Libro de María Cristina Bayón

Estudio de la pobreza desde una perspectiva sociológica y etnográfica

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Es resultado de desventajas acumuladas por el hábitat y la falta de servicios básicos

René Tijerino, 14 de abril de 2016

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La pobreza no es un problema individual, y no debe entenderse al margen de la desigualdad, riqueza y privilegio. Se relaciona con el hogar de origen; los servicios provistos por el Estado (como educación, salud e infraestructura urbana, entre otros), la inserción laboral precaria y los bajos salarios.

Además, los habitantes de las periferias pobres de las ciudades son estigmatizados, considerados peligrosos y criminalizados por diferentes sectores de la sociedad. Sin embargo, no es una situación relacionada con la conducta o la cultura de las personas, tiene que ver con la distribución de recursos y oportunidades. Es indispensable entender los discursos, valores y prejuicios que justifican y alimentan la tolerancia social a la pobreza y la desigualdad.

No es una condición estática que se produzca en un momento determinado; es resultado de procesos de desventajas acumuladas por el hogar en que se nace, el lugar donde se vive, la escuela a la que se asiste, el acceso a servicios de salud y el tipo de trabajo que se obtiene. Son múltiples situaciones que pueden analizarse mediante trayectorias biográficas.

Periferia de la CDMX

María Cristina Bayón, del Instituto de Investigaciones Sociales, ha estudiado esta situación, desde una perspectiva sociológica y etnográfica, en la periferia de la Ciudad de México (CDMX), como el municipio mexiquense de Chimalhuacán, que tiene uno de los niveles más altos de pobreza de la región.

La investigación se ve reflejada en el libro La integración excluyente. Experiencias, discursos y representaciones de la pobreza urbana en México, resultado de más de cinco años, que además de una amplia y actualizada revisión teórica, contiene entrevistas con habitantes del oriente de la Zona Metropolitana.

“En el país, las desventajas iniciales se agudizan a lo largo de la vida. El hecho de nacer en un hogar pobre supone que se habitará en una localidad con marcadas deficiencias”, afirmó.

Asimismo, la provisión de servicios públicos de baja calidad destinados a los pobres, tiende a profundizar las brechas con los grupos privilegiados que acaparan las mejores escuelas, hospitales y espacios residenciales.

“En México, parece que el que nace pobre, muere pobre. Influyen, entre otros factores, la baja calidad del empleo, los salarios que perciben y las oportunidades a las que se acceden. Las carencias que hay en las periferias hacen que los obstáculos se acumulen y se concentren espacialmente. Los sectores más desprotegidos están entrampados en situaciones desfavorables, de las cuales es muy difícil salir”, explicó.

Son pobres no porque no trabajen, sino precisamente porque lo hacen en pésimas condiciones, no están fuera del mercado laboral sino dentro, pero en una circunstancia adversa. Para que el empleo permita escapar de la pobreza, hay que mejorar su calidad y aumentar los salarios, agregó.

Testimonios

Tras aplicar 36 entrevistas con residentes de las colonias Copalera, Lomas de Totolco, Acuitlapilco, Ciudad Alegre y Plateros, entre otras, analiza cómo los individuos experimentan, perciben y hacen frente a ese tipo de dificultades y a los estigmas y prejuicios sobre la pobreza.

También, añadió, se evidencian las problemáticas relacionadas con las escuelas a las que que asisten, generalmente sobrepobladas, con salones de 40 a 45 estudiantes, sin los recursos suficientes ni contenidos curriculares estimulantes, lo que conduce al desinterés, que, junto a las necesidades de ingreso, lleva al abandono temprano y luego a empleos precarios.

“La gente es pobre por tener trabajos mal pagados, no por carecer de ellos, como suponen numerosas políticas de combate a la pobreza. Viven en lugares cada vez más distantes de los centros laborales y con múltiples carencias de infraestructura urbana (transporte, agua, drenaje, recolección de basura y pavimentación, entre otros). A esto se agrega que estas periferias son percibidas como zonas peligrosas, y los que residen ahí son criminalizados y estigmatizados”, reiteró.

Los residentes de estas áreas no son visualizados como los que padecen injusticias y carencias estructurales, sino como los culpables de su situación. Los inconvenientes sociales no pueden ser resueltos por la gente librada a su suerte.

Además, la forma como se construye una imagen de los pobres mediante el discurso político, políticas públicas, medios escritos y visuales tiende a enfatizar y sobresimplificar los problemas del lugar como los relacionados con situaciones de violencia y drogas. Son las expresiones más visibles de complicaciones estructurales, pero no sus causas, lo que va creando una percepción negativa del sitio y sus habitantes. Estos estigmas, a su vez, legitiman la desigualdad y aumentan la tolerancia de la sociedad hacia la injusticia social.

“Los trabajos en áreas pobres son los peor pagados. Para desplazarse cubren largas distancias y horas en transporte público con profundas deficiencias”, concluyó María Cristina Bayón.