Estudio de investigadores de la UNAM y el INIFAP
Cambio climático favorecería expansión de plaga contra el maíz
Frente a este panorama global, México representa un caso especialmente sensible debido a la importancia de ese grano para la alimentación, la economía y la identidad cultural del país

Investigadores de la UNAM y el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) advirtieron que el cambio climático podría favorecer la expansión de una plaga capaz de afectar la producción de maíz, la seguridad alimentaria y el patrimonio biocultural de México.
Actualmente, uno de los principales factores de transformación de los sistemas agrícolas en el mundo es el cambio climático. Además de ocasionar sequías, inundaciones y alteraciones en los patrones de lluvia, también está modificando el comportamiento, la distribución y la dinámica poblacional de las plagas agrícolas.
El aumento sostenido de la temperatura global y la variabilidad climática crean condiciones favorables para que numerosos insectos y organismos patógenos se reproduzcan con mayor rapidez, sobrevivan en nuevas regiones y amplíen su rango de distribución.
Hay múltiples ejemplos alrededor del orbe que ilustran esta tendencia. En Chile, la mosca de alas manchadas, Drosophila suzukii, se ha convertido en una plaga más agresiva. Su biología se ha visto favorecida por las altas temperaturas, lo que causa graves pérdidas económicas en cultivos de cereza y mora debido a su capacidad de adaptación.
Un fenómeno similar ocurre con Spodoptera frugiperda, conocida como oruga cogollera, que se ha expandido rápidamente fuera de América y actualmente afecta cultivos de maíz en África, Asia y Oceanía.
Este problema no sólo representa un desafío ecológico, sino también económico y social, ya que las plagas agrícolas están directamente relacionadas con la seguridad alimentaria. Cuando los cultivos son dañados con mayor intensidad y frecuencia, la producción disminuye, los costos de control aumentan y los sistemas agrícolas se vuelven más inestables.
Frente a este panorama global, México representa un caso especialmente sensible debido a la importancia del maíz para la alimentación, la economía y la identidad cultural del país.
En ese contexto, investigadores del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, Bernardo Bastien Olvera y Carolina Ureta Sánchez, colaboraron con Jesús Cruz López y Luis A. Galvez-Marroquín, del INIFAP.
Juntos desarrollaron el estudio “A threat to food security in Mexico: Climatedriven expansion of maize devastating pest and its economic impact” (https:// www.sciencedirect.com/science/article/pii/ S0308521X26001319), en el que analizaron cómo el cambio climático está impulsando la expansión de la chinche Blissus leucopterus y cuáles podrían ser las consecuencias ecológicas, económicas y sociales de este proceso para el sistema alimentario mexicano.
La investigación es una de las primeras en México que integra modelos climáticos, ecológicos y económicos para evaluar el impacto potencial de una plaga agrícola bajo escenarios futuros de cambio climático. Para ello, los especialistas utilizaron modelos de nicho ecológico y escenarios climáticos proyectados para 2030, 2050 y 2070, con el fin de identificar las regiones más vulnerables a la expansión de la chinche.
Peligro en crecimiento
Uno de los hallazgos centrales de la investigación es que Blissus leucopterus ha mostrado un crecimiento poblacional acelerado en los últimos años en los cultivos de maíz mexicanos. Dicho incremento no sólo se atribuye al clima, sino también a cambios en su comportamiento tanto alimenticio como reproductivo, lo que la convierte en una amenaza cada vez más difícil de controlar.
Los resultados muestran que la idoneidad climática para la expansión de Blissus leucopterus podría pasar de abarcar el 12 % del territorio nacional en condiciones actuales a entre el 15 y el 16 % hacia mediados de siglo. Esto significa que amplias zonas que hoy no presentan condiciones favorables podrían volverse vulnerables en las próximas décadas.
En regiones como Oaxaca, Veracruz, Chiapas y Tabasco, Cruz López comentó que se ha observado que la plaga puede completar ciclos en apenas 15 días. Esto dificulta enormemente las estrategias tradicionales de control basadas en insecticidas, ya que las nuevas generaciones emergen poco tiempo después de la aplicación de tratamientos químicos.
De igual forma, la chinche podría establecerse en algunas zonas de Sinaloa. Esto resulta especialmente preocupante debido a que el estado es uno de los mayores productores de maíz del país, concentra agricultura altamente tecnificada y abastece buena parte del consumo nacional.
Efectos económicos en los ámbitos individual y nacional
Las consecuencias de esta expansión son especialmente graves desde el punto de vista económico. El estudio realizó una estimación del impacto futuro de esta plaga bajo escenarios de cambio climático para los años 2050 y 2070. Los resultados son alarmantes: las pérdidas proyectadas en la producción de maíz alcanzan niveles comparables con los daños ocasionados por desastres naturales de gran magnitud, como el huracán Otis.
“En términos económicos, esto significa que el país podría enfrentar pérdidas equivalentes a un evento catastrófico recurrente. Sin embargo, el estudio trabajó bajo un escenario conservador, ya que no se incluyen todos los costos indirectos asociados, lo cual incluso podría aumentar la cifra”, expresó Bastien Olvera.
