Estudio socioantropológico de la Cátedra Inés Amor

¿Cómo viven la cultura los jóvenes de bachillerato?

Foto: cortesía Bitácora Social.

Para los estudiantes de bachillerato de la UNAM, la cultura no habita exclusivamente en auditorios o bibliotecas, sino que permea los pasillos, las bancas, las redes sociales, los memes y los grupos de WhatsApp.

Así lo revela el estudio socioantropológico Cultura, ¿qué es, dónde vive y cómo se consume?, organizado por la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM (Cultura UNAM), mediante la Cátedra Internacional Inés Amor en Gestión y Políticas Culturales.

El estudio, realizado entre octubre de 2024 y febrero de 2025 por Bitácora Social, organización de análisis antropológico, involucró a dos mil 490 estudiantes de los 14 planteles del bachillerato universitario –nueve de la Escuela Nacional Preparatoria y cinco del Colegio de Ciencias y Humanidades–. La metodología fue de carácter etnográfico, con un equipo de 14 investigadores que convivieron en aulas, pasillos y espacios públicos para comprender cómo se manifiesta la cultura en el día a día estudiantil.

“Éste es un estudio inédito porque implica un acto de reflexión, de autorreflexión y de autocrítica”, señaló Rosa Beltrán, coordinadora de Difusión Cultural, al presentar los hallazgos del proyecto. Enfatizó que las instituciones rara vez se atreven a cuestionarse si su quehacer está realmente repercutiendo en sus comunidades. La UNAM quiso saber qué significa la cultura para los jóvenes después de la pandemia, cómo la viven y qué esperan de la oferta universitaria. “Queríamos escuchar a los jóvenes y saber qué les significa la cultura en este momento, cómo la viven, cuáles son sus expectativas sobre la oferta cultural en general, pero también, en particular, de la UNAM”.

Graciela de la Torre, titular de la Cátedra Inés Amor, destacó que esta iniciativa brinda la oportunidad de reconfigurar la oferta cultural de la UNAM. Recordó que la Coordinación de Difusión Cultural se ha distinguido por realizar radiografías de su quehacer, citando estudios previos como el análisis Museos e instituciones culturales en tiempos de pandemia (2020) y el sondeo Nuestro sistema cultural opina (2021), que involucró a 285 instituciones de diez países. El nuevo estudio no pretende ser un manual, sino un mapa para complementar el trabajo emprendido en los planteles.

Germán Castellanos, director de análisis en Bitácora Social, explicó que esta generación habita simultáneamente en lo físico y lo digital sin establecer fronteras entre ambos territorios. Los jóvenes viven bajo la presión de la inmediatez, desde saber qué meme está vigente hasta conseguir boletos para conciertos de artistas globales. Para ellos, el futuro no es lineal y la madurez parece extenderse, aunque controlan aspectos creativos como la producción de videos o el acceso instantáneo al entretenimiento.

En la UNAM la cultura está en todas partes, pero de una manera que no siempre notamos. No es sólo lo que pasa en el auditorio o en las conferencias, sino lo que vivimos todos los días en los pasillos, en los descansos, en las pláticas con nuestros amigos. Nos enseñan que la cultura es algo grande, pero la verdadera cultura es lo que construimos con lo que nos rodea”

Daniela, 17 años
5° semestre, CCH Vallejo

“La cultura allá afuera se veía como un ejercicio estático, aprendido”, indicó Castellanos. Los jóvenes perciben que la cultura institucional se reduce a categorías tradicionales (teatro, arte, cine) que permanecen inmóviles en temas y carteles. Sin embargo, cuando hablan de cultura como interés propio, surgen interrogantes: ¿puede la universidad validar también a Junior H o la transmisión de películas de anime en sus espacios?

Alejandro León Suárez, titular de la Unidad de Desarrollo Institucional de Cultura UNAM, enfatizó que el estudio buscó no mirar a las generaciones jóvenes desde el déficit, evitando etiquetas superficiales. Los jóvenes de 15 a 19 años tienen opiniones firmes: reconocen que la vida cultural es la universidad, no niegan el valor de Chaikovski o las expresiones tradicionales, pero desean que su cultura también sea validada.

“Lo que no queríamos en el estudio era llegar con la pregunta de qué es cultura, porque estas personas tan jóvenes iban a pensar que era una suerte de examen”, compartió León Suárez. Los estudiantes quieren encontrarse, cocrear y experimentar, explicó. El plantel es para ellos un espacio seguro donde organizan jams de rap, grupos de baile e improvisaciones. Si la institución no otorga espacios formales, los estudiantes se apropian del territorio público.

Los hallazgos apuntan a una disonancia: los jóvenes perciben que se les impone una “cultura programada” cuando su experiencia cotidiana es espontánea, flexible y participativa. Proponen espacios de mediación, privilegian talleres sobre conferencias magistrales y desean ser actores culturales, no meros receptores pasivos, señaló León Suárez.

Los tres documentos derivados del estudio están disponibles en la página web de la Cátedra Inés Amor. Se trata del reporte de investigación Cultura, ¿qué es, dónde vive y cómo se consume?, que explica el proceso y las conclusiones generales; La cultura en cifras, análisis cuantitativo de los resultados del cuestionario digital, con gráficos e interpretaciones clave. Y Un zoom a la cultura, etnografía fotográfica, registro visual de los espacios escolares y de las expresiones culturales cotidianas en los planteles.

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