Clara Bargellini Cioni, miembro de la Academia Mexicana de la Historia

Enorme, el patrimonio artístico y arquitectónico de México, afirma la académica de Estéticas

Foto: Víctor Hugo Sánchez.

Clara Bargellini Cioni, del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE), fue nombrada miembro honorífico de la Academia Mexicana de la Historia, correspondiente de la Real de Madrid.

Se trata, en palabras de la destacada historiadora del arte, de “un honor que no me esperaba; lo agradezco mucho a los colegas que forman parte de esa prestigiada institución, de enorme tradición en México, país donde he desarrollado la mayor parte de mi carrera y que posee un patrimonio artístico y arquitectónico enorme”.

La universitaria refirió que la historia del arte es la de los objetos y la de quienes los crearon, es decir, de los artistas. “Eso nos lleva a interesarnos en aspectos distintos a los que ocupan los esfuerzos de los historiadores. Para nosotros, por ejemplo, es muy importante el avance de las tecnologías y el uso de materiales”.

Ahora, como parte de ese grupo de reconocidos estudiosos, podrá acceder a ese espacio privilegiado de intercambio de saberes entre profesionales de la historia.

A la cabeza y al corazón

Para Clara Bargellini Cioni el arte es una expresión humana no lingüística que cualquiera puede apreciar aunque no conozca la lengua de la nación donde se ubica, que entra por los ojos y va directamente a la cabeza y al corazón. Y es también una vía privilegiada para adquirir un conocimiento profundo de la historia.

La investigadora nació en Florencia, Italia, cuna del Renacimiento, donde las artes y la arquitectura florecieron a plenitud. Desde muy pequeña le atrajo la disciplina a la que ha dedicado su vida. “Ahí crecí; siempre me ha interesado el arte, no puede uno evitarlo”.

Llegó a vivir a nuestro país, en Chihuahua, porque se casó con un mexicano. Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Harvard, donde estudió el arte medieval de Italia, de inmediato sintió inclinación por las expresiones de la Colonia que eran más cercanas a lo que había indagado.

Quedó cautivada por el enorme patrimonio artístico y arquitectónico, retablos, esculturas, catedrales, parroquias y misiones del periodo virreinal, y también se dio cuenta de que pocas personas se habían dedicado a examinar esa riqueza cultural del norte del territorio nacional. “Era un aliciente saber qué era todo eso, quién lo había hecho, por qué, cuándo; todo eso me llamó la atención”.

Aún hoy considera que, por ejemplo, el IIE, donde trabaja desde 1979, “es un gran centro de investigación, pero si uno piensa en la riqueza cultural de México, en realidad somos muy pocos especialistas”.

Bargellini Cioni también se ha dedicado a la conservación del arte. La primera vez que realizó esa labor fue durante la inundación que sufrió su ciudad natal, en 1966, debido al desbordamiento del río Arno. “Era estudiante cuando ocurrió aquello. En Florencia tenemos un sentido de propiedad, de un gran legado artístico, por lo que se abrieron muchos proyectos frente a la necesidad de rescatar y después restaurar las obras de arte. Ayudé en cosas mínimas, pero fue un ambiente muy interesante”.

No sólo era una situación en la que urgía salvaguardar el patrimonio, sino además de aprendizaje, porque en los procesos de recuperación de las obras se debe conocer cómo se hicieron, con qué materiales, cuáles fueron los procedimientos, los procesos de la creación original, etcétera. Ese fue uno de los frutos positivos de ese evento tan trágico. Se perdieron algunas piezas, pero se ganó conocimiento sobre materiales y tecnologías artísticas antiguas, relató la experta.

También ha desarrollado proyectos curatoriales, como el de El arte de las misiones del norte de la Nueva España 1600-1821 (2009). “Hacer exposiciones hace que uno ponga lo que sabe no sólo al servicio de los objetos y su conservación, sino igualmente de su explicación. Me ha interesado transmitir el conocimiento sobre el arte a un público no especializado”.

La autora de libros y artículos sobre el arte y la arquitectura del norte de la Nueva España, incluyendo La catedral de Chihuahua (1984), La arquitectura de la plata: iglesias monumentales del centro-norte de México, 1640-1752 (1991), y La catedral de Saltillo: tiempo y espacio de un acervo (2005), actualmente ha retomado un trabajo que hizo hace años en el norte de México y en California.

En ese estado de la Unión Americana hay un interés renovado en las misiones franciscanas, que tienen colecciones muy interesantes, poco conocidas, de objetos que van del siglo XVIII al XXI, que no sólo se enviaron a la Alta California en tiempos virreinales, sino que además se fueron acumulando a través de los años. Un incendio en una de las misiones llamó la atención sobre la necesidad de hacer catalogación y “se está armando un proyecto al respecto”.

De igual manera, Bargellini estudia desde hace algún tiempo a un grabador que llegó a la Nueva España a principios del siglo XVII, Samuel Stradanus. “Poco a poco he ido descubriendo cosas de él y de la introducción del oficio y la técnica para hacer grabados”.

Para la universitaria las investigaciones comienzan con un objeto, un edificio, un grabado, etcétera, y la búsqueda de información para entenderlo más a fondo.

Por último, agradeció a México y sus colegas la oportunidad de haber hecho su carrera aquí, y expresó su esperanza de poder seguir trabajando y hacerlo bien.

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