La posverdad propaga falsedades

Los medios, obligados a difundir la verdad

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Cuestionan académicos las burbujas de información creadas por las redes sociales, donde lo que una persona diga es más importante que los hechos concretos

Guadalupe Lugo / Diana Saavedra, 08 de mayo de 2017

Si la única apreciación que se tiene del mundo es a partir de afinidades sociodigitales, se pierde el enfoque crítico de los asuntos públicos y, además, crece la susceptibilidad a creer que las mentiras son verdades, consideraron Raúl Trejo Delarbre y Felipe López Veneroni, académicos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS).

Las burbujas de información creadas por las redes sociales, donde lo que una persona diga es más importante que los hechos concretos, nos ponen en una situación similar a la Edad Media, mencionó Ricardo Raphael de la Madrid, director del Centro Cultural Universitario Tlatelolco de la UNAM.

México requiere una mayor atención, cuidado y aplicación del compromiso ético y profesional de los medios de comunicación, verificar la información y no dejarse llevar por las tendencias manipuladas en las redes digitales, refirieron los académicos.

Al participar en la mesa redonda La Era Trump y el Desafío de los Medios: entre la Posverdad y las Noticias Falsas, organizada por la FCPyS, resaltaron la necesidad de exigir a los medios un trabajo profesional, además de ser cautelosos con lo que difunden.

Desconfianza y falta de legitimidad

La posverdad se define como un emborronamiento de la frontera entre la verdad y la mentira, y crea una tercera categoría distinta a las dos anteriores, en la que un hecho, ficticio o no, es aceptado simplemente por encajar con nuestros esquemas mentales.

En ese sentido, López Veneroni precisó que la posverdad es un discurso capaz de presentar una verdad alterna, que no existe, y al mismo tiempo niega o cuestiona aquello que se sustenta en evidencias. “Y en México aprendimos a vivir con ese fenómeno”, comentó.

Una de las condiciones para el desarrollo de la posverdad es la desconfianza o falta de legitimidad de los medios de información, y por tradición la sociedad mexicana ha sido recelosa al respecto, incluso en la actualidad, a pesar de los recientes cambios en el sistema político.

En la sociedad estadunidense esa cautela es un hecho novedoso, “asociado a un fenómeno de hartazgo por parte de grupos que en las últimas décadas se han sentido marginados en su propio país y que resienten las trasformaciones aparejadas con la presencia de migrantes, globalización económica y la gradual pérdida de sus formas tradicionales de vida”.

Reglas rotas

Al respecto, Raúl Trejo, también del Instituto de Investigaciones Sociales, apuntó que la posverdad no es el uso de falsedades para afianzar a un político o engañar a las personas –esto siempre ha existido–, sino la propagación de falsedades a partir de lazos de confianza que se producen en las redes digitales.

Estas redes replican contenidos que circulan en otros ámbitos que no son fiables. En estos canales “acostumbramos a enterarnos sólo de aquello que difunde la gente con la que tenemos contacto en línea o con la que estamos de acuerdo. Con frecuencia nos encerramos en burbujas en las que únicamente tenemos una versión de los acontecimientos”.

Entonces, abundó Trejo Delarbre, “si la apreciación que tenemos de la política en México surge de nuestra afinidad sociodigital, esa será nuestra visión del mundo, lo que nos impide contar con un enfoque crítico y nos hace más susceptibles a creer que las mentiras son verdades”.

Ricardo Raphael recalcó que vivimos un periodo en el que se han roto las reglas de comunicación verticales y la verdad ya no está en una mesa de redacción, sino en Facebook o Twitter.

“Se vuelve preocupante vivir en democracia sin evidencia, sin la posibilidad del ensayo-error, a partir de contrastar o verificar. De ahí que me atreva a decir que la posverdad atenta contra el fundamento básico de la democracia”, aseveró.

Reflexionó que hace unas décadas pocos eran los que tenían acceso a Internet, mientras que ahora un teléfono celular contiene cinco veces más información que la Biblioteca de Alejandría, y cada segundo YouTube añade 50 veces más datos.

El universitario concluyó que hoy en día es necesario reaprender en un proceso de alfabetización digital para regresar a la comprobación de la información.