Especie sombrilla

Cocodrilo, pilar de los ecosistemas

facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Lleva 200 millones de años en el planeta; para algunos autores estos animales son, junto con la aves, los últimos dinosaurios vivientes

Fernando Guzmán, 31 de julio de 2017

Desde hace 200 millones de años los cocodrilos viven en la Tierra; pero a principios de la década de los 60 del siglo pasado estuvieron a punto de desaparecer por la cacería indiscriminada, por el comercio no regulado de su piel y por la destrucción de sus hábitats.

En la antigua Mesoamérica eran conocidos como ain, en maya y cipactli o acuetzpallin en náhuatl. En México, el estudio científico de estos reptiles, que para algunos autores son –junto con las aves– los últimos dinosaurios vivientes, comenzó apenas a fines de la ya mencionada década.

Uno de los precursores en ese esfuerzo es Gustavo Casas-Andreu, investigador del Instituto de Biología y coautor de la Sinopsis de datos biológicos y ecológicos del cocodrilo de pantano (Crocodylus moreletii), especie que se encuentra desde el sur de Tamaulipas hasta Belice y Guatemala.

Otra especie que vive en México, en los márgenes del océano Pacífico, desde el norte de Sinaloa para abajo, en esteros, lagunas costeras y la parte interior de ríos, es el cocodrilo de río (Crocodylus acutus). Hay una tercera en el país: Caiman crocodilus chiapasius, que, aunque no es endémica de Chiapas, lleva dicho nombre porque sólo habita la costa de esa entidad mexicana y hasta el norte de Sudamérica.

Ante la explotación incontenible de su piel (gruesa y con un recubrimiento de queratina beta que le confiere mayor dureza a sus escamas) y la cada vez más escasa presencia de estos reptiles en sus hábitats naturales, la antigua Secretaría de Pesca y luego la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) decidieron apoyar a Casas-Andreu.

Pesquisas de datos sobre el cocodrilo de río en la reserva de la biosfera de Chamela-Cuixmala parecían indicar que estaba en muy malas condiciones en esa región de Jalisco. Esto llevó al especialista, quien también había estudiado a las otras dos especies, a proponer una veda para todos los cocodrilos de la nación, la cual se decretó en 1970.

“Con el tiempo, esta veda perdió fuerza porque no se hicieron estudios prospectivos, pero en su momento permitió, en forma natural, que crecieran las poblaciones de cocodrilos en México.”

Unidades de manejo

De las tres especies, Casas-Andreu ha estudiado más el cocodrilo de pantano, que se hizo famoso hace 40 años, cuando se lo llevaron a un zoológico de Atlanta, Estados Unidos, y por primera vez, en cautiverio, creció y se reprodujo.

Ello dio pie a la creación, en diferentes regiones de México, de granjas para su reproducción (la crianza de C. acutus en jaulas y acuaterrarios se ha dificultado), cuya piel trabajada en peletería es una de las más bellas de las 23 especies que viven en el mundo.

“A partir del surgimiento de esas granjas, llamadas unidades de manejo (UMAs), y cuyo propósito es la conservación sustentable de los cocodrilos, se decretó una ley que establece que sólo después de tres generaciones se les puede matar para trabajar su piel en peletería”, informó el investigador.

Hasta 2012 había registradas unas 25 UMAs en Campeche, Chiapas, Colima, Jalisco, Michoacán, Nayarit, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa, Tabasco, Veracruz y Yucatán, en diversas modalidades: exhibición, conservación, investigación y aprovechamiento. Sin embargo, sólo cinco funcionan como criaderos de ciclo cerrado; y de éstas únicamente dos están registradas ante la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres.

Poblaciones saludables

En 2012, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) comenzó a apoyar el estudio del cocodrilo de pantano. El área estudiada se dividió en cuatro grandes zonas: sur de Tamaulipas y norte de Veracruz, una parte de Tabasco, Campeche y Yucatán.

