Su estilo, precursor en el cine mexicano

Gabriel Figueroa, figura influyente en el trabajo de Leo Matiz

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Su universalidad, en la alta calidad de su obra y el uso particular de la luz

Kevin Aragón, 31 de agosto de 2017

Durante su estancia en México, el fotógrafo colombiano Leo Matiz se relacionó con distintos personajes de la comunidad artística, entre ellos el director de fotografía Gabriel Figueroa, con quien trabajó en los Estudios Churubusco, mantuvo un estrecho vínculo y tuvo la oportunidad de retratar, como puede apreciarse en la exposición Leo Matiz: El muralista de la lente. A cien años de su nacimiento 1917-2017, que se presenta en el Antiguo Colegio de San Ildefonso hasta el 17 de septiembre.

Foto: Julia Meza (servicio social).

Como parte de las actividades que acompañan esta muestra y para acercarnos a la labor de una de las mayores influencias del colombiano, se efectuó la conferencia La Sombra de Gabriel Figueroa: Iluminar con Sombras, a cargo de su hijo, el también fotógrafo Gabriel Figueroa Flores, quien señaló que su padre centró su obra en torno a la identidad mexicana, al trabajar de la mano de grandes directores y escritores, y que su universalidad radica principalmente en la calidad de su fotografía y uso particular de la luz.

Su estilo fue precursor dentro del cine mexicano, en el que supo conjugar distintas corrientes como el expresionismo alemán, la pintura flamenca, el muralismo mexicano y el cine ruso. En sus imágenes se percibe un sinnúmero de comentarios políticos y sociales del México de su época, como se observa en su participación en la cinta Los olvidados (Luis Buñuel, 1950).

Figueroa Flores explicó que las composiciones fotográficas son imágenes fijas que, en el caso de Gabriel Figueroa, tenían la facultad de introducir al espectador al sentido de las filmaciones en las que se perciben, de forma precisa, las intenciones, sentimientos y acciones de los personajes.

Los close up realizados por Gabriel Figueroa, influenciados por la pintura religiosa y el trabajo pictórico del holandés Rembrandt, tenían la capacidad de volver los rostros de sus personajes en iconos, imágenes de suma importancia que se incrustaban en el imaginario del pueblo, como el realizado en la última escena de la película Enamorada (Emilio El Indio Fernández, 1946), en que se hace un acercamiento a los ojos de María Félix, mismo que a la muerte de la afamada actriz mexicana en 2002 llegó a ser portada de varios periódicos en el ámbito nacional, señaló.

Para lograr que las luces y sombras tuvieran la elocuencia necesaria para su resultado dramático, el reconocido director de fotografía se valía de todos los recursos a su alcance, con un estudio premeditado de la iluminación de los lugares donde se filmaría.

Su uso de claroscuros servía para resaltar el clima de las escenas como en la película Macario (Roberto Gavaldón, 1960), en la que, contaba el fotógrafo, se tuvieron que encender tres mil velas cuando Macario es enjuiciado por la muerte, toma realizada en las grutas de Cacahuamilpa.

A final de la presentación la Fundación Leo Matiz rindió homenaje a Gabriel Figueroa, al mostrar una caricatura de éste sacada del archivo personal del fotógrafo colombiano, fechada en 1997, en la que éste escribió: “Para mi gran amigo y maestro Gabriel Figueroa, quien me enseñó a verlo todo y por eso vivo. Y que viva México”.