Congreso Internacional Patrimonio documental en transformación

Bibliográficas, sede del Centro de Conocimiento de la UNESCO

Eduardo Matos, Pablo Avilés, Andrea Giovine, Miguel Armando López y Álvaro Ruiz. Foto: Francisco Parra.
A partir de ahora, la Biblioteca Nacional de México será la sede del Centro de Conocimiento de la UNESCO en nuestro país. Así lo anunció Andrea Giovine Yáñez, directora del Instituto de Investigaciones Bibliográficas (IIB) de la UNAM, en el marco del Primer Congreso Internacional Patrimonio documental en transformación.

Tales centros, explicó, tienen el objetivo de difundir el valor del patrimonio cultural y se dedican a reunir física o virtualmente materiales bibliográficos y documentales sobre el programa Memoria del Mundo, dedicado a reconocerlo, protegerlo y visibilizarlo en el ámbito internacional.

En la sesión inaugural del encuentro, Miguel Armando López Leyva, coordinador de Humanidades, rememoró que la creación de dicho programa ocurrió en 1992, en respuesta a la vulnerabilidad del patrimonio documental ante eventos como desastres derivados de fenómenos naturales o factores humanos. “Busca mostrar la importancia del patrimonio documental mundial como un legado de la humanidad y, a la vez, promover su accesibilidad universal”.

En 2015, el propio organismo internacional adoptó la recomendación relativa a la preservación del patrimonio documental, la cual se enfoca en cinco elementos: determinación, preservación, acceso, medidas normativas y cooperación nacional e internacional. Ahí se estableció que “los documentos producidos y preservados a lo largo de la historia, en todas sus formas, analógicas y digitales, a través del tiempo y el espacio, constituyen el medio primordial de creación y expresión de conocimientos, y tienen repercusiones en todos los ámbitos de la civilización humana y su evolución futura”.

La idea del patrimonio documental se ha ido ampliando para incluir junto con manuscritos impresos y documentos valiosos en bibliotecas y acervos, archivos audiovisuales de producciones digitales y tradiciones orales, comentó el coordinador en el Auditorio José María Vigil del IIB.

Este Congreso nos guiará por aproximaciones teóricas y prácticas actuales sobre el tema. “Para esta Universidad es de vital importancia promover el encuentro de especialistas en la materia, máxime porque tiene un gran compromiso con la sociedad y una de las mayores responsabilidades con la preservación documental en la Biblioteca y Hemeroteca nacionales”.

Este evento coloca al IIB, a la Biblioteca y a la Hemeroteca a la vanguardia en las discusiones sobre un tema que está en el centro de la identidad de esta nación: la preservación del patrimonio documental como resguardo de la memoria colectiva, finalizó López Leyva.

Al continuar su participación, Giovine Yáñez mencionó que la velocidad de los avances tecnológicos, el ritmo acelerado en el consumo de imágenes e información, el desarrollo de inteligencias artificiales entrenadas con nuestra memoria documental y lograr un equilibrio con las formas tradicionales de preservación y gestión del conocimiento, imponen nuevos desafíos para la cultura y la memoria colectiva en un contexto en el que nuestra atención está siempre en disputa y constantemente se redefinen nuestras relaciones sociales en el mundo.

“Pensar en el patrimonio documental como un concepto en transformación, implica imaginar el cambio de las instituciones patrimoniales y los espacios de memoria que se encargan de recopilar, preservar, conservar, dar acceso, difundir y divulgar los acervos patrimoniales”, alcaró Giovine.

Los trabajos que veremos en este primer Congreso mostrarán un amplio espectro de la versatilidad y la interdisciplina que competen hoy a quienes se dedican a trabajar con el patrimonio documental, resaltó.

En la conferencia magistral “Reflexiones sobre el patrimonio documental y la memoria colectiva”, el reconocido arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma señaló que las sociedades, al paso del tiempo, han sido creadoras de múltiples expresiones en las que quedó manifestada la memoria de los pueblos que nos precedieron en la historia y que continúan hasta la actualidad.

Eso quedó plasmado en evidencias que contemplan la arquitectura, la escultura, la pintura, escritos de diversa índole y muchos elementos más, todos ellos portadores de ideas, sentimientos y emociones, y que se constituyen en un legado invaluable para la humanidad y, en particular, para quienes nos dedicamos al estudio del devenir de las sociedades, apuntó.

Opinó que no sólo deben resguardarse los documentos elaborados en papel, como libros o códices, y los vestigios arqueológicos e históricos; también están las películas, videos, fotografías y otros formatos que es necesario preservar por su rico contenido histórico.

Así, este Congreso remitirá a conclusiones que ayuden de manera significativa a todo aquello que lleve al resguardo de la memoria histórica, a su conocimiento y difusión, concluyó el investigador emérito del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

En la sesión inaugural, también estuvieron Pablo Avilés Flores y Álvaro Ruiz Rodilla, investigadores del IIB e integrantes del Comité Académico del Congreso, realizado del 12 al 14 de noviembre.

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