Homenaje de la UNAM al emérito

Miguel León-Portilla, académico ejemplar, humanista multifacético

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Representa lo mejor de los valores universitarios; icono de esta casa de estudios

Laura Romero y Leonardo Frías, 25 de enero de 2016

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Fotos: Benjamín Chaires, Víctor Hugo Sánchez
y Juan Antonio López.

Cercano a su séptimo tlalpilli (ciclo o periodo de 13 años), el tlamatinime (hombre sabio), Miguel León-Portilla fue homenajeado por sus 90 febreros y seis décadas de vida académica en el Instituto de Investigaciones Históricas (IIH).

El investigador tiene en su halo referencial académico varios centenarios de historia y horizontalidad hacia los pobladores originales de esta tierra. Y aunque hace algunas semanas Mictlantecuhtli lo nombró y enfermó de pulmonía, como aquellos presagios funestos de Visión de los vencidos, León-Portilla se rió del aullido del xoloitzcuintle y acudió lúcido al homenaje en su 90 aniversario.

Él, León-Portilla, es un sabio, tal y como lo entendían los antiguos nahuas; una luz, una gruesa tea que no ahúma, un espejo horadado, agujereado por ambos lados. Suya es la tinta negra y roja; de él son los códices.

Con esas palabras, en el día de su cumpleaños 90, dio comienzo el homenaje que la Universidad Nacional rindió al investigador emérito y afamado historiador, en ceremonia encabezada por el rector Enrique Graue Wiechers.

“Hay quienes, por su impacto en México y en el mundo, representan lo mejor de los valores universitarios. Tal es el caso de León-Portilla, quien ha sido un académico ejemplar, humanista multifacético, escritor prolijo, redentor de nuestros orígenes, apasionado de nuestra cultura y lenguas autóctonas, maestro de generaciones, historiador de historiadores, ciudadano y hombre excepcional”, dijo el rector.

En el Teatro Juan Ruiz de Alarcón del Centro Cultural Universitario, expuso que “a todos nos fortaleció la visión histórica de una pluralidad étnica que jamás será vencida. Por ello, su Universidad, que ha sido y seguirá siendo siempre su casa, le rinde este homenaje”.

Ante integrantes de la Junta de Gobierno, exrectores, autoridades universitarias, familiares y amigos del homenajeado, Graue Wiechers añadió: “Estamos aquí para congratularnos de su existencia, y de que ésta haya estado íntimamente ligada a la Universidad Nacional. Usted es uno de los iconos universitarios más conocidos y reconocidos; le ha dado lustre y vida a nuestro lema, y a la Universidad, el reconocimiento internacional. Por ello, le agradecemos ser quien es, le apreciamos su sencillez y genuina alegría, su generosidad con el saber y, en mi caso, su amistad sincera. Que por nuestra raza siga hablando su espíritu por muchos años más”.

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En su oportunidad, el homenajeado recalcó que en la Universidad ha tenido parte sustancial de su formación intelectual y maestros excepcionales, como Ángel María Garibay, Justino Fernández y Juan Hernández Luna.

“Mi vida ha sido muy feliz; estoy en paz con ella, ha sido generosa conmigo, y al pensar en ello, pienso en Dios”, enfatizó. Luego de recordar a sus padres, reconocer a su esposa, Ascensión Hernández Triviño, y a su hija y nietos, mencionó a sus alumnos (muchos de ellos indígenas) y colegas.

“He tenido muchas cosas que hacer en la vida; fui director del Instituto Indigenista Interamericano, recorrí casi todo el continente, visité a varios jefes de Estado, tuve experiencias en la selva amazónica. La vida ha sido una serie de novedades para mí”, relató.

En una breve intervención, llena de anécdotas, León-Portilla rememoró que hace dos años la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos le otorgó el título de Living Legend, y que en el Seminario de Cultura Náhuatl ha tenido alumnos de México, países europeos y, actualmente, de Japón, Corea y China; su Visión de los vencidos se traduce actualmente al chino.

Ana Carolina Ibarra González, directora del IIH, señaló que para esa entidad es motivo de orgullo ser la casa del emérito, el lugar desde donde transmite su sabiduría y enseñanzas. Ahí ha escrito y publicado la mayor parte de su obra; ahí fundó hace más de 50 años la revista Estudios de Cultura Náhuatl e imparte un seminario al que han concurrido generaciones de alumnos por más de cinco décadas.

La titular del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), María Teresa Franco y González Salas, expresó que una de las características centrales en el temperamento de León-Portilla es la sed de conocimiento, el ingobernable deseo de entender y dar a entender, el júbilo de una inteligencia profunda y siempre llena de humor, cuando no de ironía, y siempre abierta a nuevos proyectos y realizaciones.

