35 años de la revista semestral

Debate Feminista, puente entre movimiento y pensamiento

La publicación se propuso incidir no solamente en los asuntos coyunturales sobre la discusión acerca de los derechos de las mujeres, sino también, y de manera crucial, en el desarrollo de la teoría feminista y en los nacientes estudios de género

Foto: CIEG.
Durante los primeros 10 años –de 1990 a 2000–, fui jefa de redacción de Debate Feminista. Los siguientes 15 –de 2000 a 2014–, pertenecí a su comité editorial. En 2015 tuvimos un breve impasse por la transición de la revista. A partir de 2016 en que pasó a formar parte del patrimonio de la UNAM –del volumen 51 al 70–, la dirijo en el Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG).

Han pasado tres décadas y media desde que Marta Lamas echó a andar este proyecto editorial. Meses antes, me había invitado a formar parte de una aventura feminista. Se trataba de llenar un vacío. De responder a una necesidad. La tarea iba más allá de la que fem. –una de las primeras revistas feministas mexicanas, fundada en 1976 y con la más larga trayectoria de publicación ininterrumpida hasta la aparición de Debate– había cumplido desde sus páginas escritas por las principales cabezas del movimiento: la de figurar como un medio de comunicación para la comunidad que todavía a finales de la década de 1980 se identificaba sin demasiadas complicaciones como feminista; fem. fue su portavoz, liderada en su fundación por Alaíde Foppa y Margarita García Flores, junto con La Revuelta, La Correa, La Boletina, Cihuat y otras más de duración variada.

Al inicio de la década de 1990, hacía falta –según la opinión de Lamas en particular, y de un grupo de intelectuales mexicanas y latinoamericanas en general– una publicación capaz de tender un puente entre el movimiento y el pensamiento; una correa de transmisión capaz de recuperar, para el activismo, la profundidad y los matices de un campo teórico en apogeo; y para la academia, los retos y las demandas políticas de una insurrección social cada día más compleja y numerosa.

Esto iba más allá de una propuesta periodística –que habíamos imaginado primero como un suplemento para un diario nacional, y que al final dejamos en manos de las periodistas que hicieron la Doble Jornada–; se proponía incidir no solamente en los asuntos coyunturales de la discusión pública acerca de los derechos de las mujeres, sino también, y de manera crucial, en el desarrollo de la teoría feminista y en los nacientes estudios de género.

Primera época

El resultado de los primeros 25 años (50 volúmenes semestrales) de Debate Feminista se puede resumir en un total de 1331 contenidos; muchos de estos son artículos académicos provenientes de una enorme variedad de disciplinas (antropología, historia, sociología, demografía, ciencia política, teoría literaria, filosofía, psicoanálisis, economía, estudios culturales, derecho), pero también contamos con ensayos teóricos, literarios y existenciales, reseñas de libros, traducciones, relatos, mesas redondas, crónicas, entrevistas, guiones teatrales y canciones con sus partituras.

Esos 1331 contenidos se deben a la pluma de más de 700 firmas de muy diversas procedencias, entre autoras directas y traductoras, compiladoras, grupos de trabajo y colectivas, gente muy famosa –extranjeras como Judith Butler, Teresa de Lauretis, Nancy Fraser, Celia Amorós, Chantal Mouffe, Silvia Federici, Joan Scott, Margaret Atwood, Rita Laura Segato, Susan Sontag, Néstor Braunstein, Marguerite Duras, Martha Nussbaum, Fernando Savater, Gloria Anzaldúa, Evelyn Fox Keller, Nelly Richard, Giséle Halimi, Nelly Schnaith, David Halperin; o mexicanas como Elena Poniatowska, Mónica Mayer, Rosario Castellanos, Ángeles Mastretta, Lorena Wolffer, Cristina Rivera-Garza, Carlos Monsiváis, Ivonne Szasz, Ana Amuchástegui o José Woldenberg– y gente que estaba empezando su carrera literaria, académica o política y encontró en Debate un espacio de repercusión inesperada.

