El 11 y 13 de diciembre irá del Renacimiento al Barroco
Concierto navideño de la Academia de Música Antigua

Lejos de conformarse con el repertorio navideño previsible, la Academia de Música Antigua de la UNAM (AMA) ha construido un recorrido que abarca del Renacimiento al Barroco tardío, tejiendo un tapiz sonoro que incluye desde la exuberancia operática de Händel hasta la serenidad luterana de Buxtehude, pasando por voces femeninas que resonaban tras las rejas de conventos italianos.
“Es una navidad multicultural, multinacional”, explicó Eunice Padilla, directora artística de la AMA, al describir el programa que cerrará este año las actividades del ensamble, y que tendrá lugar el jueves 11 a las 17 horas, en el auditorio de la Biblioteca José Vasconcelos; el sábado 13 a las 19 horas, en la Sala Manuel M. Ponce, del Palacio de Bellas Artes; y el domingo 14 a las 12 horas en el Anfiteatro Simón Bolívar del Colegio de San Ildefonso.
El concierto, titulado Entre ángeles y pastores, arrancará con la obertura de Il Parnasso in festa, de Georg Friedrich Händel, una pieza originalmente compuesta para celebrar una boda real pero que funciona, según Padilla, como una perfecta obertura festiva y extrovertida. “Hice un programa con un espíritu muy francés”, advirtió la directora, y en efecto, Marc-Antoine Charpentier ocupa un lugar protagónico con dos obras contrastantes: el cántico In nativitatem Domini canticum, que Padilla describió como “una mini pastorela navideña” de visión católica, teatral y ligera que habla directamente con el público; y Noëls sur les instruments, una suite de villancicos.
“Los franceses tienen muchísimos villancicos, muchos más de los que pensamos”, señaló la directora, subrayando una tradición que se extendía desde las misas de medianoche hasta celebraciones que involucraban órgano, voces e instrumentos.
Este legado contrasta dramáticamente con la cantata Das neugeborne Kindelein de Dietrich Buxtehude, donde emerge lo que identificó como una visión de la Navidad del estilo luterano, más severo. La música alemana presenta aquí una devoción conmovedora, distinta a la católica mediterránea, estableciendo uno de los múltiples diálogos que vertebran el programa.
Pero son las compositoras italianas quienes ocupan un lugar revelador en este mosaico. Raffaella Aleotti, Caterina Assandra y, aunque no presente en este concierto, el fantasma de Isabella Leonarda, representan una tradición musical conventual que Padilla se empeña en rescatar del olvido. “Puedo garantizar que aquí nadie las hace”, afirmó en forma categórica sobre estas piezas renacentistas. Las tres compositoras eran monjas enclaustradas en diversos conventos italianos, donde recibían una formación musical esmerada, comparable a la que las huérfanas del Ospedale della Pietà recibían bajo la tutela de Vivaldi.
“Estas monjas eran muy famosas porque cantaban como los mismos ángeles”, relató, evocando una tradición donde fieles acudían no sólo a misa, sino específicamente a escuchar coros femeninos que cantaban tras las rejas de clausura. La música de Assandra y de Aleotti está orientada a voces femeninas, aunque algunas monjas con registros graves interpretaban las partes inferiores, siempre acompañadas por órgano.
“No necesariamente porque sean mujeres, sino porque es un repertorio bueno, es buena música”, insistió Padilla sobre su decisión de programar a estas compositoras. La directora rechaza tanto el paternalismo como la invisibilización: estas monjas no eran aficionadas, sino compositoras de primer nivel cuyas obras merecen escucharse junto a Orlando di Lasso, Juan Blas de Castro o el propio Vivaldi, quien cierra el programa con selecciones del Beatus vir, permitiendo que los solistas vocales de la AMA desplieguen su virtuosismo antes de la apoteosis coral y orquestal final. Por otro lado, el viaje que propone la directora del ensamble es deliberadamente no lineal.
“Abro con lo barroco para que tengan el panorama exuberante, la parte feliz”, explicó, para luego retroceder hacia texturas renacentistas casi a capella, creando contrastes que revelan cosmovisiones musicales radicalmente distintas (la pompa operática italiana, la intimidad devocional alemana, la teatralidad francesa, la polifonía renacentista española e italiana) antes de regresar al esplendor veneziano de Vivaldi.
Más allá de este concierto específico, Padilla ha trazado para la AMA un proyecto ambicioso de múltiples frentes, en el que, afirmó, queda claro que se trata de un grupo excelente, donde destacan tanto las voces como el ensamble instrumental que se ha ido construyendo con estudiantes que tocan violín moderno pero deben incursionar en el barroco, cambiar cuerdas, afinación y técnica. Su estrategia curatorial equilibra obras conocidas, como el Dixit Dominus, de Händel, con piezas que ni los mismos tutores conocen, dijo, como es el caso del Descenso de Orfeo en los Infiernos de Charpentier, probablemente nunca antes interpretado en México.
“Siempre mis becarios y tutores se sorprenden con el repertorio que encuentro”, sonrió la entrevistada, quien para marzo prepara un concierto enteramente dedicado a compositoras. Su prioridad es clara: formar un ensamble emblemático que haga crecer musicalmente a los becarios, mientras amplía el horizonte del público, demostrando que el universo barroco contiene galaxias enteras aún por explorar.