A propósito del borde de las cosas

El Eco presenta sombras, performance y arquitecturas

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Exposición de sitio específico del artista Luis Felipe Ortega en el Museo Experimental

Jorge Luis Tercero, 22 de junio de 2017

Enormes muros negros segmentan el interior del Museo Experimental El Eco hasta convertirlo en una nueva geografía. Aparecen desde la entrada y la barra para ir hacia la galería central; otro cruza a través de la estancia y salen hacia el jardín donde se levanta la torre amarilla del recinto.

Se trata de la instalación A propósito del borde de las cosas, de Luis Felipe Ortega (Ciudad de México, 1966), que propone una lectura mucho más completa y compleja del espacio; además, la posibilidad de dialogar directamente con algunos conceptos de Mathias Goeritz, desde el formato y los puntos de fuga hasta la luz y los espacios en sombra.

Es una exploración que trabaja también a nivel conceptual, explicó Ortega sobre la exposición de sitio específico que se inauguró en el espacio universitario con un performance y que combinó danza, teatro y música contemporánea.

Foto: David Sánchez (servicio social).

Nuevos recorridos y experiencias se extienden en el museo, a partir de los emplazamientos escultóricos elaborados por el artista y con la curaduría de David Miranda, dentro del programa de exhibiciones de sitio específico del recinto.

Luis Felipe Ortega traza sobre el recorrido habitual del edificio otros nuevos caminos; él idea cerrar una ruta o constreñirla a partir de muros y, al mismo tiempo, se cuestiona qué hará el espectador ante ese gesto. “Mi pregunta es si el espectador cruzará o no, y por qué”. En ese punto se establece un juego mental con los otros cuerpos que Ortega, artista experimentado de la generación del grupo Temístocles, busca en la mayoría de sus obras, la reflexión al estilo Michel Foucault, sobre el cuerpo, lo político y lo material.

Es una lectura radical que abarca todas las salas de El Eco, desarrollada mediante nociones de penumbra y misterio, bajo la forma de una escultura habitable, detalló Ortega, quien, además de la teoría de Foucault, se nutre del trabajo de Samuel Beckett y de Toshiro Tanizaki para este proyecto. Sobre la estructura que cruza hacia el patio, el autor explicó que es la más significativa porque desarticula el recorrido funcional más importante del museo. A partir de ese punto de fuga entran en juego una serie de elementos que se mezclan y se contrarrestan, como la relación de peso y levedad. También comentó que la pieza albergada en la Sala Mont es una línea de luz que sirve para restar peso dentro del proceso de compresión al que ha sido sometido el espacio. “Quisimos convertir la Sala Mont en un pasillo muy estrecho, un espacio de mucho confinamiento pero a la vez lúdico; marcado con un gesto, un punto de fuga que la luz abre, descomprime”, dijo.

Sobre los muros de las salas también podrá verse una serie de dibujos con grafito que presentan trazos sólidos con líneas que, según el artista, sirven para generar ruidos.

Durante la inauguración se realizó la activación de la pieza a partir de la lectura de la obra La compañía, de Samuel Beckett, a cargo de José Luis Sánchez Rull. Al mismo tiempo se desarrolló un performance dancístico, en el que Tania Solomonoff y Anais Bouts propusieron nuevos recorridos entre los pasillos y muros del museo. Como componente decisivo, la música minimalista y experimental de Esteban Aldrete y Patricio Calatayud aportaron una atmósfera íntima.

Para el performance de danza, Ortega aclaró que pensó en bailarinas profesionales que, de ser necesario, podrían efectuar movimientos espectaculares pero en este caso redujeron su actividad al mínimo expresivo.

“Ellas transitaron por todo el museo, subieron a la Sala Mont y bajaron, o salieron al patio. Depende de en dónde se encuentre situado el espectador para saber qué parte del performance verá. Es como regresar el arte a una reflexión carnal, por medio de lo político e ideológico, donde al final toda la obra es un cuerpo”, concluyó.

A propósito del borde de las cosas se exhibe hasta el 27 de agosto. La entrada es gratuita.