De acuerdo con las proyecciones del estudio, las pérdidas económicas podrían alcanzar aproximadamente 600 millones de dólares para 2030 y superar los mil 200 millones de dólares hacia 2070 en escenarios de alto riesgo. Los autores señalan que estas cifras equivaldrían a cerca del 0.025 % del Producto Interno Bruto nacional.
Aunque las afectaciones económicas serían nacionales, sus consecuencias no se distribuirán de manera uniforme. Esta problemática afectaría principalmente a los pequeños productores rurales, ya que muchos dependen del maíz no sólo como cultivo comercial, sino también como fuente de autoconsumo. En comunidades donde las parcelas son pequeñas y los recursos limitados, la pérdida de la cosecha puede significar la desaparición total del sustento familiar.
Seguridad alimentaria y patrimonio cultural
El avance de la plaga también tiene implicaciones directas para la seguridad alimentaria de México, apuntó Ureta Sánchez. El maíz es un cultivo esencial en la dieta nacional, utilizado en productos básicos como la tortilla, pieza central de la alimentación cotidiana.
México es además centro de origen y diversificación del maíz, con 59 razas nativas adaptadas durante generaciones por comunidades campesinas e indígenas a condiciones ambientales específicas. Esta diversidad genética y agroecológica no sólo es fundamental para la alimentación, sino también para la conservación de conocimientos tradicionales y prácticas culturales vinculadas al cultivo del maíz.
Muchas de estas variedades han logrado desarrollarse en ambientes difíciles donde otros tipos de semillas, como los híbridos comerciales, no podrían sobrevivir adecuadamente. Gracias a esta riqueza biológica y cultural, México es reconocido en el mundo como un país clave para la conservación del maíz y su diversidad genética.

Consecuencias sociales
Esta problemática también tiene repercusiones sociales importantes. Bernardo Bastien explicó que, en muchos casos, los agricultores terminan abandonando sus tierras debido a la imposibilidad de sostener la producción. La aparición de nuevas plagas, las pérdidas económicas constantes y la incertidumbre generada por el cambio climático hacen cada vez más difícil mantener la actividad agrícola, en especial para pequeños productores que dependen directamente de sus cosechas para sobrevivir.
En numerosos casos, esta situación obliga a las familias rurales a migrar en busca de otras fuentes de ingreso, lo que no sólo afecta la economía local, sino además el tejido comunitario y la transmisión de conocimientos tradicionales relacionados con el cultivo del maíz nativo.
Con ello, añadió Carolina Ureta Sánchez, no sólo se ponen en riesgo las tierras de cultivo, sino también prácticas culturales, formas de organización y saberes ancestrales fundamentales para la conservación de la diversidad agrícola en México.
Además de los impactos anteriores, hay otro factor menos visible, pero igualmente importante: el uso intensivo de pesticidas para controlar la plaga. En este sentido, Jesús Cruz López destacó las consecuencias negativas de estos productos sobre la salud humana, tanto para las personas que aplican los pesticidas o están expuestas continuamente a ellos como para los consumidores.
Señaló que la exposición constante a estos químicos puede causar problemas respiratorios, intoxicaciones y otros daños a la salud, especialmente cuando no hay medidas adecuadas de manejo y protección.
Así, el avance de esta plaga no sólo representa un desafío agrícola, sino también una amenaza para la salud, la seguridad alimentaria y la preservación del patrimonio biocultural asociado al maíz en México.
¿Qué se debe hacer?
Frente a este panorama, los investigadores subrayan la necesidad de fortalecer las políticas públicas en distintos niveles para enfrentar los efectos del cambio climático sobre las plagas agrícolas.
Uno de los principales retos, aseveró Carolina Ureta Sánchez, es mejorar la disponibilidad y accesibilidad de la información sobre plagas agrícolas en México. Actualmente, muchas bases de datos no están integradas o son de difícil acceso, lo que limita la elaboración de modelos predictivos y mapas de riesgo.
Esta falta de información dificulta actuar antes de que las infestaciones se propaguen de manera descontrolada bajo escenarios de cambio climático y reduce la capacidad de respuesta tanto de las autoridades como de los productores.
A partir de ello, los especialistas plantean la construcción de sistemas de monitoreo y alerta temprana basados en mapas de riesgo que integren información climática, biológica y económica. Estas herramientas permitirían identificar con mayor precisión las regiones más vulnerables y actuar antes de que las plagas se expandan de manera descontrolada.
Asimismo, el estudio propone implementar estrategias de adaptación en zonas de alto riesgo, como subsidios, programas de vigilancia fitosanitaria y mecanismos de control más sostenibles. Entre estas medidas podrían incluirse barreras de contención, monitoreo permanente y el fortalecimiento de ecosistemas que funcionan como reguladores naturales de plagas.
Finalmente, los investigadores enfatizaron la necesidad de explorar opciones al uso intensivo de agroquímicos. En este sentido, destacaron la importancia de recuperar y evaluar prácticas desarrolladas por agricultores locales que, aunque muchas veces no están sistematizadas ni ampliamente difundidas, han mostrado resultados efectivos en el manejo de plagas.
Más allá del control inmediato de la chinche Blissus leucopterus, los especialistas advierten que enfrentar este tipo de amenazas requerirá una visión integral que combine ciencia, políticas públicas y conocimientos tradicionales para fortalecer la resiliencia del sistema agrícola mexicano frente al cambio climático.