Doctorante del IIBm trabaja en la investigación

Primera hormiga mutante del mundo

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El objetivo fue demostrar que la conducta social de estos formícidos está vinculada a su sistema olfativo, tan complejo que tiene 10 veces más sensores que el de la mosca

Leticia Olvera, 26 de febrero de 2018

Un artículo de la investigación correspondiente
fue publicado como nota principal en la revista
científica internacional Cell.


Leonora Olivos Cisneros, exalumna de la Preparatoria 8 y de la Facultad de Medicina y especialista en investigación en la Universidad Rockefeller, Estados Unidos, colabora en un estudio que busca entender la conducta social de las hormigas y que creó los primeros formícidos mutantes del mundo; de este proyecto se derivó un artículo publicado como nota principal en la revista científica internacional Cell.

La doctorante del Instituto de Investigaciones Biomédicas (IIBm) se dijo afortunada de la formación que tuvo en la Universidad Nacional. “Soy puma y me siento agradecida de los conocimientos que adquirí, porque eso me permite hacer ciencia de primer mundo con investigadores de distintas nacionalidades”.

Olivos Cisneros es coautora del artículo “Orco mutagenesis causes loss of antennal lobe glomeruli and impaired social behavior in ants” (La mutagénesis de (la proteína) orco causa pérdida de glomérulos del lóbulo antenal y altera el comportamiento social de las hormigas), trabajo dirigido por Daniel Kronauer, jefe del Laboratory of Social Evolution and Behavior (Laboratorio de Evolución Social y Conducta) de la Universidad Rockefeller.

En ese espacio es donde actualmente labora y ahí se decidió estudiar a estos insectos como un modelo biológico de investigación con estructura social (las hormigas tienen como sistema de comunicación el olfato).

La conducta social de los insectos ha sido de interés para muchos científicos; no obstante, hasta ahora no hay un modelo para analizarla, porque el insecto que está más caracterizado es la mosca de la fruta, pero no tiene una organización social, expuso.

“En las hormigas la comunicación es muy interesante, se basa en señales químicas llamadas feromonas, y como evidencia de la complejidad del sistema olfativo con el que perciben estas sustancias, podemos decir que tienen 10 veces más sensores olfativos que la mosca.”

Generalmente, en los insectos los receptores olfativos dependen de una proteína denominada orco, y “nosotros generamos una hormiga deficiente en ésta para anular la función de todos sus receptores; al no operar debido a la mutación, demostramos la importancia que tienen para la comunicación”, abundó.

Las hormigas mutantes presentaron una conducta atípica: por ejemplo, en ciertas fases de su desarrollo forman nidos para proteger a sus crías, y las mutantes no se incorporaron a esta actividad, más bien, fueron bastante antisociales.

Además, prosiguió, las hormigas dejan rastros de feromonas que otras siguen y las mutantes no podían percibirlos; por lo tanto, no seguían a las demás. “También vimos que la estructura en su cerebro denominada lóbulo antenal, donde se ubica el olfato, estaba completamente atrofiada y reducida en tamaño”.

Trabajo único

Olivos Cisneros aseguró que generar este tipo de mutantes en insectos sociales es muy difícil por su ciclo de vida (de acuerdo con la especie, puede durar desde unas semanas hasta varios años). “A la comunidad científica le sorprendió que lo hayamos logrado en laboratorio con situaciones controladas”.

Para modificar su genoma, los científicos usaron la técnica de edición genética basada en las herramientas que utiliza el sistema inmune bacteriano (CRISPR, por sus siglas en inglés). “Son como unas tijeras moleculares y las adaptamos para hacer esta mutación genética en insectos sociales”, resumió Olivos Cisneros.