En vísperas de las elecciones de julio

Alerta especialista sobre lo que se lee y se ve en la web

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Recomienda ejercer su criterio, usar otras fuentes de información, comparar y construir una idea propia

Laura Romero / Fabiola Méndez, 16 de abril de 2018

En Estados Unidos, Twitter sirvió para construir el triunfo electoral de Donald Trump. En México podría ocurrir algo similar si no se elimina o por lo menos se reduce el riesgo de una credulidad ciega en las redes sociales, afirmó Fabián Romo, director de Sistemas y Servicios Institucionales de la Dirección General de Cómputo y de Tecnologías de Información y Comunicación (DGTIC).

Todo parte de la educación: que la gente sea más consciente y reflexione lo que ve. Si bien es difícil dejar de utilizar o ignorar las redes sociales, los usuarios sí pueden ejercer su criterio, usar otras fuentes de información, comparar, y construir su propia idea de los hechos. Esto ayudaría a disminuir la posibilidad de que el proceso electoral en el país se vea influenciado por agentes externos con intereses propios, como fue el caso en la Unión Americana.

Los bots

En México el nivel de penetración de la tecnología y la utilización de las redes sociales son distintos a los del vecino del norte. Además, no todos los mexicanos tienen un teléfono inteligente, y sólo 70 por ciento de la población tiene conexión a Internet de forma permanente.

No obstante, “instituciones como la UNAM, con su prestigio e historia, son las principales voces para hacer un llamado a la población de que no se deje llevar a la primera, de que reflexione, piense, compare, y sólo entonces, después de un análisis, tome una decisión, en lugar de optar por el camino fácil de lo que digan 20 bots”.

Al respecto, Romo explicó que hay bots desde hace muchos años como usuarios falsos. En el caso de las redes sociales, la mayoría de ellos no son generados de manera automática, sino que hay empresas dedicadas a vender seguidores.

Hasta finales del año pasado, según estudios de universidades de Estados Unidos y Europa, se calculaba que no menos de cinco por ciento y hasta 15 o 17 por ciento de las cuentas en redes sociales no tienen a un humano detrás. La cantidad es variable; Instagram, por ejemplo, detectó en 2014 que había muchos usuarios fantasma, sobre todo porque había artistas, disqueras o promotores que compraban seguidores. Hacer una verificación ocasionó que un artista canadiense, con cerca de 3.5 millones de seguidores, perdiera a la mitad de ellos, pues no eran reales sino bots.

Hoy en día, los bots no se limitan a engrosar el número de usuarios, sino que generan likes e, incluso, comentarios que siempre son los mismos. “Esto se ha convertido en un negocio”, señaló Romo.

El caso de Estados Unidos no fue el primero. El peso de los usuarios falsos ha sido muy importante en diversas campañas políticas, como la del Brexit, que determinó la salida del Reino Unido de la Unión Europea; “se sabe que se generaron bots en otros países para incidir en la opinión de los votantes”.

Los bots son programados por las empresas con base en analítica social, como ocurrió con Cambridge Analytica y el escándalo de Facebook.

Los perfiles, los datos personales y no personales, los likes, los gustos y preferencias, la formación académica de las personas, forman un cúmulo de datos importante para esas empresas, pues los estudian y sintetizan para determinar que en cierta comunidad el perfil educativo y la tendencia política es una. Si quieren revertir esa tendencia o reforzarla, ya saben qué tipo de mensajes deben hacer llegar. De ello se encargan los bots.

Por eso, los usuarios falsos o el software que genera esos mensajes afectan la credibilidad de las redes sociales, la transparencia o la confianza en lo que se publica. Todo ello ha causado que algunos artistas y políticos limiten o eliminen su participación en las redes sociales.

Ellas, aclaró el especialista, son un negocio, no un “servicio social”. Sus clientes no son los usuarios sino los anunciantes que pagan por tener presencia en esas redes. Internamente, Facebook, Instagram o cualquiera otra red social hace una analítica propia para presentar anuncios a la gente adecuada. “Ya saben cuáles son los usos y costumbres de cada quien, qué compra, cuáles sitios visita, qué cosas le interesan, los temas que llaman su atención y con base en ello le hacen ‘recomendaciones’ de, incluso, un candidato a un puesto de elección popular”.

