Belona en la Covarrubias

Una experiencia artística y pedagógica con estudiantes de Teatro de la ENP Planteles 5 y 7

Foto: Bárbara Viterbo Gutiérrez.

El reencuentro entre Bárbara Viterbo1, maestra de Teatro en la ENP de la UNAM, planteles 5 y 7 y Diana Fernández2 —directora y coreógrafa de la Compañía Sensodanza y del espectáculo Belona— ocurrió hacia finales de 2023. Desde ese momento comenzaron a frecuentarse con regularidad. En uno de esos encuentros, Viterbo compartió con Fernández una de las experiencias académicas más alentadoras que había desarrollado con las y los estudiantes de Teatro de la ENP: el llamado «ejercicio del robot».

Esta secuencia de improvisación inicia invitando a los participantes a ejercitar diversas formas de caminar (rápido, lento, arrastrando un pie, de puntitas, con la cadera hacia adelante, entre otras) hasta que se les pide caminar como robots. Al principio lo desarrollan según su propia comprensión, después vendrá la explicación: estos robots solo caminan de frente y en línea recta, no son aptos para caminar de otra manera. Si topan con un obstáculo —un objeto, una persona u otro robot— solo pueden girar 90 grados, no más, no menos, justo 90 grados, ya sea a la izquierda o a la derecha. Conforme la dinámica progresa, si la guía nota que los participantes miran al piso, titubean o se distraen, la acción se detiene. En ese momento, la docente se integra como una participante más en el rol de capataza de una fábrica de robots encargada de revisar los estándares de calidad: cualquier robot con rasgos humanos (como la mirada o la gestualidad) es desechado en un depósito de chatarra mediante un toque en la espalda. El ejercicio resulta redondo en el sentido dramático al contar con un planteamiento, hay creación de personaje que implica la corporalidad de quienes participan, presenta el conflicto que en este caso es el deseo de la supervivencia y un desenlace, quienes logran sobrevivir y quienes no.

Al escuchar esto, Fernández se mostró entusiasmada y habló de su proyecto, es sobre la guerra, aún no tenía un nombre. Le gustaría que hubiera jóvenes y considera que esto de los robots podría funcionar: “¿Por qué no reúnes a un grupo de estudiantes de las prepas para que participen? ¿Cómo ves?”

Viterbo salió del encuentro entusiasmada, emocionada y con más preguntas que respuestas. Planteó la situación a su jefe, Joaquín Del Río Mateos, con el fin de discutir el asunto en su oficina. El objetivo era lograr la participación de los dos planteles donde ella trabajaba, al considerarlo una oportunidad única para los y las estudiantes. El proceso implicó duplicar tareas: audiciones, ensayos, permisos y comunicados, además de coordinar la integración del estudiantado con el cuerpo de bailarinas de Sensodanza. “Maestra, tú decides”, concluyó Del Río Mateos.

A partir de ahí, todo el equipo se sumó al proyecto. Fernández y Viterbo se reunieron semanalmente para construir la propuesta escénica; la coreógrafa compartía sus ideas y con base en ellas, la docente proponía lo que el grupo de estudiantes podía aportar. La participación del ensamble teatral se definió como predominantemente performática y aleatoria, por lo que el proceso requirió entrenar a los alumnos más que ensayar de forma tradicional. Los jóvenes representaron al pueblo, partisanos, víctimas, robots y el coro de una pieza coreográfica que aborda la violencia, el caos, la desesperanza, en un mundo donde la humanidad se ha mecanizado.

La experiencia transformó a las y los estudiantes, quienes desarrollaron habilidades escénicas, un mayor conocimiento corporal y confianza en el escenario para entregarse al caos de la guerra y la destrucción. Gracias a la invitación de la Compañía Sensodanza, aprendieron a mirar el proceso artístico como cocreadores de una ficción y a apreciar el trabajo de las bailarinas.

La pieza coreográfica quedó dividida en dos secuencias: la primera narra la transformación de la gente común ante la barbarie, mientras que la segunda parte los convierte en piezas de un tablero de ajedrez que luchan en una contienda absurda.

En esta versión de Belona participan en la coreografía Gayla Villanueva, Dagda García, Valeria Samaniego, Valeria Villagrán, Geovana Brito, Fernanda Razo, Itzel Rojas, Marlen García y Michelle León. En el ensamble teatral Santiago Alonso, Mariana Méndez Vázquez, Sebastián

Pedraza, Bruno Rodríguez, Andrea Salinas y Lizet Soriano, de la ENP Plantel 7 “Ezequiel A. Chávez”; y Ángel Aguilar, Vanessa García Campos, María Hernández Radyx, Verónica Herrera, Mario Martínez, Sherlyn Mejía, Zoe Nava, Claudia Ivanna Pacheco Hernández, Héctor Pardo, Moisés Rodríguez Delgado, Santiago Trujillo García y Natalia Vega, de la ENP Plantel 5 “José Vasconcelos”. Así como los jóvenes Regina Becerril y Jonás Velasco, ejecutantes invitados por parte de la coreógrafa que se integraron al ensamble teatral de manera destacada. La música es de Michael Nyman, el vestuario de Moisés León y Romina Juárez, la iluminación de Aranza González y el registro fotográfico está a cargo de Fernando Velasco.

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