Inequidad acentuada

Contrastes profundos en la producción agropecuaria

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Expertos debaten sobre políticas públicas para aliviar la pobreza y la seguridad alimentaria

Rafael López, 06 de junio de 2016

La situación actual de los productores agropecuarios mexicanos muestra contrastes profundos, sobre todo por la marginación y pauperización en que viven jornaleros y campesinos con o sin tierra, advirtieron expertos reunidos en el simposio Políticas de Alivio a la Pobreza y Seguridad Alimentaria. Un Debate Interdisciplinario.

En el Auditorio Jaime Litvak King del Instituto de Investigaciones Antropológicas, Margarita Flores de la Vega, profesora del Posgrado de la Facultad de Economía y secretaria académica del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo (PUED), analizó la relación entre agricultura familiar y políticas públicas.

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Por un lado hay marginación y pauperización de jornaleros y, por otro, la producción empresarial.

Dijo que en la economía mexicana la contribución del sector agropecuario ha disminuido su participación a 3.5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Sin embargo, su importancia es estratégica pues de éste depende la alimentación de la población y su desarrollo se caracteriza por una inequidad acentuada.

En el contexto global, la nación es la décima potencia agrícola por el valor de su producción, pero este sitio se torna relativo si se observan los valores per cápita, pues no alcanza el lugar 20 en cuanto a la generación de comestibles por persona, refirió.

Sobre la disponibilidad de alimentos en México, aseguró que en consumos aparentes de soya y arroz hemos importado 95 y 90 por ciento de éstos, respectivamente, así como cuatro quintas partes de maíz amarillo, la mitad del trigo, 40 por ciento de carne de cerdo y un cuarto del total de sorgo.

Por otro lado, en los últimos 15 años la población nacional ha reducido sus demandas de cereales y frijol y, en cambio, ha aumentado la de grasas y productos de origen animal.

Los datos plantean cuestiones sobre el avance del sector agropecuario y la generación de comestibles; sobre todo, cómo se garantiza la seguridad en el renglón. “Parece tener como eje a la gran producción empresarial”, apuntó la economista.

El caso del maíz

En su ponencia La Política de Seguridad Alimentaria Actual, la Vulnerabilidad y la Capacidad de Resistencia del Sistema Maíz en México, Kirsten Appendini, de El Colegio de México y consultora del Banco Mundial, expuso que de acuerdo con datos de 2011, el consumo nacional de maíz se estima en 34 millones de toneladas anuales, de las que 23 corresponden al blanco (comestible principal), variedad de la que en 2014 se cultivaron 20.8 mdt y más de la mitad fueron aportadas por pequeños y medianos productores que ocupan predios menores de cinco hectáreas.

En el otro extremo, están los grandes, quienes se volvieron maiceros en las últimas dos décadas al asentarse en terrenos extensos, concentrados en los distritos de riego y con tecnología de punta, sobre todo en Sinaloa.

En consecuencia, el sistema maíz-tortilla se encuentra polarizado. Por un lado, es un cultivo al que se le puede llamar campesino, adaptado históricamente a condiciones agroecológicas y sociales, locales y regionales, y gran parte se destina al consumo del hogar de la familia productora. En cambio, el sector empresarial, concentrado en la entidad referida, está integrado a una cadena cereal-producto que no sólo se enfoca al insumo y sus derivados, comentó Appendini.

Desvalorización de los granos básicos

Blanca Aurora Rubio Vega, del Instituto de Investigaciones Sociales, habló sobre la etapa de desvalorización de los granos básicos en el ámbito internacional 2014- 2016 y el declive de los precios de estos últimos y del petróleo a partir de 2014.

“El Tratado de Libre Comercio de América del Norte y todos los acuerdos, en general, fueron mecanismos para introducir mercancías de Estados Unidos sin cobrarles impuestos a la importación; estos precios no son económicos sino políticos, abaratados artificialmente para ganar el mercado de rivales como la Unión Europea o Japón.”

A partir del neoliberalismo sobreviene una pérdida de la soberanía alimentaria. No obstante, en la fase de revalorización no fue aprovechada para fortalecer la capacidad del país y ahora se tiende a convertir esta crisis de los comestibles –con precios altos, pero sin efecto para generar más– en propiamente productiva, puesto que no hay condiciones para impulsar este rubro, concluyó.