Mención honorífica a Gabriela Guzmán

El trabajo social rural, base de una titulación

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La hoy enfermera trabajó entre la partería y el temazcal en la montaña de Guerrero

Leonardo Frías, 09 de mayo de 2016

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Foto: Francisco Cruz

Tras 10 horas de travesía por autobús y un par más en colectivo, se llega a Cochoapa El Grande, en la montaña de Guerrero. Es un pueblo habituado, según Gabriela Guzmán Cruz, a la partería y el temazcal, a una infancia con desnutrición y recurrencia de enfermedades respiratorias y diarreicas.

Hasta ese lugar, considerado uno de los municipios más rezagados y marginados del país, llegó la entonces pasante universitaria en Enfermería por la UNAM para fortalecer el primer nivel de atención sanitaria.

“Atender no sólo a heridos por arma de fuego y macheteados, sino cuidados obstétricos, con partos verticales, además de trabajar muy de cerca con los habitantes y las parteras, fue prácticamente encontrarme en otro mundo”, dijo la alumna de la Escuela Nacional de Enfermería y Obstetricia.

En la réplica de su trabajo “Informe de servicio social rural en el municipio de Cochoapa El Grande, en el estado de Guerrero”, con el que obtuvo el grado de licenciada en Enfermería con mención honorífica, comentó que hay una barrera entre comunidad y profesionales de la salud.

“La única forma de ayudar no sólo es con más insumos o bienes, sino también con educación; médicos y enfermeras deben tener iniciativa, compromiso y conocimientos reforzados, por lo que se requiere más pasantes en esas comunidades”, subrayó.

En el Aula de Audiovisuales de la Biblioteca de la ENEO, Guzmán Cruz sostuvo que es la comunicación con empatía hacia el paciente la que forja una atención de calidad.

Sus jurados: Claudia María Garduño Ortega, Gandy Ponce Gómez y Nely Nancy Pantoja Salazar (directora del trabajo recepcional), vieron en la sustentante una labor de impacto con sentido social, por lo que la denominaron guerrera de la salud y ejercitante de la enfermería transcultural, pues no sólo puso en práctica sus habilidades y técnicas, sino su idioma original, el mixteco.

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Llegó a Cochoapa El Grande, uno de los municipios más rezagados y marginados del país.

Sáu, savi (lluvia)

Todo el orgullo de El Fortín Alto Chicahua, en Nochixtlán, Oaxaca, cabe en esa sonrisa salubre, entrecomillada por los hoyuelos de sus mejillas. Luce el membrete en su suéter del lado diestro y se lee con letras áureas: “Guzmán Cruz Gabriela”, y en el izquierdo posa el escudo de la ENEO. Todo transitó en lo estrictamente académico, hasta que recordó la lluvia.

“Sabía que me iba a hacer llorar, en Cochoapa llueve todo el tiempo: día y noche, sin tregua, por eso se confundía lo que salía de mis ojos. Fueron el agua, la lejanía y la lengua, algunas limitantes”, compartió.

Ante su abuela paterna, su madre y su hermano adolescente, quienes vinieron de Oaxaca, a la universitaria le fue impuesta la cofia con la banda azul que formaliza el grado. Juramentó, y a la postre externó palabras de agradecimiento en mixteco; como celebración ofreció plátanos a los asistentes, que sus familiares trajeron desde la tierra solar.

“La UNAM es mi gran sueño, como el de muchas personas. Me interesa el área de obstetricia. Más adelante me gustaría hacer la especialidad en perinatología. Para mis familiares soy un orgullo, están contentos porque soy la primera mujer universitaria de la familia que se titula de parte de mi papá… él está en California, no lo he visto desde que entré a la carrera, hace cinco años. En la mañana me llamó y me dijo que iba a ser un gran día; él trabaja en la construcción, se fue de ilegal”… Y llueve de nuevo en su rostro.