Más de 60 en 283 años

Latente, el riesgo de tsunamis en México

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Un equipo multinacional estudia el potencial sísmico-tsunamigénico de los litorales del Pacífico para contribuir a la mitigación de desastres

Fernando Guzmán, 16 de febrero de 2017

México corre el riesgo de ser golpeado por tsunamis. En los últimos 283 años se han registrado más de 60 en las costas del Pacífico occidental. Entre los más fuertes destaca el de junio de 1932: un sismo con magnitud de 6.9 en la escala de Richter generó en los litorales de Jalisco y Colima una ola de 10 metros de altura que penetró un kilómetro en Cuyutlán y dejó 75 muertos y cien heridos.

Las costas del Pacífico mexicano, que suman nueve mil 744 kilómetros, conforman una zona considerada de alto riesgo. Y entre los litorales de Chiapas y Jalisco habitan millones de personas.

Dentro de esta área se encuentra la Brecha Sísmica de Guerrero, sección que desde hace 105 años no ha presentado rompimientos por movimientos tectónicos. Está latente la posibilidad de que ésta e incluso otras partes lo hagan. Y si esto sucediera, ocasionaría un temblor de gran magnitud, posiblemente mayor al del 19 de septiembre de 1985.

¿Qué ocurre en esa brecha de Guerrero? ¿Cuál es su potencial sísmico-tsunamigénico? ¿Qué se puede hacer para mitigar los efectos de un futuro tsumani?

Dentro del proyecto Satreps (Science and Technology Research Partnership for Sustainable Development), la UNAM, el Centro Nacional para la Prevención de Desastres, las universidades japonesas de Kioto, Tokio, Tohoku, Kansai, Utsunomiya, Tokushima y Kobe, así como el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de nuestro país y las agencias institucionales de Japón JICA, JST y JAMSTEC, colaboran para buscar respuestas a éstas y otras preguntas.

El principal objetivo es evaluar el peligro asociado a grandes terremotos y tsunamis en las costas del Pacífico mexicano y contribuir a la mitigación de desastres. Sus tareas se dividen en tres grupos. El primero se encargará de las observaciones en el fondo oceánico y en tierra, para determinar el movimiento de las placas tectónicas y la acumulación de esfuerzos en ellas; el segundo, de la modelación de fuentes sísmicas y la propagación de los tsunamis asociados, con la finalidad de generar mapas de inundación a lo largo de dichas costas, y el tercero, de utilizar la información de los grupos anteriores para evaluar la vulnerabilidad y el riesgo asociado a tsunamis, y diseñar un programa educativo.

Por ello, en la costa de Guerrero se pondrán sensores tanto en tierra como en mar, para recabar datos que permitan evaluar el riesgo latente y así disminuir los posibles daños a las poblaciones costeras identificadas como de alto peligro.

En 1932, un sismo con una magnitud de 6.9 en la escala de Richter generó en los litorales de Jalisco y Colima un tsunami que dejó 75 muertos y cien heridos.

Mediciones largas

Para determinar cuál es la tasa de deformación del suelo marino –que se asocia al esfuerzo generado en las placas– y medir la actividad sísmica del fondo del mar se sembrarán en éste sismógrafos OBS (Ocean Bottom Sismometers) y sensores de presión hidrostática.

También se probará el wave glider (planeador de olas), un robot autónomo con el cual se obtendrán desde la superficie datos acústicos de los instrumentos sembrados en el fondo marino. La encargada de estas observaciones es Vala Hjörleifsdóttir, investigadora del Instituto de Geofísica.

“Las mediciones deben ser largas para detectar desplazamientos estadísticamente significativos, pues éstos suelen ser pequeños; por lo común se observan durante periodos de ocho meses a un año. Esta campaña proporcionará mediciones únicas en el Pacífico mexicano. En teoría, si desde hace décadas se hubieran hecho mediciones de este tipo, actualmente podría determinarse cuánto se ha desplazado la Brecha Sísmica de Guerrero y si está alcanzando algún umbral de rompimiento”, explicó Ángel Ruiz-Angulo, miembro del Grupo Interacción Océano-Atmósfera del Centro de Ciencias de la Atmósfera.

El grupo de modelación de tsunamis –en el que Ruiz-Angulo participa– generará mapas de inundación por tsunamis. Para ello primero construirá, basándose en eventos históricos, escenarios estocásticos de sismos (o relativamente aleatorios); luego realizará, a partir de esos escenarios, simulaciones de tsunamis (incluirán la extensión de la inundación) que hipotéticamente podrían ocurrir, e identificará las regiones que serían afectadas.

Posteriormente, con los datos obtenidos por los OBS, los sensores de presión y los GPS instalados en tierra se edificarán escenarios de posibles sismos y, a partir de ellos, se harán nuevas simulaciones de tsunamis. Este proceso se repetiría cada año para incorporar las más recientes observaciones y así tener cada vez un mejor modelo de sismos/tsunamis en esa zona de México.

