Dos propuestas coreográficas en el CCU
De ciertas ciudades y Dinámicas Blandas exploran urbe y materia
Alejandra Ramírez apuesta por lo reconocible cotidiano; Julia Barrios, por lo perturbador: un slime rojo que evoca vísceras

El Centro Cultural Universitario albergará, del 13 al 15 de marzo, dos propuestas dancísticas que tienen más en común de lo que sus materiales sugieren. En la Sala Miguel Covarrubias, Alejandra Ramírez estrena De ciertas ciudades, una partitura de cuerpos que transcribe la vida urbana en movimiento. En el Salón de Danza, Julia Barrios presenta Dinámicas Blandas: SLIME, una pieza que convierte la escena en un laboratorio donde una sustancia viscosa y un cuerpo humano negocian su coexistencia.
Una trabaja con el bullicio de lo colectivo; la otra, con el silencio táctil de la materia. Ambas, sin embargo, comparten una misma apuesta: tomar un fenómeno concreto y someterlo al filtro de la abstracción para revelar algo que de otro modo permanecería invisible.
La coincidencia no es casual ni baladí. Hay en las dos creadoras entrevistadas una desconfianza compartida hacia el enunciado directo, hacia la obra que explica en vez de proponer. Ramírez lo dice con claridad: no le gusta dar todo digerido, pero sí le interesa que el público sienta que descifró la fórmula completa, que lo que leyó en el título pueda reconocerlo, transformado en escena.
Barrios va más lejos en esa renuncia al control: para ella, la obra misma es abrirse a la imperfección, a la alteridad, a la multiplicidad, aunque eso signifique que cada función sea irrepetible, incluso imprevisible. Donde Ramírez construye un mosaico reconocible de gestos urbanos estilizados, Barrios renuncia a la reproducibilidad como principio.
La diferencia más honda entre las dos piezas tiene que ver con dónde está puesta la mirada. Ramírez mira hacia afuera: hacia la ciudad, el transporte público, los trayectos compartidos con desconocidos que de pronto se bifurcan y se vuelven extraños de nuevo. Barrios mira hacia adentro, o más bien hacia ese umbral difuso entre el cuerpo propio y el cuerpo ajeno. Y ese cuerpo ajeno, en su caso, no es otro ser humano sino el slime, esa sustancia amorfa con la que juegan los niños, lenta, pigmentada con betabel para introducir lo orgánico en lo que de otro modo sería una presencia inequívocamente sintética.
Formada en danza y arquitectura (estudió en la UNAM y luego en ArtEZ University of the Arts en Holanda, donde se introdujo al nuevo materialismo y al poshumanismo), Barrios llegó a preguntarse si la coreografía podía ser un medio para explorar la agencia del objeto, su capacidad de actuar y afectar. La respuesta que encontró se basa en las prácticas somáticas y ecosomáticas: prácticas de escucha que se vuelcan sobre el propio cuerpo y sobre la materialidad del entorno.
“Claramente se vuelve algo instalativo y escultórico, por la lentitud. Es como una danza en cámara lenta o una escultura que va cambiando lentamente”, explicó. La pieza funciona a partir de una partitura abierta: no improvisación libre, sino un mapa de intenciones y momentos que deja espacio a lo que el slime decida hacer.
Hay tres secciones, una iluminación de Rafael Chitiva que responde a lo que ocurre en escena, y un diseño y performance sonoro construido en vivo por Fermín Martínez a partir de los sonidos captados por micrófonos durante el propio acto de la obra. Todo reacciona a todo. “Es una escucha que tiene que ir a ambos lados”, señaló Barrios, describiendo ese constante ir y venir entre lo que el material propone y lo que el cuerpo responde.
La propuesta de Ramírez en De ciertas ciudades opera en una escala radicalmente distinta. Directora de Bruja Danza (compañía que cumple 25 años y que ha llevado su trabajo a España, Colombia, Chile, Suecia y Francia), Ramírez parte de una observación cotidiana que a ella le resultó reveladora: su obra no es tan extraña como la cotidianidad misma.
Lo que compuso a partir de los trayectos urbanos, el cansancio del transporte público y los microencuentros entre desconocidos, no hizo sino palidecer ante lo que sucede realmente en el metro, explicó. Esa epifanía guía la pieza: cuatro intérpretes construyen una sucesión de situaciones que se cruzan y se interrumpen, donde gestos mínimos, desplazamientos y colisiones devienen materia coreográfica. Una de las secciones se titula “Traslado”, lo que incluye, nos dice, la colisión y el cansancio.
Ramírez apuesta por lo que llama “una experiencia espejo”: el público verá algo que reconoce (ese cabeceo de quien madrugó demasiado). Barrios apuesta por algo más perturbador: el momento en que el slime, pigmentado de rojo, comienza a parecerse a vísceras, a carne, y la distancia entre el cuerpo humano y la materia inerte se colapsa de golpe. Nadie saca el teléfono en ese instante, ha observado la coreógrafa.
En el CCU, durante un mismo fin de semana, dos obras, dos salas, dos maneras de hacerle decir a la danza lo que el lenguaje ordinario no sabe nombrar.
De ciertas ciudades. Funciones los días 13, 14 y 15 de marzo. Viernes a las 20 horas, sábado a las 19 y domingo a las 18. Dinámicas Blandas: SLIME. Funciones los días 13, 14 y 15 de marzo. Viernes a las 19 horas y sábado y domingo a las 12:30 en el Salón de Danza UNAM.