Persiste impacto de la plataforma Deepwater Horizon
Derrame petrolero de hace 15 años merma la población cetácea en el Golfo de México
Un estudio publicado en Nature Communications Earth & Environment documenta la disminución de mamíferos marinos de hasta 83 % en siete de ocho grupos monitoreados; Adolfo Gracia Gasca, investigador universitario del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología, participó en el consorcio científico internacional

La disminución sostenida en la densidad de mamíferos marinos en aguas profundas del Golfo de México tiene que ver, entre otros factores, con el derrame de petróleo en aguas marinas más grande de la historia derivado de la plataforma petrolera Deepwater Horizon, frente a las costas de Luisiana, Estados Unidos, en abril de 2010.
Lo anterior fue revelado en un estudio publicado en Nature Communications Earth & Environment en un artículo, titulado “A decade of declines in toothed whale densities following the Deepwater Horizon oil spill” (“Una década de declive en las densidades de ballenas dentadas tras el derrame de petróleo de Deepwater Horizon”), donde se documentaron las reducciones de entre 13 % y 83 % en siete de ocho grupos de cetáceos monitoreados mediante acústica pasiva a lo largo de una década (consultar publicación: https://www.nature.com/articles/s43247-024-01920-8).
Adolfo Gracia Gasca, investigador del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML) de la UNAM, explicó que antes del accidente de la Deepwater Horizon sólo el acontecido en México tuvo un impacto similar cuando el pozo Ixtoc-I se descontroló en Campeche en junio de 1979.
“El derrame de Ixtoc-I, a 50 metros de profundidad, fue de 3.3 millones de barriles de petróleo y el del Deepwater Horizon, a mil 500 metros de profundidad, se estima que fue de 4.3 millones de barriles”.
El especialista, que tiene como principal línea de investigación la ecología marina, pesquerías y sustentabilidad, dijo que, tras el accidente, se generó un amplio esfuerzo internacional de investigación financiado con recursos derivados de las sanciones impuestas a la empresa responsable. La UNAM a través del ICML participó en el consorcio Center for Integrated Modeling and Analysis of the Gulf of Mexico, liderado por la Universidad del Sur de Florida.
“Fue un consorcio de seis países y 19 institutos y universidades. Para nosotros fue un honor participar y analizar desde la dispersión física del petróleo hasta su impacto en organismos marinos, desde foraminíferos hasta mamíferos marinos”, señaló. Este estudio se ha continuado con apoyo del Programa de Ciencias RESTORE de la Administración Oceánica y Atmosférica de la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) de EUA.
Deterioro preocupante
El estudio reporta reducciones significativas en grupos como ballenas picudas (zífidos), con disminuciones poblacionales de hasta 83 %, cachalotes (hasta 31 %) y pequeños delfínidos (hasta 43 %).
“Esto es preocupante porque en el Golfo de México los ecosistemas están sujetos a múltiples presiones: contaminación crónica, ruido submarino, navegación, disminución de aportes de agua dulce. Todo eso afecta la salud de estas poblaciones”, advirtió el doctor en Ciencias (Biología) de la UNAM.
Además, subrayó, los mamíferos marinos cumplen funciones ecológicas clave: “Se ha descubierto que son piezas fundamentales para mantener la salud del ecosistema. Incluso los ciclos del fitoplancton pueden verse favorecidos por los nutrientes que aportan. Por ello, estudios a largo plazo, como éste que ha recabado información desde 2010, de manera continua pueden ofrecer datos clave para el manejo y conservación de estos cetáceos en el Golfo de México”.
Adolfo Gracia refirió que, si bien el estudio no establece una relación causal definitiva debido a la ausencia de líneas base robustas previas al derrame, las tendencias observadas son consistentes con impactos crónicos a largo plazo.
“Si tuviéramos líneas base más sólidas podríamos establecer mejor la causa-efecto. Lo que sí es claro es la tendencia constante de declinación y que puede deberse a varios factores, probablemente sinérgicos”, indicó el académico.
Ciencia acústica en aguas profundas
Al abordarlo con respecto al monitoreo mediante dispositivos acústicos anclados en el fondo marino durante periodos de hasta un año, el investigador aclaró que el sonido es típico de cada especie. “Se identifica por su amplitud y frecuencia y, mediante métodos matemáticos, se puede inferir la densidad de los organismos”.
Gracia Gasca estableció que a diferencia de los censos visuales –costosos y limitados por tiempo de navegación, condiciones de luz y clima–, el monitoreo acústico pasivo permite evaluar poblaciones en aguas profundas de manera continua y con menor costo operativo.
Más allá del evento puntual
El investigador enfatizó que, además del impacto inicial, la contaminación crónica puede resultar incluso más relevante a largo plazo.
“A veces los eventos puntuales llaman más la atención, pero las presiones constantes están actuando todo el tiempo”, mencionó el académico.
Recordó que el Golfo de México abarca aproximadamente 1.5 millones de kilómetros cuadrados, mientras que el derrame intenso afectó inicialmente entre 50 mil y más de 100 mil kilómetros cuadrados antes de dispersarse con las corrientes hacia el estrecho de Florida.
Desde la perspectiva mexicana, destacó la necesidad de fortalecer estudios integrales y líneas base ecológicas.
“México tiene más territorio marino que terrestre: cerca de 3 millones de kilómetros cuadrados de mares frente a 2 millones de tierra. Eso implica una enorme responsabilidad en el manejo y conservación de nuestros ecosistemas marinos”, remarcó.
El especialista universitario llamó a reforzar la investigación oceanográfica y la cooperación internacional. “El Golfo de México es un solo gran ecosistema, no está dividido en norte y sur. No hay fronteras ecológicas. Entenderlo como un conjunto es fundamental”.
Por último consideró que uno de los mensajes centrales debe ser la conciencia pública sobre la conexión entre tierra y mar.
“Las actividades cotidianas en tierra terminan impactando el océano. La contaminación crónica, tarde o temprano, se revierte en nosotros. Por eso es esencial comunicar la importancia de proteger nuestras zonas marinas”, concluyó.
