¿DÓNDE ESTABAS CUANDO
ARMSTRONG PISÓ LA LUNA?

Varios académicos e investigadores universitarios responden a esta pregunta y también nos comparten lo que sintieron ante tal hazaña ocurrida hace ya medio siglo.

¿DÓNDE ESTABAS
CUANDO ARMSTRONG
PISÓ LA LUNA?

Varios académicos e investigadores universitarios responden a esta pregunta y también nos comparten lo que sintieron ante tal hazaña ocurrida hace ya medio siglo.


 

“Yo estudiaba el tercer año de preparatoria en la Escuela Moderna Americana. La llegada del hombre a la Luna significó para mí un acontecimiento singular porque en julio de 1969 me gradué. En la graduación me tocó hablar por todos los estudiantes de mi generación, y el tema que abordé fue precisamente ése: la llegada del hombre a la Luna y los acontecimientos que son hitos en la historia. En mi opinión, ese viaje espacial fue la culminación del esfuerzo del ser humano por mover aun más lejos las fronteras del conocimiento.”

Linda Rosa Manzanilla Naim
Investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM

Despegue del Apolo 11. Foto: NASA.

Despegue del Apolo 11. Foto: NASA.
Despegue del Apolo 11. Foto: NASA.


“Cuando tenía unos ocho o 10 años me asomé por un telescopio y observé por primera vez la superficie de la Luna. Recuerdo que al ver los cráteres pensé en los montoncitos de harina en la mesa de la cocina cuando se horneaban pasteles. En 1969 acababa de ingresar en la Facultad de Ciencias de la UNAM y, a pesar de los recuerdos tristes del año anterior, mi fascinación por la astronomía crecía día a día. Vivía en casa de mi abuela y de cuando en cuando nos visitaba una monja vestida con hábitos de color marrón que nos llevaba unas galletas espléndidas a cambio de unas donaciones que mi familia le hacía para ayudar al sostenimiento de un orfanatorio. Era una buena mujer que se desplazaba apoyándose en los muebles hasta dejarse caer en un sillón, tomar una taza de café y charlar un poco. Con una enorme seriedad me preguntó si habría tiburones en los mares lunares. Me sorprendió su ignorancia y me conmovió su ingenuidad, y el afecto que yo sentía por ella fue lo único que evitó que soltara una carcajada. Fue en esa misma casa donde mi abuela y yo nos sentamos para ser testigos del alunizaje, y al ver cómo volaba el polvo lunar cuando uno de los astronautas comenzó a brincar, me volví a acordar de los montoncitos de harina.”

Antonio Lazcano Araujo
Coordinador del Laboratorio de Microbiología del Departamento de Biología Evolutiva de la Facultad de Ciencias de la UNAM y miembro de El Colegio Nacional

Aldrin sobre la superficie de la Luna durante la misión del Apolo 11. Esta fotografía fue tomada por Armstrong con un cámara de 70 milímetros. Foto: NASA.

Aldrin sobre la superficie de la Luna durante la misión del Apolo 11. Esta fotografía fue tomada por Armstrong con un cámara de 70 milímetros. Foto: NASA. Foto: NASA.
Aldrin sobre la superficie de la Luna durante la misión del Apolo 11. Esta fotografía fue tomada por Armstrong con un cámara de 70 milímetros. Foto: NASA. Foto: NASA.


“Cuando el hombre llegó a la Luna, yo tenía sólo cinco años y cursaba pre-primaria en un jardín de niños particular en la Ciudad de México. Recuerdo haber visto la noticia en el televisor de la casa que, por cierto, era de bulbos y en blanco y negro. Pero no recuerdo ningún detalle del hecho en sí, ni tampoco haberlo visto en vivo. En ese momento no significó mucho para mí. No recuerdo que mi familia haya hablado mucho de él. Pero ya después lo consideré un hecho trascendente. En 1975, cuando se llevó a cabo la misión Apolo-Soyuz, ya tenía 11 años y recuerdo haberla escuchado en vivo por la radio. Mis papás me habían regalado un modelo de armar del Apolo y mi entusiasmo por el espacio y las misiones tripuladas en particular no hizo sino crecer. Yo fui uno de esos niños que a los 12 años soñaba con ser astronauta. Al final me convertí en astrofísico, lo cual de alguna manera, supongo, no está tan lejos de ser astronauta. Y hasta la fecha considero la llegada de personas a la Luna como uno de los acontecimientos científico-tecnológicos más trascendentales del siglo XX.”

Miguel Alcubierre Moya
Director del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM

Aldrin preparando el experimento sísmico. Foto: NASA.

Aldrin preparando el experimento sísmico. Foto: NASA.
Aldrin preparando el experimento sísmico. Foto: NASA.


“Yo estudiaba el tercer año de la licenciatura en Historia, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ya estaba cerca de terminar la carrera que había elegido y he seguido toda mi vida. Era una joven llena de optimismo y esperanza frente al futuro, que se antojaba lleno de adelantos científicos. Nunca he dudado de la llegada de los estadounidenses a la Luna. Junto con un grupo de amigos y familiares vimos azorados cómo se daba un pequeño paso que sería un gran paso para la humanidad. Para mí fue muy emocionante porque era –o así lo sentí yo– un momento trascendental que, además, se estaba registrando en tiempo real. El mundo era otro y, como diría Felipe González, ‘el futuro ya no es lo que era’.”

María Teresa Uriarte
Investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM

El módulo lunar Eagle se acerca al módulo de mando y servicio Columbia para el acoplamiento. Foto: NASA.