“Para este ejercicio, el equipo de sismólogos proporcionará datos sobre el posible desplazamiento del fondo del mar asociado a los posibles sismos. Esta información se puede traducir en la perturbación inicial del nivel del mar que generaría un tsunami. Numéricamente se aplicarán varios modelos de propagación de tsunamis para evaluar la altura máxima de ola, el tiempo de arribo y la inundación en las regiones costeras. Para las del Pacífico mexicano se estima que el tiempo de llegada de la primera ola de un tsunami sería de 15 a 20 minutos; en Japón es de media hora a 40 minutos, porque la ruptura de los sismos ocurre más lejos de la costa”, apuntó Ruiz-Angulo.

Dentro de este proyecto hay diferentes lugares piloto que se estudiarán a detalle, debido a su ubicación y densidad poblacional: Acapulco, Ixtapa, Zihuatanejo, Nuevo Amanecer, El Papayo, Barra Vieja y Petatlán.

También se busca hacer lo que nunca antes se ha hecho en México: identificar las regiones donde podría intensificarse el oleaje en el caso de que un tsunami generado por un temblor en la Brecha Sísmica de Guerrero golpee las costas del Pacífico mexicano.

Programa educativo

“El equipo encargado de los estudios de vulnerabilidad y riesgo diseñará un programa educativo para las poblaciones aledañas a las costas del Pacífico mexicano, que incluirá simulacros y otras medidas preventivas. Las recomendaciones son alejarse de la costa, buscar algún lugar alto y esperar a que las autoridades de Protección Civil indiquen que ya no hay riesgo”, indicó el experto.

En las regiones costeras, las planicies extendidas representan un peligro potencialmente alto ante la llegada de un tsunami. Por ejemplo, durante el sismo de Tohoku, Japón, en 2011, la localidad de Sendai fue golpeada por uno. Las planicies de esa región pueden extenderse hasta tres kilómetros tierra adentro antes de alcanzar los tres metros de elevación, lo que dificulta la evacuación horizontal de las personas. En estas circunstancias, los japoneses han construido torres y paredes gigantes anti-tsunamis.

En México, los grandes tsunamis ocurren con una frecuencia de 200 a 500 años, pero por desgracia la memoria suele perderse. El periodo de retorno no permite mantener una cadena de recuerdos catastróficos para las generaciones futuras. Es decir, si no hay mucho daño, hay poca memoria.

“El sismo del 19 de septiembre de 1985 causó un pequeño tsunami. En Lázaro Cárdenas, Michoacán, y en Zihuatanejo, Guerrero, hubo olas de 2.5 a tres metros de altura. La atención del sismo se centró principalmente en la Ciudad de México, dada la magnitud del daño ocasionado. Las regiones costeras, donde no vivía mucha gente entonces, no fueron tomadas en cuenta. Hoy en día, con un sismo/tsunami similar, los daños y pérdidas en las costas serían distintos.”

Red de vigilancia

Además de impulsar el estudio sistemático del potencial sísmico-tsunamigénico de las costas del Pacífico mexicano y el diseño de un programa educativo para los pobladores de esos lugares, el Satreps podría ayudar a establecer una red de vigilancia de tsunamis en tiempo real en la Brecha Sísmica de Guerrero, como parte de un sistema nacional de alerta de este tipo de fenómenos naturales que se instalará en México en el futuro.

En países como Chile, Colombia, Perú y Ecuador hay un proyecto Satreps en proceso o ya culminado. Todos tienen un común denominador: mitigar los efectos de los desastres naturales.

“En México, casi toda la investigación de los tsunamis ha sido realizada por Modesto Ortiz, del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, Baja California… Afortunadamente, ahora en el país hay más científicos interesados en este tipo de fenómenos naturales”, finalizó Ruiz-Angulo.

TAREAS DEL PROYECTO

Las tareas del proyecto Satreps se encuentran repartidas en tres grupos:

 
  • El primero se encargará de las observaciones en el fondo oceánico y en tierra, para determinar el movimiento de las placas tectónicas y la acumulación de esfuerzos en ellas.
  • El segundo, de la modelación de fuentes sísmicas y la propagación de los tsunamis asociados, con la finalidad de generar mapas de inundación a lo largo de dichas costas.
  • El tercero, de utilizar la información de los grupos anteriores para evaluar la vulnerabilidad y el riesgo asociado a tsunamis, y diseñar un programa educativo.

Acapulco, uno de los lugares piloto que se estudiarán a detalle, así como Ixtapa, Zihuatanejo, Nuevo Amanecer, El Papayo, Barra Vieja y Petatlán.