El equipo universitario cayó con la cara al cielo…

“Canta, diosa, el coraje ejemplar de los Pumas…”

A veces las acciones que se suceden en una cancha de futbol adquieren la grandeza e intensidad de una batalla épica digna de ser inmortalizada en un himno homérico

Es sólo un juego, pero hay veces que las acciones que se suceden en una cancha de futbol adquieren la grandeza e intensidad de una batalla épica digna de ser inmortalizada en un himno homérico.

Ayer en la noche, en un Estadio Olímpico Universitario lleno hasta el tope, los Pumas de la UNAM y la Máquina Celeste del Cruz Azul saltaron a la cancha dispuestos a dar todo de sí para ganar el partido decisivo y, de esta manera, levantar la Copa del Torneo de Liga del futbol mexicano.

La afición de los Pumas lanzaba al cielo un Goya tras otro y demás cánticos (“¡Vamos UNAM…!”, “¡Cada día te quiero más…!” ), mientras en las gradas de una de las esquinas del estadio un pequeño grupo de seguidores del Cruz Azul también se hacía notar con sus porras y gritos de apoyo a su amadísimo equipo.

Sonó el silbatazo inicial y, de inmediato, el Cruz Azul echó sus líneas al frente, lo cual le permitió poner en aprietos a Keylor Navas en los primeros 15 minutos de juego, con dos escopetazos que el gran guardameta Puma desvió hacia afuera de su arco.

El embate cruzazulino no cesaba y los Felinos del Pedregal se mostraban desconcertados. Poco a poco, sin embargo, comenzaron a organizar sus filas e ir hacia adelante con más orden y fuerza.

Fue así como en el minuto 31 desataron un contragolpe que el paraguayo Robert Morales supo aprovechar a la perfección para horadar la portería de los Cementeros con un potente bombazo: 1-0.

Así, con ese marcador, ambos equipos se fueron al descanso.

Ya en el segundo tiempo, los Pumas salieron al terreno de juego con ganas de darles el tiro de gracia a los cruzazulinos, y casi lo consiguen con un gol de Junhino, pero a final de cuentas éste fue invalidado por el silbante debido a que, antes de disparar, el brasileño tocó el balón con una mano.

Tras un choque con Amaury Morales, Carrasquilla abandonó la cancha lesionado, por lo que el potencial ofensivo de los Pumas disminuyó considerablemente.

El Cruz Azul tomó nuevamente la iniciativa y, en el minuto 53, al fin logró el empate por medio de un autogol de Duarte.

La tensión se percibía en el graderío. A esas alturas del encuentro, todo indicaba que ambos conjuntos jugarían 30 minutos más. No obstante, ya en tiempo de compensación, Rotondi capitalizó un rebote dentro del área de los Pumas y, con su zurda prodigiosa, fusiló a Keylor Navas: 2-1. Un silencio denso, pesado, cayó sobre el Estadio Olímpico Universitario.

Un minuto después, la batalla concluyó y Cruz Azul se alzó con la victoria.

“Canta, diosa, el coraje ejemplar de los Pumas/que en inolvidable encuentro fueron vencidos/no sin dejar el alma y el corazón en la cancha…”

Fotos: Club Universidad Nacional.
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