Jornada social en Pahuatlán, Puebla

Milpa sustentable, afán de la ingeniería

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Participan estudiantes de Ingeniería, Pedagogía y Derecho, entre otros

Leonardo Huerta, 23 de junio de 2016

Con buenos resultados concluyó el Proyecto Jornada Milpa Sustentable, parte del Programa de Servicio Social Comunitario desarrollado por la UNAM en el municipio de Pahuatlán (sierra norte de Puebla). Ideada y puesta en práctica por Eduardo León Garza, de la Facultad de Ingeniería, la iniciativa consiste en sembrar maíz en una maceta formada con una bolsa de plástico.

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“Es un sistema agroalimentario eficiente que trata de optimizar los recursos del campesino, de tal manera que no requiera grandes inversiones o extensiones de tierra, ni una yunta o tractor, porque se produce en un espacio pequeño. Aquí la semilla no se coloca al mismo tiempo, sino por semana”, explicó el investigador.

En una jornada se siembra el equivalente a un surco de tierra, pero cada planta en una maceta (una bolsa de plástico negra en cuya parte inferior hay una válvula que controla la salida de líquido).

“Así recuperamos el excedente y los nutrientes lavados por el riego al pasar por la tierra y volvemos a utilizarlo en el siguiente receptáculo. Al no perder estas sustancias, tenemos agua enriquecida; eso hace que el consumo hídrico sea 10 por ciento de lo que requieren los grandes cultivos y su infraestructura tecnológica.”

Para producir un kilogramo de maíz, este sistema precisa cien litros; en tanto, la agricultura tecnificada necesita mil para obtener la misma cantidad. “Como abono se emplea el estiércol de animales de granja como gallinas, borregos y caballos”.

Uno de los participantes en el proyecto es Francisco Eloy, vecino de Xolotla. “A mí me fue bien; empecé con cuatro matitas de elote, revolviendo siempre siete partes de tierra por tres de abono orgánico (materia fecal equina). Vimos que sí funcionaba y ahora tengo 45 plantas de este cereal, que son para autoconsumo, porque no alcanza para más”.

También probó con otros vegetales. “Ahora dispongo de 25 matas de calabacitas y 28 de jitomate. Lo que sobra se vende para que no se eche a perder, pues las primeras se cortan cada tercer día”.

No obstante, requiere más espacio para avanzar en la milpa sustentable. “Abajo tengo un vivero de café cerrado con tela. En una tardecita hago todo, embolso la tierra, la subo y al amanecer ya está sembrado. Hace como 15 días filmaron la huertita de arriba de la casa”, comentó.

“Cuando los muchachos de la UNAM hablaron sobre este modelo, a los lugareños les pareció una locura”, recordó Arturo Hernández Santos, presidente municipal de Pahuatlán.

Agregó que muchos que usaron bolsitas en sus azoteas corroboraron cómo esta innovación ayuda a las familias a mejorar su calidad de vida, al permitirles disponer de dos y hasta tres cortes por año.

“Al tener maíz en casa contamos con la materia prima para sostener a los nuestros. Hoy que los productos de la canasta básica son cada vez más caros, esto nos facilita sembrar calabazas, chiles y jitomates, productos que ayudarán a la población pahuatleca”, dijo.

Para mostrar los resultados de este programa en el que intervienen prestadores de servicio social de Ingeniería, Pedagogía, Derecho, Economía, Comunicación y Trabajo Social, se montó una exposición en el zócalo de este asentamiento poblano.

Ahí, Cecilia Guevara, estudiante de la última disciplina, compartió que ella es voluntaria, pues aunque ya cumplió con este requisito para obtener el grado, quiso colaborar.

“Ninguno teníamos conocimiento de las tareas del campo, pero investigamos para hablar con la gente sobre diversos problemas. El trato hace que tú veas una realidad que sabes que existe, aunque tenerla enfrente es otra cosa.”

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Modelo comunitario

El Proyecto Milpa Sustentable se instrumentó hace algunos años en varios municipios de Puebla y Tlaxcala, expuso Belinda Barragán Pérez, jefa del Departamento de Programas Multidisciplinarios de la Dirección General de Orientación y Atención Educativa (DGOAE). “En Pahuatlán empezamos en octubre de 2015 con un grupo de cinco jóvenes, hoy son 30. Al principio eran 70 familias de dos localidades las beneficiadas; cerramos este ciclo con 400 de 14 comunidades”.

Ahora que está por concluir, aún hay gente deseosa de participar. “La idea es formar un grupo para una segunda etapa con nuevos prestadores de servicio porque los actuales ya culminan. Así se dará seguimiento a los que quedaron sin cobertura y a quienes se integren, para abarcar comunidades faltantes”.

El modelo comunitario en el que se inscribe esta iniciativa se ejecuta por medio de la DGOAE, dependiente de la Secretaría de Atención a la Comunidad Universitaria, finalizó.