“Que sea recordada y nombrada por su vida”, pidió Andrea Soto Hernández

Dan título post mortem de enfermería a Verónica Soto Hernández

En emotiva ceremonia, la directora de la FENO entregó a la familia el reconocimiento por su desempeño académico y una profunda vocación de altruismo y amor sin reservas

La Universidad Nacional Autónoma de México y su Facultad de Enfermería y Obstetricia (FENO) honraron la memoria de Verónica Soto Hernández, al entregar a su familia el título conmemorativo post mortem con el que se le reconoce formalmente como licenciada en Enfermería y Obstetricia, testimonio tangible de que culminó su trayectoria académica con excelencia.

El documento establece que se trata de un “acto simbólico de reconocimiento a su desempeño académico y en memoria de una vida de altruismo y profunda vocación que no será olvidada por su Universidad”.

En la emotiva ceremonia, la directora de la FENO, Rosa Amarilis Zárate Grajales, expresó que la entrega del título es un “acto de justicia, de amor y de memoria eterna” para una joven que dejó huella imborrable en esa entidad y en cada vida que tocó.

La enfermería, expuso, es una vocación que exige lo más noble del espíritu humano: la compasión hecha acción, la ciencia convertida en cuidado, la presencia silenciosa y firme ante el sufrimiento ajeno. Esa vocación ardía con intensidad luminosa en el alma de Verónica.

Quienes tuvieron el privilegio de acompañarla en las aulas, en los pasillos de esta Facultad y en los campos clínicos, saben que en sus ojos brillaba ya la luz de alguien que ha elegido servir. “Sus manos, que debieron haber curado incontables heridas, alcanzaron a sembrar consuelo; su sonrisa, que prometía alivio, logró mitigar soledades; su presencia nos demostró que la grandeza se mide por la calidad del amor entregado”.

Verónica se ha transformado en un símbolo, en un faro que guiará a las futuras generaciones de enfermeras y enfermeros, y que la encontrarán siempre en el mural de nuestro patio “Vocación por la vida”. “Gracias por tu ejemplo, por tu entrega y por recordarnos que la verdadera inmortalidad se alcanza cuando uno se dona a los demás sin reservas”, finalizó Zárate Grajales.

La madre de la alumna, Rosa Amarilis Zárate y Rosa María Soto. Foto: Víctor Hugo Sánchez.

Andrea Soto Hernández, madre de Verónica, recordó que para su hija estudiar en la UNAM fue uno de sus propósitos, el puente que la llevaría a ser y hacer lo que le apasionaba: ayudar a salvar vidas, cuidar a las mamás y sus bebés, socorrer a los más vulnerables. Ella fue víctima de feminicidio el 1 de noviembre de 2019, el mismo año que concluyó su carrera.

Quedaron inconclusos sus sueños, sus metas, su vida. No pudo terminar su servicio social en el Hospital Militar de Especialidades de la Mujer y Neonatología, único requisito que le faltaba para su titulación por la modalidad de Totalidad de créditos y alto nivel académico, ya que obtuvo un promedio de 9.6 en sus estudios, relató.

El título significa y dignifica lo que logró mi hija en su corta vida. No es un documento, es una fracción de la justicia que nos merecemos. Es parte de la memoria y la reparación por el sólo hecho de ser una integrante de la comunidad universitaria, comentó. Que “sea recordada y nombrada por su vida, y no por su muerte”.

En un mensaje de Karla Vázquez Mora, compañera y amiga de Verónica, leído por Rosa María Soto Betanzos, prima de la joven titulada, consideró que el título póstumo no representa únicamente una meta académica, sino el esfuerzo, dedicación y compromiso que ella puso cada día para llegar a ser la profesionista que soñaba. “Sé que habría portado este logro con orgullo, humildad y una enorme vocación de servicio”.

En el acto, donde estuvo presente Ivonne Ramírez Wence, directora general de Administración Escolar de la UNAM, añadió que su memoria sigue viva en cada persona que la recuerda, en cada compañero y en cada sueño que dejó sembrado. Hoy, su nombre recibe el título que merece. Y “aunque duele profundamente que no esté aquí para recibirlo, también es un acto de justicia y de amor reconocer todo lo que fue y lo que inspiró”.

Mario Calderón Santos, exprofesor de la joven, recordó su sonrisa contagiosa, sus ganas de vivir y de ser enfermera, así como su bondad infinita, y amor y amistad incondicionales “como un legado que perdurará en nuestras vidas”. Su ejemplo, sus ganas por aprender y su influencia positiva seguirán inspirándonos a ser mejores personas y a valorar cada momento que compartimos con nuestros seres queridos.

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