En tanto, Andrés Lira, director de la Academia Mexicana de la Historia, indicó que el homenajeado ingresó a esa agrupación como titular del sillón XVII en junio de 1970. Su discurso sobre el significado de Mesoamérica en la historia universal muestra el propósito de una obra que sigue fructificando. Ahí nos beneficiamos de la entrega como investigador, expositor, impulsor y guía del cuerpo del que fue director de 1996 a 2003, del actual académico emérito.

Jaime Labastida, director de la Academia Mexicana de la Lengua (dentro de la cual León-Portilla fue elegido individuo de número, en octubre de 1961, para ocupar la silla séptima, a los escasos 35 años de edad), consideró que se trata del intelectual mexicano más reconocido en el mundo. “Él ha puesto ante nuestros ojos, azorados, todo un continente cultural; es un arqueólogo del pensamiento y la palabra”.

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Con Ascensión Hernández Triviño, su esposa.


Historiador, nahuatlato, filósofo y arqueólogo

En el Teatro Juan Ruiz de Alarcón, Miguel León-Portilla se ubicó en la primera fila para escuchar a una decena de académicos y especialistas que desglosaron sus diferentes facetas, agrupados en dos mesas o sesiones.


El arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma se refirió a él en segunda persona y remarcó sus aportes. “Supiste darle la palabra a quien le había sido arrebatada e hiciste tuya la frase del vencido; cambiaste la perspectiva de América, por lo que tu obra es plural, relevante, profunda y trascendente”.


Rodrigo Martínez Baracs, investigador del INAH, habló de la faceta de historiador, sobre la que subrayó: “Logró incorporar al mundo indígena a la autoconciencia del país. Con Visión de los vencidos inició la era del verdadero diálogo entre los dos mundos. Eres un ser que nos ayuda a pensar”.


A su vez, Patrick Johansson, del IIH, quien abordó la fase de nahuatlato, resaltó la importancia de crear conocimiento en la lengua original. “Numerosos son los textos indígenas traducidos, pero no es sólo un profundo conocedor de éstos, sino también un hablante en lengua náhuatl”.


Ante cerca de 500 asistentes, en su mayoría jóvenes universitarios, Juliana González, profesora emérita de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), conversó del abordaje del filósofo. “Miguel León-Portilla realiza una hermenéutica de los documentos, dejándolos hablar a ellos mismos. En los textos nahuas el tlamatinime expresa su necesidad de preguntarse las cosas, porque la filosofía es la vocación humana universal”.


Está cercano a celebrar su séptimo tlalpilli, por lo que hoy rendimos tributo por su permanencia aquí, en el tlalticpac (casa de luz), apuntó el arqueólogo Leonardo López Luján, quien destacó la labor del homenajeado en la creación de los institutos de investigaciones Históricas y Antropológicas de esta Universidad.


Escritor, poeta, maestro y editor

En la segunda sesión, María Teresa Uriarte, coordinadora de Difusión Cultural de la UNAM, afirmó que el homenajeado fue tan descubridor como Hernán Cortés, al referirse a su amor por Baja California, “la península embravecida, que de pacífica no tiene nada”. Su legado californiano es muy amplio sobre la geografía humana.


Ambrosio Velasco, académico de la FFyL, aseguró que no es una exageración afirmar que en todo el mundo se sabe quién es León- Portilla. Su mayor aportación es el ejercicio público de la razón y con sus denuncias resulta el más radical de los humanistas criollos.


Al referirse a su faceta de escritor, Vicente Quirarte, del Instituto de Investigaciones Bibliográficas, añadió que también la poesía fue una de sus más altas manifestaciones. “Se convirtió en fiel amante del manuscrito y así continúa con la interminable tarea de traducir en más de un sentido la sabiduría de los pueblos originarios, por ello, para lograr la juventud acumulada que tiene, es necesario sentir que no hay punto de llegada”.


En seguida, Francisco Morales, académico de la FES Acatlán, realizó la mitad de su intervención en náhuatl y en ésta también destacó la aportación que como docente tiene al que llamó “filósofo converso a la historia, antropólogo de ayer e historiador de hoy”.


Finalmente, José Rubén Romero Galván, del IIH, advirtió que detallar todas las ediciones que ha emprendido el homenajeado es imposible; no obstante, reconoció que es tan valiosa su labor de editor como lo realizado en otros campos.


“Agradezco de nuevo a todos los que han estado aquí, por supuesto a nuestra alma mater, a nuestra alma nutricia, la UNAM”, concluyó Miguel León-Portilla, quien imaginariamente deja a su paso la leyenda sincrética del lenguaje identitario: “Por mi mekayotl hablará el tetonalli”.