Experimentos no éticos vulneran derechos humanos

Bioética, clave para proteger a pacientes

Elisa Núñez Acosta, de la Facultad de Química, advierte sobre abusos históricos y actuales en estudios con personas

Históricamente se han realizado experimentos no éticos en pacientes humanos y, desafortunadamente, aún existen. Por ello es necesario hacer una reflexión personal, informarse y no olvidar que los principios éticos protegen los derechos, intereses y bienestar de las personas, señaló Elisa Núñez Acosta, académica de la Facultad de Química (FQ) de la UNAM.

Al dictar la conferencia “Bioética en la investigación con pacientes humanos”, explicó que los estudios clínicos se enfocan en el desarrollo de nuevos tratamientos y terapias, su objetivo es crear nuevo conocimiento y mejorar el cuidado del paciente. También se lleva a cabo investigación para la prevención, es decir, formas de detener o evitar enfermedades, como la producción de vacunas, etcétera.

En la investigación para el diagnóstico se buscan técnicas para detectar padecimientos o se realizan estudios epidemiológicos que intentan identificar patrones, causas de enfermedades y formas de controlarlas en las poblaciones, entre otros aspectos, detalló Núñez Acosta en la sesión organizada por el Programa Universitario de Bioética (PUB).

La experta recordó ejemplos de experimentos no éticos con humanos. Uno de ellos fue el que se realizó en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, cuando se utilizó plutonio en pacientes de varios hospitales. Como parte del proyecto Manhattan se hicieron pruebas para determinar el efecto de ese elemento radioactivo en el cuerpo humano.

Se inyectó a 30 pacientes dicho elemento químico para analizar qué tanto se desechaba en las heces y orina, y proteger a los trabajadores que se expondrían a esa sustancia durante el desarrollo de la bomba atómica, es decir, se pretendía determinar la dosis que se puede tolerar antes de causar daño.

Entre ellos sólo se firmó un consentimiento informado que, además, no describía los riesgos del experimento. Así se vulneró la autonomía de los participantes. Y más allá, por acciones como esa, se llega a afectar la confianza de la población en la ciencia, resaltó Elisa Núñez Acosta.

Los experimentos van a la vanguardia, y después las regulaciones. Todavía más atrás, la reflexión bioética, cuando esa “carrera” debería estar más empatada, advirtió la universitaria en la sesión moderada por Carol Hernández Rodríguez, investigadora del PUB.

Cuando vemos regulaciones de un país y otro, observamos que reflejan los valores de esas sociedades. En el mejor de los casos, han sido inspiradas por guías éticas; la primera de éstas fue el Código de Núremberg, surgido a partir de los juicios realizados en esa ciudad alemana en 1946, donde se condenó a médicos e investigadores nazis por atropellos de los derechos humanos en experimentos con personas.

Ahí, se sugiere por primera vez el consentimiento informado obligatorio en los ensayos clínicos: los sujetos participantes deben saber la naturaleza del experimento, duración, propósito y potenciales riesgos. El Código también menciona que la persona puede dejar el ensayo en cualquier momento, entre otros aspectos. Después surgió la Declaración de Helsinki, que postula principios éticos para la investigación médica y que se ha ido modificando a través de los años.

Otro informe importante es el Reporte Belmont, a partir del experimento de Tuskegee, cuyo objetivo era observar la evolución natural de la sífilis en hombres afroamericanos sin tratamiento, y que resultó en la Política Federal para la Protección de Sujetos Humanos, efectiva desde 1991 en Estados Unidos.

Se pensaría que las atrocidades y experimentos no éticos quedaron en el pasado, pero seguramente en algún lugar del país y del mundo ocurren prácticas que no siguen las guías éticas en su totalidad. Estos principios a veces entran en conflicto, pero siempre se debe favorecer a los participantes humanos y velar por sus derechos, seguridad e intereses.

Destacó que los experimentos científicamente adecuados no son necesariamente éticos, y eso hay que tenerlo en cuenta. Deben actualizarse las guías y regulaciones. En 1991 surgió la International Council for Harmonisation Conference, que ha buscado homogeneizar las regulaciones para investigaciones de la salud.

Se trata de un referente para la normatividad mexicana, como la Constitución, la Ley General de Salud y la Ley Federal de Protección de Datos Personales, entre otras. Aunque en este tema la regulación no es suficiente, concluyó.

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