El Paricutín, un ejemplo

Volcanes monogenéticos, riesgo latente en México

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Hay más de tres mil en la Franja Volcánica Transmexicana; algunos representan peligro para la Ciudad de México

Fernando Guzmán, 14 de marzo de 2016

El de México es un territorio atípico en vulcanismo: en él abundan volcanes monogenéticos que podrían tener una gran erupción. Si bien no se cuenta con un catálogo completo de ellos, se estima que en la Franja Volcánica Transmexicana hay más de tres mil de este tipo.

“Sólo en la sierra Chichinautzin hay unos 220. Si alguno entrará en actividad, podría ser peligroso para la Ciudad de México y Cuernavaca, como lo fue la erupción del Xitle para los antiguos habitantes del Valle de Anáhuac”, dijo Marie Noëlle Guilbaud, del Instituto de Geofísica.

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A diferencia de los llamados poligenéticos como el Popocatépetl –que tienen varias erupciones y una vida larga y, además, forman grandes edificios–, los monogenéticos tienen una sola erupción y una vida corta y, por lo regular, son pequeños; la erupción de este último tipo más larga vista en el país ha sido la del Paricutín, en Michoacán: duró nueve años, de 1943 a 1952.

De acuerdo con la vulcanóloga universitaria, también los hay pequeños con una actividad poligenética. En México todavía no se ha identificado ninguno. En Nicaragua, por ejemplo, uno de ellos, el Cerro Negro, ha tenido unas 20 erupciones desde su formación en 1850.

Las zonas más peligrosas de México por su vulcanismo monogenético son dos: la sierra Chichinautzin y el campo volcánico Michoacán-Guanajuato, con mil cien volcanes monogenéticos y 400 medianos. Entre los primeros destacan el Jorullo –su actividad comenzó en 1759, según documentos– y el Paricutín.

“Aunque es poco probable que ocurra otra erupción en el mismo punto, sí lo es que haya una nueva en cada una de esas zonas. En Michoacán, las ciudades afectadas podrían ser Morelia, Apatzingán y Nueva Italia”, señaló.

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La erupción monogenética más larga vista en el país ha sido la del Paricutín, en Michoacán: duró nueve años, de 1943 a 1952.

Aspecto sui generis

¿Por qué hay tantos volcanes monogenéticos en México? Esta es una de las preguntas que trata de responder Guilbaud al estudiar este tipo de vulcanismo sui generis. En las zonas de subducción del mundo se forman, por lo general, grandes volcanes y muy pocos pequeños.

“La zona de subducción de México es atípica. No corresponde a lo que puede encontrarse en los libros sobre la materia. La subducción de la placa de Norteamérica por las placas Rivera y de Cocos genera sismos y vulcanismo en la Faja Volcánica Transmexicana, donde predominan los volcanes monogenéticos. Por eso es una zona de mucho interés científico”. Como parte de su trabajo, Guilbaud y sus colaboradores tratan de determinar cuántos de estos últimos hay en el país, qué tipo de productos emiten, qué edad tienen y cada cuándo ocurre una erupción de ese tipo.

En la sierra Chichinautzin estudian el Pelagatos y el Pelado, y también las lavas del Xitle; y en el campo volcánico Michoacán-Guanajuato, el Jorullo, el Paricutín, Las Cabras (se ubica en una cuenca lacustre en Michoacán) y Las Siete Luminarias (se localizan cerca de Valle de Santiago, en Guanajuato), por nombrar algunos. Entre sus hallazgos sobresale una zona ubicada cerca de Tacámbaro, al sur de Morelia, con muchos monogenéticos recientes.

En otra área, cerca de Uruapan, está El Metate, de apenas 700 años de edad, uno de los volcanes monogenéticos más grandes del territorio nacional.

“Su erupción ocurrió antes de la llegada de los españoles a México-Tenochtitlan. Los indígenas debieron de haberla presenciado, pero no hay documentos de ella.”

En ese volcán escudo formado por lavas andesíticas, Guilbaud y sus colaboradores establecieron que el mayor volumen del magma producido se había quedado varios años en la corteza hasta que la intrusión cercana de otra bolsa de magma más caliente le abrió el paso hacia la superficie, disparando la erupción; asimismo, descubrieron procesos complejos que no acaban de entender para saber realmente qué pasa en el sistema de alimentación de esos volcanes.

También examinaron las cenizas que cubrieron el fósil de un mamut en Santa Ana Tlacotenco, Milpa Alta, y determinaron que provenían del volcán San Miguel (similar a los de la zona) y que fueron removidas por flujos de agua ocasionados por lluvias torrenciales.

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Pequeños pero explosivos

Los monogenéticos son pequeños y pueden tener potentes erupciones, aunque no tanto como las de los grandes, que liberan material hasta la estratosfera y son responsables de cambios climáticos, pero sí con la capacidad de causar afectaciones en zonas habitadas. Todo depende de su estilo eruptivo.

“El Xitle generó mucha lava. Cerca del Metro Universidad hay 40 metros de espesor de ese material rocoso fundido. Si se volviera a repetir una erupción como esa, la lava no causaría muertes entre la población, pues sin duda sería desalojada oportunamente, pero sí enterraría todo lo que encontrara a su paso. Por otro lado, las cenizas también son peligrosas. Según la dirección en que soplara el viento, cubrirían diferentes zonas. Podrían afectar el tráfico aéreo, colapsar techos o tapar drenajes.”

Entre los monogenéticos de la sierra Chichinautzin se encuentran el Pelado, Tláloc, Teutli, Cuautzin, Cuautepec, Pelagatos, Cerro del Agua. A diferencia de los grandes como el Popocatépetl, el de Colima, el Pico de Orizaba, el Chichón, el Ceboruco y La Malinche, que expulsan piedra pómez, material poco denso, como esponja, y lleno de gas, los pequeños lanzan tezontle, roca más negra pero también llena de gas, y además emiten gases como bióxido de carbono y bióxido de azufre, que pueden tener efectos sobre el clima.

El Ajusco, que se ubica en la misma sierra, es del mismo tipo que el Popocatépetl, pero se trata de uno viejo que, con el tiempo, se ha ido colapsando. Una parte de arriba se desprendió (en su morfología se observa que falta) y formó una avalancha de escombros que luego fue cubierta por la lava del Xitle. En cuanto al Zacatepetl, no es pequeño, sino un monte de bloques provenientes, probablemente, de ese desprendimiento del Ajusco.

“Estudiar los monogenéticos de México, para saber por qué hay muchos aquí y en otros lugares del mundo no, y qué tan largas y seguidas pueden ser sus erupciones, ayudará a entender el complejo mecanismo del vulcanismo a escala planetaria”, resumió Marie Noëlle Guilbaud.

Cabe señalar que la científica de la UNAM forma parte de una comisión sobre vulcanismo monogenético mundial, entre cuyas actividades destaca la organización de encuentros académicos y la elaboración de un atlas de esos volcanes de todo el mundo.

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