Consideraciones de un #ExpertoUNAM

Cómo mejorar la calidad de vida de los perros en su vejez…

Foto: Gabriela Terán.
Rufo llegó a la vida de Angie hace 12 años, cuando aún era cachorro. Desde pequeño demostró ser leal y protector, pero como sucede con todo ser vivo, el pasar de los años le ha cobrado factura con el oído y la vista. Además, ahora duerme siestas más largas, come croquetas más blandas y recibe cuidados especiales debido a su edad.

“Era muy activo. De joven le gustaba echarle pleito a cuanto perro veía, pero hoy convive con un cachorro, se volvió muy paciente y a veces juega con él. Aunque ya no es el mismo de antes, todavía tiene alma joven”, mencionó Angie Delgado Muela, estudiante y tutora de Rufo.

De acuerdo con el médico veterinario zootecnista, Francisco Javier Carbajal Merchant, de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán de la UNAM, cada vez hay más personas preocupadas por darle una mejor calidad de vida a sus animales de compañía, sobre todo en la vejez, etapa que, tanto en caninos como en felinos, se considera que llega a partir de los siete años.

“Cuando esto ocurre hay degeneraciones en los órganos, sobre todo en riñón e hígado (los principales responsables del metabolismo). También se observan afectaciones en el aparato locomotor y, en el caso de los perros, suele haber displasia de cadera (cuando la fosa acetabular no tiene buena congruencia con la cabeza femoral, lo cual genera desgaste y les impide moverse, pues les genera dolor). Una de las principales consecuencias de esto es una notable disminución de su actividad”, enumeró Carbajal Merchant.

Asimismo, suele haber anomalías en los espacios de los discos intervertebrales, lo cual hace que el sistema nervioso central se comprima. Cuando esto sucede, los titulares refieren que, al tocar cierta parte de su perro o gato, éste los quiere morder. También pueden verse alterados el riñón y el bazo, entre otros órganos que normalmente no se mencionan, pero pueden generar complicaciones en vías urinarias como incontinencia urinaria, dolor y otros problemas.

También hay cambios en la condición corporal que los veterinarios catalogan del uno al cinco: el uno es cuando los huesos son visibles y el cinco cuando hay sobrepeso. Esto puede deberse a una alteración gastrointestinal o ser un signo clínico secundario a la afectación de otros órganos porque hubo un cambio en el metabolismo del individuo.

“Algo notorio en los perros es el cambio en el pelaje, que comienza a lucir canoso. Tal decoloramiento generalmente inicia en el hocico, se sigue al contorno de los ojos y después se va a las extremidades. Además, las alteraciones en su aparato digestivo podrían dar pie a vómitos y diarreas”, advirtió.

Pero, ¿cuáles son los padecimientos más problemáticos? Básicamente son tres. El primero son los tumores o neoplasias (por ejemplo, linfoma); ante uno de estos casos, se recomienda la realización de ultrasonidos o placas radiográficas. El segundo son los problemas cardiacos y, el tercero, la insuficiencia renal o hepática.

Otros aspectos a atender son los problemas oculares, como cataratas, cuya signología temprana se puede apreciar con un cambio en la coloración del ojo, o el dolor dental, resultado de la acumulación del sarro.

A decir del académico, una disminución de la actividad física o del apetito en un perro, o si este convive con otros animales y de pronto se aleja del entorno, pueden ser señal de que está llegando a la vejez. En ese momento es crucial acudir con el médico veterinario zootecnista lo más pronto posible, pues si se deja pasar tiempo se corre el riesgo de que el animal de compañía entre a una fase terminal y no se pueda hacer más.

Como explicó Francisco Carbajal, todos los seres vivos atraviesan diferentes etapas, y la última es la geriátrica, que inicia a partir de los siete años, pues es cuando el metabolismo ya no funciona como antes, y es momento de ir con el veterinario para una exploración física general completa.

Por su parte, el titular o tutor deberá adaptar el alimento suministrado y observar que contenga los nutrientes necesarios para que los órganos de su animal de compañía no se sobrecarguen y, de esta manera, no se acelere alguna insuficiencia en alguno de ellos.

Contrario a lo que se cree, un año de perro no equivale a siete de humano ya que, según tamaño y raza, los caninos envejecen a diferentes ritmos. Antes, en perros de talla chica el promedio de vida era de 15 años, aunque en la actualidad hay algunos que sobrepasan los veinticinco.

La Asociación Americana de Medicina Veterinaria considera perros mayores a los que llegan a la última etapa de su expectativa de vida estimada para su raza. Para razas pequeñas o miniatura (como el schnauzer miniatura, yorkshire terrier o chihuahueño, que pesan menos de 10 kg) esto es entre los ocho y los 10 años, mientras que para las razas gigantes (que alcanzan los 40 kg o más, como el akita, san bernardo o malamut) es entre los seis y los siete.

“Vamos a comparar siete años humanos contra un año de perro o gato, aunque esto tiene que ver con los índices metabólicos de los aparatos renal y hepático. Si un animal tiene 12 y multiplicamos esta cifra por siete, tendremos 84 años, entonces habremos de tratar a nuestro canino o felino de manera similar a una persona de dicha edad”, dice el académico.

Por ello, el especialista recomienda darle todos los cuidados necesarios a nuestro animal de compañía desde que es cachorro: vacunarlo y desparasitarlo. También, en edad avanzada, es preciso brindarle una dieta balanceada según su peso y raza.

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