Nadie va a venir a salvarnos: Savater

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Charlas de Benito Taibo y Miguel Alcubierre en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara

Daniel Francisco y Fabiola Méndez, 04 de diciembre de 2017

Pasará todo lo que dejemos que pase. Nadie va a venir a salvarnos desde ninguna parte. Los hombres libres no se preguntan ¿qué va a pasar?, sino ¿qué haremos?, señaló el filósofo español Fernando Savater durante el homenaje que se le rindió en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

El Doctor Honoris Causa de la UNAM expuso que lo mejor que le ha pasado en la vida es enseñar a los jóvenes, y ante un auditorio lleno que le aplaudió de pie, expuso que los grandes sabios no saben enseñar porque no entienden la ignorancia de los demás, “se impacientan con los alumnos”.

En el acto participaron Juan Villoro, Jorge Volpi, Ricardo Cayuela y Carlos Revés, quienes recordaron que Savater fue amenazado de muerte por sus ideas, pues el grupo terrorista ETA lo obligó a vivir rodeado de un cuerpo de seguridad por mucho tiempo.

El autor de El jardín de las dudas citó un verso de El Cantar de Mio Cid: “lengua sin manos, no eres de fiar”, pero el pensador mencionó que ha intentado ser una lengua con manos.

Con respecto a la tarea del educador, Savater precisó que los maestros acercan a la gente común el pensamiento de los grandes filósofos. “Existe la búsqueda de una duda creadora, no paralizadora, que te deje sin saber por dónde salir”.

Fernando Savater, Miguel Alcubierre y Benito Taibo. Imágenes: Barry Domínguez y Francisco Medina.

La ciencia

Como una charla entre dos entrañables amigos que exponen las razones por las que les apasiona su profesión, es como se dieron las intervenciones del astrofísico Miguel Alcubierre Moya y el novelista José Gordon en el ciclo de conferencias La FIL También es Ciencia.

El titular del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM siempre se ha interesado en la ciencia-ficción, pero la optimista, “aquella que lleva a las civilizaciones a extenderse por el universo”; la pesimista no le gusta, “aquella que muestra un mundo destruido no me agrada, somos lo suficientemente inteligentes para resolver los problemas que se presenten”.

Para el divulgador José Gordon, “la ciencia y la ciencia-ficción bailan una danza en la que una a una se retroalimentan”. El ensayista y traductor desde temprana edad exploró en la poesía la sensación de asombro, “la ciencia aborda lo que exploré en la literatura, hay un humor en la ciencia y en la literatura hay una imaginación que se expresa al pensar un mundo más allá de lo sentidos”.

Y así, en minutos, se refirieron a la métrica del Warp Drive, primer artículo científico de Alcubierre Moya inspirado en la ciencia-ficción, el increíble descubrimiento de las ondas gravitacionales a través de los sismógrafos, y en lo que el científico se ha interesado en los últimos años y que considera “una nueva ventana de la astronomía”.

Cien años de soledad

Cuando se lee no puede uno sustraerse o quedarse con lo leído, regodeándote, debe salirse inmediatamente a la calle y exponerlo, “le dices a todos que te ha cambiado la vida”, afirmó Benito Taibo, director de Radio UNAM.

En la charla A 50 años de Cien Años de Soledad, en el marco de la FIL, el escritor y poeta, acompañado de Elena Poniatowska y Tania Libertad, apuntó que al leer la obra cumbre de Gabriel García Márquez a los 17 años de edad le cambió la vida, “nos volvimos locos, nos enamoramos hasta el derretimiento”.

Él y sus cinco amigos la recomendaban a todo aquel que estuviera en su camino, “a recetarla como si fuéramos médicos”. Pero algo más tenían que hacer con esa novela fundamental.

Así que a alguien se le ocurrió plantar el libro en un parque para que saliera “un árbol inmenso, colorido, espectacular”. El Parque México fue el sitio elegido, y después de 25 años acudieron a ese lugar a buscar el árbol de Cien años de soledad, y “ante nuestro asombro y absoluta sorpresa vimos que había unos baños públicos”.

Taibo confesó que la anécdota se la contó a Gabo, quien “se murió de la risa, y un poco más serio se me acercó al oído y me dijo ‘Benito, lo plantaron al revés”.