rejuveneciéndose, no sólo en su planta académica y en su ánimo, sino también en las autoridades que cumplen la función de administrarla.

Para ello, he invitado a colaborar conmigo a un grupo de académicos, jóvenes y maduros, a quienes he visto actuar con acierto, con ánimo de renovación, con valor y con compromiso universitarios. En ellos me apoyaré en mi trayecto durante la Rectoría. En los siguientes días daré a conocer nombres y encargos.

Un país sin educación no tiene futuro; una nación con insuficiente educación tendrá un triste e incierto futuro. México no puede tener incertidumbres: requiere que seamos la mejor universidad. Por eso se afirma que si a la Universidad le va bien le irá bien a México. La Universidad tiene que seguir pasando por etapas de crecimiento y nos tiene que ir muy bien, hagamos esto juntos para que sea realidad.

A los estudiantes les pido un empeño adicional; a nuestros académicos, un esfuerzo renovado; a nuestros trabajadores administrativos, un ánimo de servicio y de solidaridad y a las autoridades académico-administrativas, su esmerada atención y dedicación en sus labores.

Universitarios:

Al rendir protesta como Rector de nuestra casa de estudios y siendo la distinción más grande a la que haya podido aspirar, es también una emoción que es difícil de describir. Me embarga un sentimiento de un inmenso compromiso y de una gran responsabilidad.

La vida ha sido muy generosa conmigo: me dio padres ejemplares a quienes querer y admirar; una mujer que me deslumbra y a quien amar; una familia de quien enorgullecerme; una educación privilegiada pública; una profesión que me ha permitido servir a los demás, y una Universidad a quien entregarme y dedicarme con toda intensidad, ilusión, compromiso y pasión. Así lo haré y a ello me comprometo.

Por mi raza hablará el espíritu.