Curso de Vicente Quirarte en el MUAC

De la ciudad de los palacios a la ciudad de los batracios

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Mina Santiago, 16 de febrero de 2017

Cautivado por la arquitectura y el estilo de la Ciudad de México, en 1834 el viajero inglés Charles Latrobe la nombró Ciudad de los Palacios. En su libro The rambler in Mexico (Un excursionista en México), escribe: “Se puede observar una gran vista conformada por palacios y edificios que contrastan con el azul intenso del cielo y unas montañas que se asoman a lo lejos cubiertas por una atmósfera transparente. La combinación de colores y las proporciones arquitectónicas es más espléndida y bella de lo que puedo describir”.

Siglo y medio más tarde, José Emilio Pacheco acuñó el término La ciudad de los batracios, cuando la urbe se convirtió en un laboratorio para la extinción, habitada por seres mixtos que tratan de sobrevivir día con día, como señala Carlos Monsiváis, contó el escritor y ensayista Vicente Quirarte, quien impartirá el curso Poética de la Crónica: de la Ciudad de los Palacios a la Ciudad de los Batracios, del 20 al 22 de febrero en el auditorio del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC).

Quirarte compartió en entrevista su punto de vista acerca de la mítica Ciudad de los Palacios, a la que ahora no duda en denominar como “la ciudad después del apocalipsis”, donde no sólo se sobrevive sino que además hay una forma peculiar de prosperar.

Recientemente la capital fue rebautizada por el gobierno como CdMx, hecho que el escritor considera absurdo. “Los amantes de esta urbe, los que nacimos en ella, siempre la hemos llamado Ciudad de México. Yo nunca dije que era del DF sino orgullosamente centrícola, como decía José Joaquín Blanco”, explicó.

En una metrópoli como ésta, donde habitan casi 10 millones de personas, la industria de la construcción es una de las más activas, y Quirarte señaló que debe reglamentarse el uso de suelo, sobre todo para los grandes consorcios, y ser más flexible con los permisos destinados para crear centros culturales.

Mencionó que para obtener el de la construcción de la Academia Mexicana de la Lengua, de la que es miembro desde 2002, se invirtió mucho tiempo en la gestión de trámites. “Desgraciadamente quienes pueden pagar la especulación inmobiliaria, como la llamaba Italo Calvino, son los grandes consorcios que tienen los recursos económicos para hacerlo. Pero creo que en una polis civilizada debería haber canales para facilitar el libre tránsito de las instituciones culturales”.

Otro aspecto evidente en la transformación de la ciudad es el transporte. El poeta relató que desde niño se acostumbró a disfrutar de largas caminatas y cuenta haber escrito el texto La generación del metro, porque aún recuerda con claridad cómo a los 16 años vivió la inauguración de la primera línea del STC Metro.

“Mucho tiempo usé el transporte público, pero cada vez es más difícil hacerlo porque somos muchos. Hay que utilizarlo estratégicamente, que no sea en horas pico. Ahora soy un extranjero del Metro, uno se mete y ya no pertenece a él, eso no deja de ser triste porque es un sistema muy útil, rápido y barato, relativamente”, expresó.

El año pasado se modificó la Ley de Movilidad de la ciudad, en la que se estipula la obligación de avisar 48 horas antes al gobierno cuándo se va a realizar una manifestación. Al respecto, aseguró que es importante planificar la vida de la urbe sin impedir la libre expresión.

Recordó las grandes marchas obreras en la década de los 20 y el apogeo de estas movilizaciones que han inspirado a escritores y artistas. “El poeta Manuel Maples Arce habla de cómo le interesó mucho este ejercicio de la calle y ese fenómeno lo llevó a escribir su libro Urbe, ese poema sobre la ciudad ocupada por los obreros. También Efraín Huerta en su poema Declaración de odio habla sobre los días rojos y azules; precisamente el azul de los trajes obreros y el rojo de las banderas”.

El curso está dirigido a todo público. Inscripciones en www.universodeletras.unam.mx.