Sinestesia activada en Casa del Lago

Arte que convoca todos los sentidos

El ciclo reúne 19 intervenciones que exploran el oído, el tacto, el olfato y el gusto, además de la vista y combinan diversos recursos tecnológicos para proponer otras formas de relacionarse con las obras y habitar los espacios expositivos

Foto: cortesía Elena Pardo.
La sinestesia es una variación de la percepción humana en la que algunas personas pueden detectar la activación agregada de un sentido a partir de un estímulo concreto. Por ejemplo, ver un color al escuchar una nota musical o asociar un sabor con una sensación táctil.

Por eso, para asomarse a Sinestesia activada conviene dejar en la puerta la costumbre de sólo mirar el arte, sin tocarlo ni habitarlo. El ciclo, curado por Iván Edeza y Giovanna Enríquez para Casa del Lago UNAM, propone 19 intervenciones repartidas en cinco citas (del 1 de agosto al 6 de diciembre de 2026) que convocan al olfato, al oído, al tacto y al gusto tanto como a la vista, y que combinan sin jerarquías tecnologías de siglos distintos: unas plantas aromáticas y una estera para recostarse conviven con redes inalámbricas y motores que activan objetos a distancia.

“En el espacio sonoro armaron una red para que la gente escaneara un código QR y se conectara a un mapa del lugar: eso asignaba una posición y un número, y el celular se convertía en un insecto, una bocina”, recordó Edeza sobre una intervención de la primera cita, celebrada el 1 de agosto por CNDSD (alias de Malitzin Cortés) e Iván Abreu. Esa fecha incluyó también, como homenaje, dos instalaciones del artista visual Jerónimo Hagerman, ya fallecido: Mina y Camas de olor, una de las cuales formó parte, en 2019, de Sinestesia olfativa, primer antecedente del proyecto, en el Museo del Perfume.

La segunda cita, el sábado 12 de septiembre, reúne tres piezas en la sede. Los grillos del sueño, del artista sonoro francés Félix Blume (13 a 17:30 horas, Foro 2), cruza una instalación de 40 grillos-parlantes que reproducen cantos grabados por niñas y niños en un taller con un cortometraje que narra una fábula: ante la desaparición de los insectos, un grupo de científicos inventa versiones electrónicas para que su canto no se apague.

“El punto de partida fue convocar a un grupo de artistas que ya estaban haciendo estas investigaciones: su trabajo explora, o provoca, experiencias en los públicos”, explicó Edeza sobre la génesis del ciclo, que tomó la sinestesia como pretexto para que ese grupo ampliara su exploración aprovechando los espacios (salas, jardines, el renovado Espacio Sonoro) de Casa del Lago.

“Gran parte de estas artistas provienen de la transdisciplina y pueden moverse de un espacio de conocimiento a otro, hibridando lenguajes científicos con lenguajes poéticos, políticos y corporales”, añadió Enríquez, quien subrayó que las piezas son de sitio específico y buscan dialogar no sólo con las salas, sino con el lago y los árboles que dan identidad a la Casa.

“Hay una vulneración constante de los lenguajes, la práctica y los materiales propios: son piezas retadoras, no desde el reto intelectual, sino porque invitan a quitar la hegemonía de lo visual, a repensar incluso cómo te paras o te sientas en un espacio expositivo”, dijo Enríquez, para quien esa tensión no es inédita, sino la actualización, con otros medios, de una pulsión que ya recorrió el arte de los años 60 y 70, con Fluxus como referencia.

“Raquel y Rodrigo trabajan con dos expresiones del cuerpo, la danza y la voz, y diseñan una especie de coreografía donde la gente puede recorrer o convivir en el espacio de manera no jerarquizada, sin la frontalidad habitual de una presentación escénica”, describió Edeza sobre Cascadas mudas, de la coreógrafa Raquel Salgado y el artista vocal Rodrigo Ambriz (sábado 12 de septiembre, 16 horas, Sala José Emilio Pacheco).

“Es la pieza de la que menos información tenemos, y eso me fascina: te da la expectativa de no saber qué va a suceder. Es cine expandido que hibrida lo fotoquímico con lo digital”, adelantó Enríquez sobre Grosella o limón, el cierre de la tarde a cargo de la realizadora Elena Pardo y el guitarrista Klaus Sour (17 horas, Sala Rosario Castellanos): un ejercicio audiovisual que traduce en imagen y sonido el contraste entre dos sabores populares, a la manera de los vendedores de raspados.

El ciclo seguirá el sábado 3 de octubre con piezas como Nébula II, de Rogelio Sosa; continuará el sábado 7 de noviembre y cerrará el domingo 6 de diciembre con trabajos de Tania Candiani y Fritzia Irízar. La segunda cita de Sinestesia activada se presenta el sábado 12 de septiembre en Casa del Lago UNAM, a partir de las 13 horas.

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