Movimiento por la amnistía de los años 70
Analizan la actividad política de los exiliados brasileños en México
No se sentaron a esperar a que cayera la dictadura, sino que quisieron actuar para regresar a la democracia: Daniela Morales


Es notable que la comunidad brasileña exiliada en México, a pesar de ser pequeña, censurada y vigilada, se mantuvo con una actividad política sostenida, centrada fundamentalmente en la denuncia y, sobre todo, en los primeros años de su llegada, en 1964 y 1965, a documentar las violaciones a los derechos humanos que se cometían en ese momento en su país, y que fueron aumentando y haciéndose radicales, señaló Daniela Morales Muñoz.
En la mesa redonda “Exilios, amnistía y derechos humanos en América Latina”, organizada por el Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (CEPHCIS) de la UNAM, la doctora en historia por El Colegio de Michoacán y ganadora del Premio a la Investigación que otorga la Red de Archivos Diplomáticos Iberoamericanos por su tesis doctoral, misma que fue publicada en 2019 por la Secretaría de Relaciones Exteriores, se refirió a la “Campaña por la Amnistía en México”.
Recordó que, a finales de los años 70, la actividad política de los exiliados brasileños derivó en su adhesión al movimiento por la amnistía amplia, general e irrestricta que se desarrolló en el país sudamericano y otros lugares de exilio, desde mediados de esa década.
A la exigencia de las mujeres por la liberación de presos políticos y la amnistía en Brasil, se fueron sumando diferentes sectores. En poco tiempo surgieron comités en el exterior, en las comunidades de exiliados, muchas de ellas concentradas en Europa. Es relevante lo que se hizo en América Latina y en México, detalló. “Es poco conocido que hubo comités de exiliados brasileños proamnistía”.
La historiadora reconoció que México no fue un polo de atracción para los exiliados; a lo largo de los 15 años transcurridos entre el golpe de Estado y la Ley de Amnistía, llegaron personas perseguidas políticas por el régimen militar. Es difícil cuantificarlas, pero se cree que unas 200 llegaron a territorio mexicano, algunas bajo la figura del asilo político. El grupo más numeroso ingresó entre 1964 y 1966. Otros vinieron en oleadas, como las de 1968 y en los años 70, tras el golpe militar en Chile.
Fue, comentó Morales Muñoz, un exilio muy heterogéneo: líderes sindicales, dirigentes campesinos, marineros y militares de bajo rango, entre otros. Hubo poco interés por quedarse en México, no sólo porque fue difícil encontrar trabajo, sino debido a que nuestro país no estaba en “su radar”.
El exilio no se “sentó” a esperar a que cayera la dictadura, sino que quiso actuar para regresar a la democracia. Fue activo políticamente y objeto de censura del gobierno mexicano, de vigilancia constante de la Dirección Federal de Seguridad y de la embajada brasileña.
Entre los puntos incluidos en la plataforma de la comunidad brasileña en México por la amnistía amplia, general e irrestricta, y por las libertades democráticas en Brasil, se incluyó la liberación de los presos políticos y el regreso de los exiliados y perseguidos políticos, la aclaración de la situación de los desaparecidos, desmantelamiento del aparato represivo, y el enjuiciamiento y castigo de los responsables y ejecutores de asesinatos, torturas y malos tratos contra los opositores a la dictadura.
La Ley de Amnistía fue aprobada el 28 de agosto de 1979, pero fue muy distinta a lo que exigían; por ejemplo, consideró el perdón a los perpetradores y hasta la fecha no han podido ser juzgados, concluyó Daniela Morales Muñoz.
Inspirar derechos humanos
Rodrigo Llanes Salazar, investigador del CEPHCIS, recalcó que es interesante y significativo el movimiento por la amnistía desarrollado por el exilio brasileño; fue temprano, pionero en términos de acciones y clave para inspirar a otros de derechos humanos, como los exilios chileno, argentino o uruguayo.
Las contribuciones latinoamericanas a los derechos humanos, rememoró, pueden remontarse siglos atrás, con fray Bartolomé de las Casas, o más recientemente a la Constitución Mexicana y su papel pionero de articular derechos económicos y sociales, producto de una revolución, y que nos lleva a algunos de los principales eventos en la materia de la primera mitad del siglo XX, como la Conferencia de San Francisco (1945), en la que la delegación mexicana abogó por favorecer un sistema amplio de protección internacional de derechos humanos.
Llanes Salazar destacó también el papel central que tuvieron las personas exiliadas latinoamericanas en el movimiento por los derechos humanos en México. Finalmente, expuso que algo que no se ha trabajado tanto es la dimensión de la producción cultural en la defensa de los derechos humanos a partir de la creación de Amnistía Internacional, en 1961: postales, fotografías y la circulación de imágenes en las que se pone rostro a la violación de los derechos humanos.