A 500 años de la llegada de Cortés a Chalchicueyecan

Este hecho dio inicio a un proceso político-militar que culminaría con la caída de la Gran Tenochtitlán y la conquista de México

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La noche del 21 de abril de 1519, la tercera expedición española a la Tierra Firme, capitaneada por Hernán Cortés, atracó frente a la costa de Chalchicueyecan, hoy Veracruz, hecho que dio inicio a un proceso político-militar que culminaría con la caída de la Gran Tenochtitlán y la conquista de México.

A 500 años de este trascendental acontecimiento, Patrick Johansson, investigador del Instituto de Investigaciones Históricas y profesor titular del Seminario de Cultura Náhuatl de la UNAM, asegura que la presencia española en estas tierras representó un trauma para el mundo mesoamericano.

“De hecho, esta presencia empezó, de manera tangencial, un poco antes, con Juan de Grijalva, capitán de la expedición de 1518, que fue repelida por los pueblos mayas de Campeche y Tabasco.”

Nota Llegada de Cortés a Chalchicueyecan imagen destacada

Johansson considera poco probable que Moctezuma Xocoyotzin, huey tlatoani mexica, hubiese tenido noticias de la expedición de Francisco Hernández de Córdoba en 1517 y mucho menos de la presencia de Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar en la península de Yucatán como consecuencia de un naufragio en 1511. De Grijalva y sus hombres no hay duda: en el río de Banderas fueron recibidos por enviados de Moctezuma Xocoyotzin, quien les hizo llegar regalos. Días después, los españoles abordaron sus naves y se fueron.

“Tlilancalqui, un enviado de Moctezuma Xocoyotzin, había ido a la costa y observó a los españoles. Cuando regresó a México-Tenochtitlan, relató lo que había visto. El huey tlatoani le pidió que repitiera su relato delante de un tlacuilo (pintor, escriba y sabio). Así fue como surgió el primer retrato hablado de la historia de México”, indica el historiador.

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Regreso mítico

Se supone que ce ácatl (1 caña), año del arribo de Cortés, coincidía con el mítico regreso de Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl, aunque este aspecto de la historia no está muy claro. El nexo mítico-histórico que vincula a Quetzalcóatl con los mexicas es probablemente la piedra en la que descansó el dios tolteca en su huida a Tlillan-Tlapallan, “el lugar de lo negro, de lo rojo”, es decir, el este, por donde precisamente aparecerían los españoles.

Desde el punto de vista mítico, Cópil, hijo de la luna, quería matar a Huitzilopochtli, su tío, porque había dejado abandonada a Malinalxochitl, su madre. Huitzilopochtli sacrificó a Cópil y le pidió a Cuautlequetzqui, su ayo principal, que llevara consigo el corazón sacrificado del hijo de la luna, se parara sobre la piedra en que había descansado Quetzalcóatl en su camino a Tlillan-Tlapalan y lo arrojara al lago. De este corazón “sembrado” en el fondo del lago brotó el tenochtli, tunal selénico sobre el cual se posaría después el águila solar.

“La historia de los mexicas, un pueblo nómada que se estableció en una isla del lago de Texcoco, en un lugar controlado por los toltecas después de la diáspora de Tula, se articulaba en torno al mito de Quetzalcóatl, de modo que cuando Cortés llegó, Moctezuma Xocoyotzin suponía que era Quetzalcóatl”, dice Johansson.

De acuerdo con el historiador universitario, el encuentro entre Moctezuma Xocoyotzin y Cortés fue decisivo para esclarecer la opinión que el huey tlatoani tenía sobre el capitán español.

“En el libro XII del Códice Florentino se lee el diálogo que, con la ayuda de la Malinche, entablaron estos personajes, pero está demasiado pulido para que refleje lo que se dijo realmente. Lo importante es considerar que la llegada de los españoles a Mesoamérica fue externa y contingente. Ellos venían de fuera y pudieron no haber llegado. Es la historia tal y como la configuramos en el mundo occidental. Pero desde el punto de vista indígena, no había nada totalmente externo ni contingente. Todo tenía que ser interno y necesario. De ahí que los mexicas hayan percibido la llegada de los españoles como algo que tenían que integrar a su historia. Creían que debía estar inscrita en sus libros. Y en vez de oponerse a los españoles en términos militares, voltearon hacia el pasado y les preguntaron a sus tlacuilos sobre ese suceso. Si estaba ocurriendo era porque tenía que haber ocurrido. Era algo interno y necesario.”

