Tomografía eléctrica tridimensional en Chichén Itzá

Descubren subestructura en la Pirámide de Kukulkán

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Tecnología no invasiva, única en el mundo, desarrollada por científicos de Geofísica, Ingeniería e INAH, autores del hallazgo

Leonardo Frías, 17 de noviembre de 2016

Trabajando a más de 40 grados centígrados de temperatura y con ineludibles baños de vapor en el interior de la Pirámide de Kukulkán, científicos del Instituto de Geofísica (IGf) y de la Facultad de Ingeniería (FI) de la UNAM, así como del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), descubrieron que en el interior de esa majestuosa estructura, en Chichén Itzá, Yucatán, hay una segunda subestructura, sobre la que edificaron una primera (descubierta en los años 30 del siglo pasado) y la actual.

El hallazgo fue confirmado con los resultados de una tomografía eléctrica tridimensional, tecnología no invasiva única en el mundo, desarrollada por este equipo de investigación, que permite mirar al interior de una estructura de grandes dimensiones.

Así lo establece el trabajo de René Chávez Segura, Gerardo Cifuentes Nava y Esteban Hernández Quintero, del IGf; Andrés Tejero Andrade, de la FI, y Denisse Argote, del INAH.

Esta es la segunda y última fase del estudio de campo efectuado por ellos, realizado entre 2015 y 2016, y que fue financiado por DGAPA-PAPIIT y la Coordinación de la Investigación Científica, en la que se reconstruyó e iluminó el interior de la pirámide, se verificaron sus etapas constructivas y se precisó qué ocurre con su estructura. En la primera de ellas, se descubrió que la misma pirámide maya está edificada sobre un cuerpo de agua (cenote).

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Subestructura y técnica

De acuerdo con René Chávez Segura, la idea era iluminar hacia adentro de la pirámide, también conocida como El Castillo. El interés de los arqueólogos, dijo, era saber cuántas estructuras había al interior, además de la descubierta a principios del siglo pasado.

De este modo, sin daño al patrimonio histórico de la nación, se iluminó el interior de El Castillo. Se efectuó un estudio de tomografía eléctrica, consistente en colocar detectores alrededor de los diferentes cuerpos que tiene esta pirámide (10 en total, tomando en cuenta la base) y enviar corriente eléctrica al subsuelo mediante una serie de electrodos, que también permiten medir simultáneamente la diferencia de potencial y finalmente la resistividad del subsuelo.

En tanto, Andrés Tejero explicó que las observaciones se realizan en grupos de cuatro detectores (dos de corriente y dos de potencial), llamados cuadripolos, y para cada uno se calcula un punto de atribución a profundidad. Estas mediciones que posteriormente se transforman en la resistividad aparente medida en el subsuelo, serán interpretadas.

Así, “confirmamos la presencia de una segunda subestructura en el interior de la primera, dentro de la pirámide de Kukulkán. Es importante mencionar que, en la parte más alta de la primera subestructura, se encuentran dos esculturas, una que asemeja un Jaguar de color Rojo y la otra que representa un Chac Mool”. Tejero mencionó que el modelo hasta ahora obtenido posee aún poco detalle, debido principalmente a la capacidad computacional que se tiene hasta el momento, pues el número de datos totales es de unos 45 mil puntos, y en este momento se modelaron poco más de 23 mil, que incluyeron solamente seis cuerpos. Se espera adquirir pronto una nueva computadora de mayor capacidad para realizar el proceso total de información.

Por su parte, Chávez Segura expuso que gracias a esta técnica fue posible apreciar la presencia de cuerpos de agua, además de túneles exploratorios que ya habían sido reportados en los primeros estudios de la pirámide en los años 30 del siglo pasado por José Erosa Peniche y Cirerol Sansores.

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Aportes

La metodología, el tipo de investigación que se hizo con electrodos planos para escrutar al interior de un edificio o ver el subsuelo de un inmueble, es totalmente nueva dentro de la geofísica no sólo en México, sino también en el ámbito mundial, apuntó René Chávez.

Además, intervino Andrés Tejero, la contribución que puede ayudar a los arqueólogos es que, con esta segunda subestructura, que probablemente sea de un estilo maya muy inicial, tendrán la oportunidad de examinar la vida y evolución de los mayas en esta región.

“Esta segunda subestructura cambia totalmente la concepción que se tiene hasta ahora del proceso constructivo que ha sufrido Chichén Itzá y en particular la Pirámide de Kukulkán. Este descubrimiento puede ayudar a resolver muchas de las interrogantes que hay, los arqueólogos nos podrán decir cómo eran, cómo vivían los mayas.”

Importancia mundial

Para Denisse Argote, arqueóloga con un doctorado en Geociencias, Chichén Itzá es un sitio de suma relevancia regional y mundial, la atracción que tiene como centro arqueológico es global. No obstante, atajó: “A pesar de ser un sitio tan destacado, no se le conoce mucho aún”.

“Hay varias cosas que están sin explorar, no hay actualmente proyectos de investigación. Desde que Carlos Salinas de Gortari le dio luz verde al arqueólogo alemán Peter Schmidt para hacer el megaproyecto del sitio, no ha habido más y las autoridades se han dedicado a la conservación que, por cierto, cuesta mucho, por lo que cada aportación es de gran importancia”, consideró.

Argote explicó que los antiguos pobladores de la región y en general de toda Mesoamérica construían una pirámide o subestructura encima de la otra.

Las pirámides, puntualizó, desde la cosmovisión mesoamericana son un acercamiento de los hombres a la esfera de los dioses. Los mayas manejaban diferentes planos de la vida espiritual: cielo, tierra e inframundo, los cuales son un eje cósmico que enlaza los tres planos.

“Se ha visto en todas las culturas mesoamericanas que llegaba un grupo de poder y hacía una construcción para manifestarlo; pasaba y llegaba otro grupo o linaje y tenían que hacer lo mismo, pero sin destruir la anterior”, concluyó.