Los desastres son naturales y resultado de un proceso socialmente construido

facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Síntoma de un manejo territorial inadecuado

IG, 12 de octubre de 2017

Es evidente la ausencia de una gestión integral del riesgo de desastres en México y que no estamos preparados para reducirlo, señalaron expertos de la UNAM, del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (Ciesas) y El Colegio de México, quienes se dieron cita en el Instituto de Geografía (IG) en el panel Desastres más allá de la Respuesta.

Los especialistas reflexionaron acerca de distintos aspectos del desastre ocasionado por los sismos de septiembre, para ejemplificar la construcción social del riesgo, la que resulta en gran medida de una serie de procesos generados por la interacción ambiente-sociedad y que están relacionados con la explotación de los recursos naturales, manejo del ambiente, uso del suelo, desarrollo urbano y ordenamiento territorial.

El modelo de crecimiento de la ciudad ha generado factores que inducen el riesgo de desastre “y no podemos continuar otorgándole un mayor presupuesto a la respuesta en contraste con la prevención”, puntualizó Víctor Magaña, del Instituto de Geografía.

En ese sentido, Hugo Delgado Granados, director de Geofísica, comentó que las actividades realizadas por el Servicio Sismológico Nacional son fundamentales debido a la alta sismicidad, pero no cuenta con un flujo continuo de presupuesto para operación y mantenimiento.

Servando de la Cruz, de Geofísica, explicó que los temblores recientes dispararon la actividad del volcán Popocatépetl, a raíz de lo cual los expertos también plantearon que para espacios sociales tan complejos como Ciudad de México y su zona conurbada es esencial crear escenarios multi-amenaza, que incluyan actividad volcánica, sismicidad, tsunamis, eventos hidrometeorológicos e inestabilidad de laderas, entre otros.

Para Gerardo Suárez, de Geofísica, la aplicabilidad del Sistema de Alerta Sísmica Mexicano depende de la dinámica sísmica y de la localización del epicentro de los terremotos, por lo que, como fue evidente en el sismo del 19/S, hay una urgencia de establecer estrategias de prevención que incluyan códigos de construcción adecuados y con carácter de obligatoriedad, complementados con una educación sólida.

Afirmó también que es clara la falta de liderazgo y responsabilidad del gobierno federal para el manejo de los sistemas de alertamiento y el establecimiento de una normatividad que especifique las validaciones técnicas, de tipo ingenieril y social, su estructura funcional y de responsabilidades.

Sobre los edificios derrumbados por el movimiento telúrico, Eduardo Reinoso, del Instituto de Ingeniería, recordó que desde 2010 se informó que varias construcciones no contaban con planos o bitácoras que permitieran saber su estado, por lo que instó a la sociedad a que antes de comprar un departamento revise el año de edificación y pida los planos para tener mayor seguridad.

Pablo Benlliure Bilbao, del posgrado de Urbanismo de la Facultad de Arquitectura, consideró que más allá del boom inmobiliario del que se habla en delegaciones como Benito Juárez, es necesario verificar la seguridad y pedir un certificado de construcción segura.

“Se puede exigir que los inmuebles se hagan realmente con un cumplimiento del reglamento, eso evitaría muchos problemas.”

Para Arturo Iglesias Mendoza, de Geofísica, los debates sobre estructuras colapsadas no se hubieran dado sin el sismo del 19 de septiembre. “Somos centralistas, pensamos en Ciudad de México, y tenemos que encontrar la manera de que todo funcione mejor y llevar estas reflexiones a otras urbes”.

Desde la perspectiva de la percepción del riesgo, Javier Urbina, de la Facultad de Psicología, hizo mención del mito de la invulnerabilidad personal, que significa que aceptamos que “es probable que pase algo, pero que no me va a afectar a mí”. No se percibe el peligro y no nos preparamos para ello.

Comunicación

Se trató asimismo la relevancia de la comunicación del riesgo desde diferentes vertientes. Xyoli Pérez Campos, jefa del Servicio Sismológico Nacional (SSN), dijo que además de la labor del monitoreo y documentación de la actividad sísmica, el SSN incluye en su misión ser un referente de la difusión y divulgación de la información sismológica, lo que no es tarea fácil y es un reto con la estructura actual.

Ana Rosa Moreno, de Medicina, expresó que en situaciones de desastre la comunicación de riesgos incluye además de la parte científica y técnica, la parte emocional. La falta de credibilidad en las instituciones da lugar a que los medios de comunicación y las redes sociales sean las instancias que toman el papel central en este proceso.

Para Javier Urbina es necesario hacer una distinción entre el trabajo noticioso o meramente informativo y las estrategias de comunicación de riesgos, estas últimas como un proceso estructurado y permanente, que considere las diferentes audiencias.

Los desastres se pueden prevenir si hay un ordenamiento territorial y una gestión integral de riesgo de desastres. El ordenamiento del territorio es la asignación planificada y regulada del uso del suelo y ayuda en la reducción del peligro mediante el establecimiento de criterios y elementos que contribuyen a saber qué, cómo y dónde construir, indicó Oralia Oropeza, de Geografía.

Los atlas de riesgo que son elaborados con un rigor científico son referentes obligatorios y herramientas fundamentales para el ordenamiento territorial. Este último requiere de procesos comunitarios participativos, abundó.

De acuerdo con Sergio Puente, de El Colegio de México, la normatividad relacionada con la protección civil en México es muy sólida; sin embargo, no se lleva a la práctica. La política pública requiere la eficiencia y equidad en el manejo de recursos; debe ser transversal, vinculante entre sectores y con un sentido de corresponsabilidad.

“El desastre da la oportunidad de realizar una reconstrucción y de repensarnos de manera diferente como sujetos y como sociedad.”

Gobernanza

Para Jesús Manuel Macías, del Ciesas, la gobernanza del riesgo implica que hay una definición clara de la responsabilidad del ámbito gubernamental en la protección de los miembros de la sociedad, en sus vidas y bienes, y de utilizar los conocimientos de la ciencia para gestionar medidas de reducción de riesgo. “Es una obligación y una responsabilidad que debe ser observada indefectiblemente”.

Asimismo, se hizo referencia a que la de Ciudad de México no es una sociedad sustentable, pues la apropiación artificial que se hace de la naturaleza no tiene la capacidad de garantizar sus insumos de energía y alimentos para poder reproducirse. Una ciudad puede ser resiliente pero no después de un desastre.

Para finalizar, Irasema Alcántara, de Geografía, destacó que el desastre es una oportunidad de transformar a la sociedad y transitar de una política de respuesta hacia una gestión integral del riesgo de desastres. “Una de las tareas que tenemos pendientes en la sociedad es evitar la construcción de nuevos riesgos”.