Oro en la Olimpiada del Conocimiento

Pasión por las matemáticas de Vladimir Sierra

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Tiene tanta facilidad para los números que por segundo año ha llegado al podio

Laura Romero, 16 de febrero de 2017

Foto: Francisco Cruz.

En la región de la montaña guerrerense, en el pueblo de Tlapa de Comonfort, a ocho horas en autobús desde la Ciudad de México, hace 16 años nació Vladimir Sierra Casiano. El joven mixteco, hoy alumno de la Prepa 6, tiene tanta facilidad para las matemáticas que por segundo año consecutivo ha llegado al podio de la Olimpiada Universitaria del Conocimiento.

Ganador de la medalla de oro en la sexta versión del certamen de bachillerato, correspondiente a 2016, se define como un estudiante dedicado aun en materias que no le gustan tanto, como literatura e historia; en todas cumple con sus tareas y trabajos.

“Para ser un buen alumno, el secreto es encontrar una motivación personal, algo que te mueva a ir a la escuela, a hacer las tareas; tener un objetivo claro y estar decidido a llegar a él”, compartió el chico con promedio de calificaciones de 9.5 y becario del Sistema de Becas para Estudiantes Indígenas del Programa Universitario de Estudios de la Diversidad Cultural y la Interculturalidad.

A su corta edad, Vladimir tiene una amplia experiencia en concursos de matemáticas, pues comenzó su participación en ese tipo de competencias desde la secundaria. Un siguiente paso, naturalmente, era concursar en la Olimpiada, en la que obtuvo la medalla de plata en 2015 y la presea dorada en 2016.

Hijo de un maestro de primaria y una ama de casa, el menor de cinco hermanos permaneció en su pueblo hasta concluir la educación básica. Para cursar el bachillerato tuvo una ventaja sobre otros chicos de la localidad que se quedan a estudiar allá: sus hermanos, uno de 22 y otro de 24 años, ya estaban establecidos en la Ciudad de México y lo recibieron con los brazos abiertos.

Para elegir la Prepa 6, también contó con la ayuda de sus hermanos; era la de más prestigio y estaba ubicada en una buena zona, en Coyoacán. “Fue genial que me quedara en un sitio donde ellos pudieran estar cerca, sin tantos problemas”.

Fue así que hace un año llegó a la gran ciudad. A pesar del pendiente que ello causaba en sus padres, le tuvieron confianza y le dieron la libertad de venir. Deseaban que alcanzara un buen promedio de calificaciones, pero “no sé si esperaban de mí cosas como éstas, ganar la Olimpiada, mas yo siempre trato que estén orgullosos”.

Trabajo colaborativo

Sierra Casiano califica su participación en el concurso como muy interesante. “Siento que cuando llegué ya estaba bien preparado, por eso desde al año pasado tuve un buen resultado y en este mejoré todavía un poco más”.

El principio cuesta trabajo; pero el suyo fue en los no tan lejanos años de secundaria, cuando tuvo profesores y asesores que le dieron clases y entrenamiento para concursar. Se trata, aseguró, de maestros muy buenos y “creo que son ellos quienes me asesoraron más”. En la prepa, los docentes lo invitaron a participar. Fue un trabajo colaborativo de todos los académicos que lo han formado.

Dentro de las matemáticas a Vladimir le gusta un poco más el área de álgebra; en la secundaria se trataba más de memorizar procedimientos, pero en el nivel medio superior hay que resolver cuestiones más complejas y eso le atrae. Y como aún le queda otro año de estudios en la prepa, piensa volver a concursar en la Olimpiada.

También ha decidido elegir el área uno para cursar el sexto año, pero aún duda qué carrera seguirá en la licenciatura; sus principales opciones son ciencias de la computación o ingeniería mecatrónica, aunque es casi seguro que optará por la primera. “Me gusta mucho porque mezcla matemáticas y programación, y tiene gran futuro; siento que tengo aptitudes para esa”.

Cuando regrese a su hogar, durante las vacaciones escolares, igualmente le gustaría aprovechar el tiempo con sus padres y aprender mixteco, porque es parte de su cultura y sus raíces.