XXIX Olimpiada Iberoamericana

Alumno de la Facultad de Química conquista medalla de oro

Además, Alberto Pérez fue reconocido por el mejor examen experimental; el representativo mexicano obtuvo también una medalla de plata y dos de bronce

Foto: cortesía Alberto Pérez.
El estudiante Alberto Alejandro Pérez Gutiérrez, de la Facultad de Química (FQ), obtuvo la medalla de oro en la XXIX Olimpiada Iberoamericana de Química.

Este logro destaca la excelencia científica universitaria mexicana y el poder transformador del estudio. Su historia muestra cómo la pasión y la disciplina pueden convertir una debilidad escolar en una trayectoria de éxito internacional.

Estudiar la composición, estructura y propiedades de la materia, así como las transformaciones que esta experimenta, no es tarea sencilla; incluso, su aprendizaje puede resultar complicado. Una situación así fue la que vivió Alberto Alejandro Pérez Gutiérrez, estudiante de primer semestre de la FQ, quien en la secundaria la padeció bastante.

No obstante, lejos de alejarse de aquello que le causaba incomodidad, Pérez Gutiérrez comenzó a buscar personas que le facilitaran el aprendizaje de la química. Con cada nuevo concepto que comprendía, el joven se sentía más motivado por la materia. Así nació una pasión que lo llevó a enfrentar una serie de retos, incluso a participar en concursos nacionales e internacionales de química.

Recientemente, el joven jalisciense logró consagrar todo el esfuerzo de un año al obtener la medalla de oro en la XXIX Olimpiada Iberoamericana de Química, donde también fue reconocido como mejor examen experimental.

En este certamen (celebrado en Ciudad de México y Cuernavaca), el representativo mexicano obtuvo además una medalla de plata y dos de bronce.

Para alcanzar esta distinción, Alberto Pérez tuvo que superar las fases local, estatal y nacional. Aunque el límite para competir en esta Olimpiada es el nivel bachillerato, él pudo participar gracias a que fue el mejor en su plantel y, posteriormente, en el estado de Jalisco; pero, sobre todo, porque las Olimpiadas Iberoamericanas permiten competir a jóvenes que no hayan concluido su primer semestre de licenciatura. Finalmente, en la etapa nacional obtuvo uno de los primeros lugares, lo que le permitió ser considerado por el comité nacional y pasar al proceso selectivo para integrar la delegación mexicana.

A partir de ahí, el proceso se vuelve más exigente: los seleccionados reciben entrenamiento intensivo, presentan exámenes y se enfrentan a evaluaciones en todas las áreas de la química: orgánica, inorgánica, analítica y fisicoquímica.

“Mi éxito no habría sido posible sin el apoyo constante de mi familia, los maestros y las instituciones involucradas. Agradezco especialmente a mis padres por haberme acompañado en cada etapa, por impulsar esta pasión por la química y facilitar los medios para participar; y a los maestros, por su capacitación y las horas invertidas para prepararnos”.

Otra presea para coronar

Antes de participar en la Olimpiada Iberoamericana, Alberto Pérez también obtuvo un lugar en la Olimpiada Internacional de Química, en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, donde consiguió la medalla de bronce.

El nivel de exigencia es altísimo, ya que los exámenes abarcan temas que van más allá del nivel de bachillerato, llegando incluso a contenidos de licenciatura y posgrado. En países como Rusia o diversas naciones asiáticas los programas de entrenamiento son muy avanzados, por lo que el logro de este joven estudiante mexicano tiene un enorme mérito.

“Estoy sumamente orgulloso de él por sus logros. Más allá de la capacitación que recibió, tuvo un compromiso de autodisciplina y capacidad de estudio independiente. Los jóvenes que participan en estos eventos deben seguir estudiando por cuenta propia, guiados por su curiosidad y compromiso personal. Ese espíritu autodidacta es lo que marca la diferencia”, aseguró Héctor García Ortega, profesor del Departamento de Química Orgánica.

Además, expresó que quienes deseen participar en el futuro deben tener motivación y confianza, algo que Alejandro demostró desde un inicio.

“No es necesario ser el mejor desde el inicio, sino estar dispuesto a intentarlo, aprender, comprometerse y descubrir el propio camino en la ciencia. Él sirve como ejemplo para otros jóvenes que quieran involucrarse en estas competencias”.

Un orgullo formar jóvenes talentos

Más allá de la destacada participación de Alberto Pérez y de la delegación mexicana en la Olimpiada Iberoamericana, Carlos Mauricio Castro Acuña, profesor de tiempo completo en la FQ y presidente del comité organizador del certamen, destacó que este tipo de competencias tienen como objetivo formar futuros científicos y despertar en los jóvenes el interés por la ciencia y la química.

“El motivo principal de realizar este tipo de actividades es consolidar las habilidades científicas de los participantes, pero también transformarlas. Muchos de ellos no ganan ningún reconocimiento, pero luego nos resulta muy grato escucharlos decir que participar en esta Olimpiada les cambió la vida”.

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