El módulo lunar Eagle se acerca al módulo de mando y servicio Columbia para el acoplamiento. Foto: NASA.
El módulo lunar Eagle se acerca al módulo de mando y servicio Columbia para el acoplamiento. Foto: NASA.


“Yo tenía entonces 23 años de edad y cursaba el tercer año de la licenciatura en Filosofía, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Fue una noticia impactante. La vi, como todos, en la televisión y creí en su veracidad, como hasta ahora. Aún no surgía la hipótesis conspiracionista de un montaje realizado por la NASA en la Tierra. Era la época de la Guerra Fría. Además de un logro tecnológico, el alunizaje representó para mí un despliegue de poderío económico y político bien calculado por los estadounidenses para contrarrestar la atención mundial hacia los logros conseguidos por la Unión Soviética con el lanzamiento del Sputnik 1. Con Armstrong trataron de opacar la popularidad de Yuri Gagarin y la perrita Laika. Actualmente sigo pensando que la Luna es más un objeto de muestra de poderío económico, como lo comprueba el reciente alunizaje de China en su lado oculto. Estados Unidos está ahora más interesado en ‘conquistar’ Marte y preparar una absurda emigración de terrícolas. En lugar de invertir millones de dólares en solucionar los problemas que hemos causado a los ecosistemas terrestres, hay un empeño en ir a echar a perder Marte con la presencia de la especie animal más depredadora de la historia del planeta: el Homo supuestamente sapiens. Incluso algunos investigadores mexicanos se sienten orgullosos de formar parte de ese plan.”

Alejandro Herrera Ibáñez
Investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM

Controladores de vuelo celebran el alunizaje exitoso del Apolo 11 el 24 de julio de 1969. Foto: NASA.

Controladores de vuelo celebran el alunizaje exitoso del Apolo 11 el 24 de julio de 1969. Foto: NASA.
Controladores de vuelo celebran el alunizaje exitoso del Apolo 11 el 24 de julio de 1969. Foto: NASA.


“Recuerdo con admiración y como una viva imagen el exitoso viaje a la Luna realizado por los astronautas estadounidenses. Parecía algo irreal, difícil de creer, pero emocionante y grandioso. Yo era estudiante del doctorado en Biofísica Molecular de la Universidad de París, en Francia, y hacía mi tesis en la Facultad de Ciencias D’Orsay de esa universidad (el trabajo experimental lo llevaba a cabo en el Instituto de Biología Física-Química de París). La llegada del hombre a la Luna me impactó muchísimo y me estimuló para continuar mi carrera científica. Pensé que lo que habían hecho los estadounidenses en los campos de la aviación espacial, la tecnología, las comunicaciones y la miniaturización de los equipos científicos sería fundamental para el desarrollo de todas las ciencias, incluyendo mi especialidad. Y así fue. ¡Se trató de un gran acontecimiento!”

Lourival Domingos Possani Postay
Investigador emérito del Instituto de Biotecnología, campus Morelos, de la UNAM

Nueva York da la bienvenida a la tripulación del Apolo 11 con un desfile en Broadway y Park Avenue. En el auto principal, a la izquierda, se encuentran los astronautas Neil A. Armstrong, Michael Collins y Edwin Aldrin. Foto: NASA.

Nueva York da la bienvenida a la tripulación del Apolo 11 con un desfile en Broadway y Park Avenue. En el auto principal, a la izquierda, se encuentran los astronautas Neil A. Armstrong, Michael Collins y Edwin Aldrin. Foto: NASA.
Nueva York da la bienvenida a la tripulación del Apolo 11 con un desfile en Broadway y Park Avenue. En el auto principal, a la izquierda, se encuentran los astronautas Neil A. Armstrong, Michael Collins y Edwin Aldrin. Foto: NASA.


“En 1969, yo estudiaba el segundo año de la licenciatura en Física, en la Facultad de Ciencias de la UNAM. El lanzamiento del Sputnik 1 en 1957 hizo que muchos países, en particular Estados Unidos, crearan sus agencias espaciales. Así comenzó lo que se llamaría la carrera espacial. A partir de entonces fue claro para todo el mundo que el espacio exterior era un lugar estratégico desde el cual se podían hacer muchísimas cosas, como desarrollar las telecomunicaciones, estudiar la superficie de la Tierra, seguir fenómenos meteorológicos, vigilar las fronteras, tanto en las costas como en la parte continental, y, también, dirigir ataques contra un país enemigo. Es decir, se sabía que quien conquistara el espacio tendría ventajas de todo tipo: tecnológicas, políticas, económicas, estratégicas, militares… Por eso ver en la televisión, en blanco y negro, y en tiempo real, la llegada del ser humano a la Luna me resultó muy emocionante. Para mí, este acontecimiento significó un parteaguas. Cambio nuestra forma de ver y hacer las cosas, y nos dejó una serie extraordinaria de desarrollos tecnológicos que ha modificado nuestro quehacer cotidiano. Creo que ha sido una de las hazañas más relevantes de todos los tiempos, a pesar de que por ahí hay algunos burócratas que piensan que no aportó nada a la humanidad. Tan lo creo así que escribí un libro titulado Alunizaje (Editorial Turner), que ya está a la venta en las librerías.”

José Franco
Investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM

Foto oficial de la tripulación del Apolo 11. De izquierda a derecha, los astronautas Neil A. Armstrong, comandante; Michael Collins, piloto del módulo de comando; y Edwin E. Aldrin Jr., piloto del módulo lunar. Foto: NASA.