Un equipo del Instituto de Biología, integrado por Casas-Andreu y los entonces alumnos de posgrado Armando Escobedo Galván, Gabriel Barrios y Xóchitl Aguilar, trabajó cinco años y obtuvo un compendio sobre las poblaciones de esta especie en Tamaulipas y Veracruz.

“Uno de los resultados principales del programa de monitoreo de C. moreletii en México es que las poblaciones se encuentran saludables, con números estables en el ámbito nacional (cálculos efectuados por la Conabio señalan que hay entre 73 mil y 78 mil animales silvestres). Por su buen estado, esta especie ofrece un gran potencial para desarrollar proyectos productivos sustentables en beneficio de las comunidades locales”, apuntó Casas-Andreu.

Invasión de sus hábitats

En una investigación de Escobedo Galván se determinó que 50 por ciento del área de distribución del cocodrilo de pantano en México se encuentra en buenas condiciones ambientales; el resto, con diferentes grados de perturbación.

“Sin embargo, un problema grave es el contacto de aquél con los humanos. Ocurre en todas las partes donde han crecido las zonas turísticas, como la costa de Tamaulipas o Ixtapa-Zihuatanejo, en Guerrero. En el proceso de convertir zonas naturales en turísticas, a muchos cocodrilos se les ha matado y a otros se les ha llevado lejos. Pero como tienen buena orientación y mucha fidelidad por el sitio donde viven, han ido regresando.”

“Lo cierto es que nosotros le quitamos su territorio a la fauna silvestre, para construir edificios y zonas turísticas. Pero los animales tienden a recuperar lo que en forma natural es suyo. Por lo que se refiere a los cocodrilos, es inútil sacarlos y trasladarlos lejos, pues regresarán a sus hábitats naturales.”

Por lo anterior, concluyó Casas-Andreu, “Se requiere identificar plenamente el problema con los cocodrilos en cada región. Para eso habría que hacer, con base en estudios a detalle de los casos, un atlas que muestre dónde no construir porque podría haber ataques de estos animales”.

HUELLA PROFUNDA

Los cocodrilos son especies-sombrilla, es decir, ayudan a mantener la estructura y función de un ecosistema; en su caso, mediante la depredación selectiva, el reciclamiento de nutrimentos y el mantenimiento de refugios para la biota acuática, como un depósito de agua durante la temporada de sequías.

Con estrategia de acecho no sólo cazan pequeños animales (peces, crustáceos, tortugas, lagartijas, aves), sino también de gran tamaño (felinos y mamíferos domésticos como vacas, cabras y perros); asimismo, llegan a practicar el canibalismo con cocodrilos medianos y pequeños, y la necrofagia. Por otro lado, tienen una mortalidad muy alta en las primeras fases de su vida: de 90 a 95 por ciento de sus crías no pasan del primer año de vida.

Bien separados evolutivamente de los otros reptiles, a los cocodrilos se les relaciona con las aves. Como ellas, tienen cuidados parentales. La hembra hace el nido, pone huevos y contribuye a su incubación durante tres meses; además, los protege, así como a las crías, de depredadores (mapaches, garzas y peces, entre otros).

Sus órganos de los sentidos muy desarrollados –oídos, narinas y ojos– están en un mismo plano dorsal, lo que favorece sus hábitos anfibios. Estos animales cuentan con una excelente visión diurna y nocturna. La pupila de sus ojos es vertical, el iris es pardo, claro o plateado, y la retina, que tiene una capa llamada tapetum lucidum, refleja la luz (su destello color rojo amarillento permite identificarlos en la noche).

“Semiacuáticos, son grandes nadadores (se impulsan con movimientos sinuosos de su fuerte cola) y en tierra corren y galopan con el cuerpo levantado y sostenido por sus extremidades, como los mamíferos. Pueden caminar 20 kilómetros de un lugar a otro.”