Publicamos trabajos clásicos y textos que todavía hoy guían la discusión sobre género y sexualidades: Anne Phillips, Gayatri Chakravorty Spivak, Giulia Colaizzi, Raewyn Connell, Luce Irigaray, Norma Alarcón, Rodrigo Parrini, Françoise Dolto, Rossana Rossanda, Estela Serret, Guiomar Rovira Sancho, Cherríe Moraga, Mary Louise Pratt, Cristina Palomar Verea, Sayak Valencia, Luisa Muraro, Francesca Gargallo, Ma. Antonieta Torres Arias, Mauro Cabral, Bolívar Echeverría, María Jesús Izquierdo, Antonio Prieto Stambaugh, Angela McRobbie, Barbara Ehrenreich, Julia Kristeva o Doreen Massey.

La existencia de Debate Feminista en esos primeros 50 ladrillos contó con el trabajo generoso de quienes nos compartieron sus textos de manera sistemática o esporádica, de formas ingeniosas, rigurosas, normativas o rebeldes: la propia Marta Lamas, colaboradora muy frecuente de nuestras páginas, junto con las integrantes del comité editorial que respondían al reto de escribir algo para el volumen temático que estaba en nuestra imaginación y requería aterrizar los temas en obras concretas de extensiones, formatos y géneros variados: Teresita de Barbieri, Gabriela Cano, Dora Cardaci, Leticia Cufré, Diamela Eltit, Mary Goldsmith, Lucía Melgar, Sandra Lorenzano, María Teresa Priego, Patricia Mercado, Araceli Mingo, Raquel Serur, Estela Suárez, Nattie Golubov, Enid Álvarez, Carmen Boullosa, Haydée Birgin, Lucero González, Marisa Belausteguigoitia, Ana Luisa Liguori, María Consuelo Mejía, Cecilia Olivares, Lorenia Parada, Mabel Piccini o Sara Sefchovich. Y con la invariable participación de Liliana Felipe y Jesusa Rodríguez que sostuvieron la sección “Argüende” durante 25 años.

Segunda época

El traslado de Debate Feminista a la UNAM significó, en primer lugar, un drástico cambio de formato. Para encajar en la lógica académica del momento, había que convertirla, de una publicación descaradamente libre y desparpajada (donde el comité editorial decidía qué íbamos a publicar en función de criterios políticos, coyunturales, teóricos, literarios, éticos o académicos; pero también guiado por corazonadas y afectos), en una revista académica que se debe someter a estándares de rigor científico garantizados, en primer lugar, por el dictamen por pares. En el mundo académico actual, este requisito se suma a una cantidad ingente de requerimientos formales y técnicos –como la elaboración de documentación normativa, el funcionamiento de un gestor editorial en línea o la pertenencia a índices internacionales– que restringen de forma importante la selección de contenidos.

Para convertirse en una revista indexada, Debate Feminista renunció a la variedad de registros y géneros escriturales que la caracterizó desde su fundación, y se sujeta a dos formatos principales: el artículo científico (en el área de las humanidades y las ciencias sociales) y la reseña de libros. Ambos géneros de escritura están reglamentados en cantidad de palabras, además de exigir un tono objetivo, a veces despersonalizado, y una organización interna más o menos homogénea.

No obstante, y en afinidad con una tradición establecida, a partir del volumen 70 la revista se plantea la posibilidad de recuperar parte de la riqueza textual de la primera época sin perder el rigor y la seriedad con que ha publicado a partir del 2016 un total de 206 contenidos entre artículos académicos (137), reseñas (53) y escritos varios (16).

Con un comité editorial renovado (procedente de la UNAM y de otras universidades metropolitanas) y el compromiso editorial de sus editoras y del Departamento de Publicaciones, la calidad y aceptación de Debate Feminista se refleja, sin duda, en la cantidad de colaboraciones que recibimos constantemente tanto de la academia mexicana como de Latinoamérica y otras regiones.

Se puede consultar en: https://debatefeminista.cieg.unam.mx/

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