Celebra IBt al maíz con sincretismo científico y cultural

En el marco del Día Nacional del Maíz, el Laboratorio de Citogenómica del Instituto de Biotecnología de la UNAM llevó a cabo un evento sin precedentes que mezcló ciencia y tradiciones en Morelos.
Arnaud Jacques Marcel Ronceret y Paul Rosas Santiago fueron los anfitriones de la “Elotiza”, evento que rindió homenaje al maíz, semilla que se ha convertido en base de la alimentación nacional, así como a productores del campo y a investigadores.
El convivio reunió a académicos, técnicos, estudiantes, personal de base y de confianza que disfrutaron del sabor de esquites “con chilito del que pica y del que no pica”, mayonesa, queso y limón, del aroma de las flores de pericón muy características de la temporada en Morelos y de la exhibición de catrinas adornadas con hojas de maíz y de piezas artísticas elaboradas con materiales de reuso a cargo de María del Carmen Muñoz García y Raúl Espinosa Trejo, trabajadores de base del IBt.
La flor de pericón es una planta silvestre amarilla brillante y con un agradable aroma. En náhuatl, lleva el nombre de “yauhtli”, cuyo significado es “niebla u oscuridad”. Se cree que el origen de esta tradición surge en la época prehispánica debido a que se tiene registro de haberse utilizado rituales como ofrenda para el dios de la lluvia, Tláloc, al finalizar el ciclo agrícola y el temporal de lluvias, marcando el tiempo de la cosecha. Asimismo, coincide con una tradición religiosa que consiste en colocar las flores en cruces para “ahuyentar a Satanás”, de acuerdo a la creencia popular.
A partir de esta coincidencia temporal se decidió organizar un evento que fusionó tradiciones y conocimiento científico alrededor del maíz, semilla protagonista de la alimentación, la historia y la identidad de México y cuya trascendencia va más allá de sus fronteras.
En el Laboratorio de Citogenómica llevan a cabo el estudio de los procesos celulares que permiten la reproducción del maíz y la transmisión de su información genética. Su interés se centra en la meiosis, una división celular especializada que reduce a la mitad el número de cromosomas y permite generar las células a partir de las cuales se desarrollan el polen y el saco embrionario. Durante este proceso, los cromosomas intercambian segmentos de ADN mediante la recombinación meiótica, lo que contribuye a generar nuevas combinaciones genéticas en la descendencia.
“Para comprender cómo ocurre este intercambio, es necesario observar lo que sucede dentro de las células. Durante la profase I, una etapa de la meiosis, los cromosomas homólogos —uno de origen materno y otro de origen paterno— deben reconocerse, alinearse y asociarse estrechamente. Esta asociación, denominada sinapsis, depende de una estructura de proteínas conocida como complejo sinaptonémico, que se organiza entre ambos cromosomas”, señala Ronceret.
El investigador destaca que la configuración de los cromosomas cambia conforme avanza este proceso. Al principio se observan como hilos delgados; posteriormente se aparean, adquieren mayor grosor y finalmente comienzan a separarse. Estos cambios permiten identificar las etapas clásicas de la profase I: leptoteno, cigoteno, paquiteno, diploteno y diacinesis. Cada una ofrece una ventana para estudiar cómo se organiza y remodela la maquinaria que participa en la reproducción.
“Uno de los avances de nuestro grupo es el desarrollo de un procedimiento reproducible de inmunolocalización tridimensional en meiocitos masculinos de maíz, las células que experimentan la meiosis dentro de las anteras. Esta técnica utiliza anticuerpos para identificar proteínas y visualizar su distribución mediante microscopía”, refiere Ronceret.
Las técnicas tradicionales de extendido y aplastamiento facilitan la observación de los cromosomas, pero alteran la organización tridimensional de las células y dificultan recuperar su contexto original. Rosas Santiago indica que el procedimiento desarrollado por este grupo de investigación permite conservar esa organización y preservar la localización de proteínas clave en el citoplasma, el núcleo y sus diferentes regiones.
El protocolo comprende la fijación de las anteras, su disección, la liberación de los meiocitos y la detección simultánea de tres proteínas. Esta capacidad permite comparar su distribución dentro de una misma célula y seguir sus cambios a lo largo de la profase I. Además, el tamaño de los cromosomas y de los meiocitos del maíz ofrece condiciones favorables para observar estos fenómenos.
“La presencia del maíz en las mesas, campos y tradiciones expresa un vínculo que se ha construido y transmitido durante generaciones. Mediante iniciativas como éstas deseamos compartir el conocimiento que estamos generando en el IBt alrededor de esta planta de valor invaluable y estrechar los lazos con la comunidad universitaria”, mencionan los investigadores.
Finalmente destacan que desde la academia reafirman su compromiso con el estudio de esta planta. “Investigar los mecanismos que permiten su reproducción y la transmisión de su diversidad genética es nuestra manera de contribuir al conocimiento de un patrimonio vivo de México. Compartir estos avances acerca la investigación a la sociedad y permite mostrar que, detrás de cada cosecha, existen procesos celulares cuya comprensión sigue abriendo nuevas preguntas para la ciencia”.