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Integración

El tiempo mexica era cíclico (cada 52 años había borrón y cuenta nueva). El tiempo occidental correspondiente al Renacimiento era lineal, con una trayectoria hacia el futuro. Se trataba de dos visiones del mundo, de dos modos de pensar que se enfrentaron verbal y conceptualmente.

En vez de luchar para repeler a los invasores, como lo hicieron los mayas, y después de haber tratado de disuadir, mediante obsequios y hechicerías, a los españoles de venir a México-Tenochtitlan, Moctezuma Xocoyotzin optó por recibirlos.

Por su parte, Cortés, quien era maquiavélico en términos políticos y estratégicos, aplicó al pie de la letra esta filosofía: hizo alianzas con los tlaxcaltecas y otros pueblos enemigos de los mexicas u oprimidos por ellos.

Se dice que Moctezuma Xocoyotzin era débil y medroso, pero Johansson sostiene que más bien era una persona inteligente, valiente, sensible y sumamente religiosa.

“La cognición occidental es analítica, conceptual, trascendente. La cognición indígena está asociada al sentir. Moctezuma Xocoyotzin se regía antes que nada por el sistema cognitivo-sensible que imperaba en el mundo indígena, y por la mitología correspondiente. En este contexto, en un primer tiempo, quiso integrar la aparición de los españoles a su modelo cognitivo.”

En opinión del historiador, resultaba relativamente sencillo repeler la invasión de los españoles, pero Moctezuma Xocoyotzin dudó en términos religiosos o conceptuales, y no reaccionó adecuadamente frente a los determinismos de la historia.

“El huey tlatoani de México-Tenochtitlan fue una figura trágica en una encrucijada: tenía que escoger y no pudo hacerlo. En un pasaje notable de la Historia general de las cosas de Nueva España se lee que, al ver que era irremediable encontrarse con Cortés, Moctezuma Xocoyotzin les preguntó a sus sacerdotes a dónde podía ir para escapar de su destino. ‘Al Mictlán, a Tonatiuh ichan, a Tlalocan o a Cincalco’, le contestaron. Es decir, le sugerían morir.”

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Imposición

Otro aspecto que influyó en la actitud de Moctezuma Xocoyotzin fueron las ideas en torno al curso de los astros y a las fechas calendáricas mitológicas en las que quería dominar a Cortés.

‘Si la llegada de Cortés estaba integrada en su calendario, si lo tenía contemplado de manera cronológica, podía poseerlo. Pese a todo, la mentalidad y la lengua de Cortés se impusieron. A partir de ese momento, el imperio español se convirtió en el más grande del mundo”, afirma Johansson.

Con los españoles llegó a Mesoamérica un dios único y, con él, una visión del mundo radicalmente distinta. El dogma cristiano es: “Dios dijo esto y tú tienes que creer y obedecer.” En el mundo mesoamericano, la cosa no era así. Los indígenas sentían la religiosidad inmanente de la naturaleza. Para ellos, la tierra-madre, el aire, el viento, las nubes, la lluvia, todo era la divinidad, y la sentían con los mitos y los rituales. No decían a nadie: “Tienes que creer.” Su visión religiosa de la vida no era una explicación, sino una implicación.

“El hombre occidental trascendía, como su dios. En cambio, el hombre mesoamericano se expandía, formaba parte del mundo, incluso en términos ontológicos, porque estaba metido en él como las plantas y los animales. Sin embargo, a partir de la llegada de los españoles, la relación de los indígenas con el mundo cambió por completo. Se impuso la trascendencia, el progreso tecnológico, el alfabeto que rompió su cuadro expresivo, su lengua.”

Conmemoración

Según el historiador, el hecho que conmemoramos debe verse en términos históricos y no en términos afectivos; de otra manera nos perderemos.

“Un mundo que venía de fuera penetró (también en el sentido sexual de la palabra) otro mundo que esperaba algo y lo fecundó. Los mexicas vivían por ciclos de 52 años. ¿Qué esperaban al fin y al cabo? La muerte. Ellos pensaban que iban a morir y que debían vivir en función de esa muerte. Era toda una filosofía de la vida. Los españoles los conquistaron porque esperaban algo. Fue el encuentro de un mundo que esperaba y un mundo que avanzaba”, finaliza.

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