Primeras pistas de solución

Estudio para salvar de epidemia al camarón blanco

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Los investigadores encontraron que la microbiota de las especies cultivadas se ha modificado

Omar Páramo, 12 de octubre de 2017

Setenta por ciento de la producción mundial de camarón corresponde a la especie Litopenaeus vannamei (o blanco del Pacífico), la cual se ha visto severamente mermada por la epidemia del síndrome de la mortalidad temprana (EMS) que comenzó a causar daños en México desde 2013 y ha repercutido en pérdidas de miles de millones de dólares en el mundo y afectado la fuente de trabajo de millares de personas.

Sin embargo, un trabajo desarrollado en la UNAM ha empezado a aportar pistas sobre cómo combatir este padecimiento. “La clave está en saber cuál es el microbioma presente en el intestino y el hepatopáncreas de estos animales, tanto en los cultivados como en los silvestres, y determinar qué bacterias habitan en uno y otro”, explicó Adrián Ochoa Leyva, del Instituto de Biotecnología (IBt).

Con este propósito, el universitario y su equipo viajaron a las costas de Nayarit, donde este crustáceo vive de forma natural y con poblaciones sanas, y a una granja ubicada en el sur de Sonora, donde éstos son criados por humanos, pues es justo en estas condiciones artificiales en las que ha golpeado la epidemia.

“Buscábamos establecer qué bacterias existen naturalmente en el camarón en su estado normal, el océano, y cómo éstas se modifican en condiciones de cultivo intensivo, en las que el objetivo es reproducir y engordar al blanco del Pacífico para la venta comercial.”

Microbiota modificada

Al cotejar los resultados, Ochoa Leyva observó que la microbiota de los ejemplares cultivados está muy modificada, pues al administrarles alimento artificial y tenerlos encerrados en un ambiente controlado, perdieron muchos microorganismos benéficos. En contraste, el silvestre contaba con bacterias enriquecidas que, pensamos, pueden ayudar a controlar el mal, pues ésa fue la única diferencia detectada.

“Una de éstas es la Faecalibacterium prausnitzii, nunca antes encontrada en el microbioma de este crustáceo y muy común entre los humanos. Así, vimos que los organismos sanos la tenían enriquecida en su intestino, no así los enfermos. Fue la primera señal de que, potencialmente, esta bacteria podría estar protegiendo contra la pandemia del EMS.”

Por otro lado, los investigadores encontraron en el hepatopáncreas otra bacteria enriquecida en el animal sano pero disminuida en el enfermo, la Pantoea agglomerans, la cual ha sido utilizada para estimular el sistema inmune de otros camarones.

A partir de estos hallazgos, Ochoa Leyva y sus colegas han planteado que estos dos microorganismos tienen un gran potencial probiótico para tratar el síndrome de mortalidad temprana, lo que representa un gran avance.

“Nuestra propuesta es aplicar estas dos bacterias como estimulantes del sistema inmune del camarón y estamos por arrancar otro proyecto: hacer alimentos que modulen su microbioma para que la F. prausnitzii y la P. agglomerans se enriquezcan y obtener así un efecto protector contra enfermedades como el EMS y otras más recientes y con síntomas parecidos.

A la fecha, se sabe que la pandemia del síndrome de mortalidad temprana es ocasionada por un Vibrio parahaemolyticus que trae un plásmido con una toxina, pero el equipo de Ochoa Leyva encontró que además de esta bacteria, hay otras enriquecidas en los camarones afectados, por lo que el EMS podría ser una irregularidad del microbioma, es decir, una disbiosis debido a la presencia de otras bacterias dañinas para el blanco del Pacífico.

“Una de ellas es la Photobacterium angustum, asociada a enfermedades emergentes en peces, pero hasta el momento no en camarones. No obstante, observamos que en los crustáceos que están mal esta bacteria está enriquecida, por ello sospechamos que puede estar ayudando al auge del EMS o inclusive estar causando una nueva alteración con síntomas muy parecidos al EMS.”

Actualmente el equipo de Adrián Ochoa participa en una iniciativa financiada por la UNAM en la cual, desde 2015, analizan ejemplares cultivados a lo largo de varios años de producción.