Joya de la arquitectura ecléctica

Casa Universitaria del Libro, un proyecto cultural vivo

facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

En los últimos dos años se han realizado más de 300 presentaciones de libros, exposiciones, conferencias y diplomados, abiertos a todo público

Mirtha Hernández, 04 de junio de 2018

La Casa Universitaria del Libro (Casul), ubicada en la colonia Roma, es símbolo de la hermandad entre México y España y de la apertura universal que caracteriza a la Universidad Nacional.

El inmueble, joya de la arquitectura ecléctica, es propiedad del Centro Asturiano de México, pero desde 1986 lo dejó bajo el cuidado de la Coordinación de Humanidades de la UNAM –por medio de un comodato–, como muestra del agradecimiento que los migrantes españoles tienen hacia nuestro país y hacia esta casa de estudios, por haberlos acogido antes y durante el franquismo.

“Se decidió cederlo a la Universidad en agradecimiento a la generosidad de México y en reconocimiento a su trascendencia en el ámbito cultural. Se quería que fuera un proyecto cultural importante; y sí, el comodato nos ha dado la posibilidad de tener nuestra casa viva”, expuso Aurelio González, integrante de la Comisión de Cultura de la Junta Directiva del Centro Asturiano.

Más de 20 mil visitantes

Ubicada en las calles de Orizaba y Puebla, en los últimos dos años aquí se han realizado cerca de 300 actividades académicas, como presentaciones de libros, talleres, diplomados, conciertos y mesas redondas, abiertas a todo el público, con una asistencia de más de 20 mil visitantes, informó la coordinadora de Divulgación y Publicaciones de la Coordinación de Humanidades, Malena Mijares.

“La comunidad asturiana está feliz porque la casa está en buenas condiciones, y viva. De común acuerdo se decidió darle una nominación relacionada con el libro, eso ya le imprime una vocación cultural y humanística”, resaltó.

Asimismo, la Universidad es una de las más grandes editoriales de América Latina y con una gran tradición, con lo que también se honra a maestros del exilio español.

“Si en algún lugar el exilio republicano encontró un hogar, fue en la Universidad Nacional Autónoma de México, que le debe mucho a sus maestros. Hay diversas generaciones de filósofos, botánicos, médicos, abogados y literatos que tuvieron profesores que los marcaron, y eran parte del exilio”, agregó.

En ese sentido, la Casa Universitaria del Libro, además de ser un símbolo de hermandad entre México y España, lo es también “de la apertura universal que caracteriza a nuestra casa de estudios”, remarcó.

El inmueble fue construido entre 1920 y 1925; la fachada está revestida de cantera labrada.

El recinto

El inmueble fue construido entre 1920 y 1925. La fachada de sus tres niveles está revestida de cantera labrada y en su interior cuenta con diversos vitrales.

Al ingresar, los visitantes acceden a un gran recibidor hexagonal irregular, de iluminación agradable, y pueden ascender a diferentes salas por una escalera con un vitral emplomado. Los pisos de granito combinan dibujos de color negro, rosa, blanco y crema, que simulan el giro de un enorme molino.

De acuerdo con información de la UNAM y del Centro Asturiano de México, la edificación perteneció a Joaquín Baranda MacGregor y a su esposa Dolores Luján, quienes la rentaron a la embajada de Brasil de 1940 a 1945.

En abril de 1945 el Centro Asturiano compró el inmueble y un terreno de dos mil 293 metros, por 750 mil pesos. Junto a la casona construyó un edificio anexo con restaurante, salones de fiesta y boliche, que fue su sede social hasta 1985, cuando inauguraron otro.

“El Centro no deseaba deshacerse de la casona, pero no queríamos que se convirtiera en un banco o restaurante, sino que tuviera una actividad acorde con su belleza. Se pensó que la UNAM era la institución idónea para su cuidado, y cuando planteó convertirla en la Casa Universitaria de Libro, nos pareció que era lo mejor”, aseveró Aurelio González.

Difusión y promoción

Para esta casa de estudios, prosiguió Malena Mijares, el inmueble representa la oportunidad de tener un espacio de difusión y promoción de la cultura impresa fuera del campus universitario, en un barrio de gran vitalidad como la colonia Roma.

Se busca que la población la identifique como un centro cultural vivo: un espacio adecuado para exposiciones, obras de teatro, proyecciones de cine y conciertos, que permitan generar vínculos sociales con quienes viven a su alrededor. En septiembre de 2017, por ejemplo, también fue centro de acopio de donaciones para damnificados por los sismos.

El 2 de junio se inauguraron las Jornadas Cervantinas, en colaboración con la Fundación Ferrer, y en octubre habrá actividades como parte del homenaje nacional a Juan José Arreola, a cien años de su nacimiento.

Además, se espera que en los meses próximos el Centro Asturiano de México –con 14 mil socios que representan a unas 30 mil personas, entre asturianos y sus descendientes– coloque una placa conmemorativa por el centenario de su fundación.