Un caso concreto

Cambridge Analytica realizó un estudio más científico, más preciso, hasta de las fotografías que comparten los usuarios, para hacer sus perfiles psicológicos y establecer una comunicación que va más allá del marketing directo, convirtiéndose en uno personalizado.

Por ello, como usuarios hay que saber que lo que se lee, se escucha o se ve en el ciberespacio puede ser verdadero o falso. Además, sí se tienen que cambiar regularmente las contraseñas, las cuales no deben ser fáciles de adivinar ni compartirse con nadie para evitar el robo de identidad, lo que sí constituye un delito a diferencia de los bots. Y lo más importante es tratar con cuidado lo que se dice y se publica, partiendo de simples preguntas: si es necesario decirlo, si es cierto y si no afecta a alguien, incluido “yo mismo”.

En la red profunda, o deep web, que está oculta a los buscadores tradicionales, hay una enorme cantidad de información de las redes sociales, “personas que ni conocemos trafican con nuestra información y la procesan para algún propósito”.

La buena noticia es que así como tenemos el poder de cambiar de canal de televisión o de estación de radio, podemos dejar de publicar en las redes o, por lo menos, pensar mejor lo que compartimos”, finalizó Romo.

SIN SEGURIDAD GARANTIZADA

Las redes sociales no están garantizando en sus plataformas las propiedades de seguridad básicas, como la verificación de autenticidad de un usuario.

Un estudio del Pew Research Center analizó cómo se transmite la información en Twitter y encontró que la mayor parte de las interacciones se realizan desde cuentas manejadas por robots.

El amplio uso de bots como herramientas de publicación automática, que incluso pueden tener algún grado de interacción con el usuario, es quizá uno de los factores que más ha alterado la dinámica de difusión de contenido e información en Internet y en las redes sociales. “Desde la proliferación de estas últimas, hace algunos años, nos dimos cuenta de que, además de los beneficios que representaban, eran un gran riesgo”, afirmó Leobardo Hernández Audelo, maestro en Ciencias de la Computación por la UNAM.

Para el especialista en seguridad informática y criptografía no es algo nuevo, “las redes se saturan de mensajes generados por perfiles falsos”. Estas herramientas pueden ser utilizadas para resolver preguntas frecuentes de servicio al cliente o facilitar transacciones en comercios, pero también resultan particularmente útiles a la hora de difundir información falsa o sumar seguidores en cuentas para darle un mayor perfil y alcance a determinados actores.

Hernández Audelo mencionó que lo ocurrido actualmente en las redes sociales es consecuencia del uso indiscriminado, inconsciente y sin reservas de la información personal, y de la falta de mecanismos de verificación de la identidad. “Es muy fácil que un programa de computadora maneje un robot para desorientar a la opinión pública u orientar a ciertos sectores de un producto”.

Para el experto, las redes sociales de todo tipo no están garantizando en sus plataformas las propiedades de seguridad básicas, como la verificación de autenticidad de un usuario. “Hay una carencia de control de seguridad y se seguirán presentando escándalos como los que hemos visto con Facebook y Twitter si no se trabaja en mecanismos de protección”.

La difusión de que dos terceras partes de los mensajes en Twitter con vínculos a sitios son originados por bots desprestigia a esa plataforma, pero no incidirá en que se siga usando, “estamos tan apegados a la red social que eso no será significativo. Tal vez se refleje unos días en la bolsa de valores, pero no disminuirá su uso”, precisó Hernández Audelo.

Este asunto no hará mella en Twitter como plataforma, no desaparecerá ni dejará de ganar dinero; quizá las preferencias se mantendrán reservadas, pero nada pasará. Tal vez lo único positivo, considera el especialista, es que los usuarios no verán a las plataformas como la verdad absoluta: “se creía que eran incorruptibles frente a otros medios, ahora las personas, espero, tendrán más cuidado en cuanto a la información que ahí se publique”.

Deseó que este tipo de eventos sirva para mejorar los controles y mecanismos de seguridad y así tener un sistema digital más confiable.


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