Esta exposición se inaugura en el MUAC el 13 de junio

Desde el umbral explora el reconocimiento legal de ríos, ballenas y ecosistemas

La muestra reúne arte, investigación y activismo para cuestionar la división entre humanidad y entorno, a partir de casos que amplían derechos a entidades no humanas y replantean las bases jurídicas de la crisis ambiental

Ariel Guzik, Holoturian, 2015. Foto: Raúl González / cortesía Ariel Guzik.

¿Puede un río demandar ante un tribunal? ¿Tienen las ballenas personalidad jurídica? ¿Es posible que un ecosistema exija, por la vía legal, su derecho a existir? Estas preguntas, que hasta hace poco parecían propias de la ciencia ficción, están encontrando respuestas concretas en juzgados de varios países, incluidos los mexicanos.

Y son también el corazón de Desde el umbral, la exposición del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) que abre sus puertas del 13 de junio al 11 de diciembre de 2026. Con curaduría de Lucía Sanromán y Alejandra Labastida, la muestra convoca a artistas, colectivos, investigadores y activistas de diversas disciplinas y geografías para explorar una pregunta ontológica de fondo: ¿qué pasaría si dejáramos de tratar a la naturaleza como objeto y comenzáramos a reconocerla como sujeto?

La separación que lo permite todo

“Lo que nos interesó fue trabajar la pregunta ontológica, el origen conceptual del lenguaje que nos ha permitido llegar hasta acá”, explicó Alejandra Labastida. La curadora se refiere a una noción filosófica que, sin ser nueva, está encontrando replanteos urgentes: la separación entre naturaleza y cultura, entre lo natural y lo humano, que históricamente ha funcionado como fundamento de la explotación. Esa misma lógica binaria –sujeto y objeto, persona y cosa– que alguna vez justificó la esclavitud o la negación de derechos a las mujeres y las infancias, opera hoy en la relación con el mundo natural. La exposición propone rastrear ese andamiaje conceptual para imaginar cómo desmantelarlo.

La apuesta curatorial parte de un dato jurídico puntual: en las últimas décadas, tribunales de distintos países han comenzado a reconocer personalidad jurídica a ríos, glaciares y ecosistemas. En México, el proceso va avanzando con timidez, aunque en meses recientes ha dado un salto significativo. “Ellos sí hicieron la demanda a nombre de las ballenas”, dijo Labastida sobre la asociación civil Nuestro Derecho al Futuro, que presentó un amparo para detener la construcción de un gasoducto en Baja California. “Ya hay un documento en donde dice: ‘demandantes: ballenas’”. El juez aceptó la demanda y otorgó la medida cautelar. El juicio no está resuelto, pero el precedente (que un ecosistema pueda ser parte actora en un litigio) marca un parteaguas legal en el país.

Del tejido amazónico al caudal que firma

La exposición abre con una instalación monumental del colectivo shipibo-konibo Soi Noma, cuya práctica está radicada en Cantalagua, Lima, Perú. Sus bordados, con la técnica del kené, son la transcripción visual del saber de las plantas medicinales y alucinógenas de la Amazonia, una forma de leer el tejido del universo que existe desde mucho antes de que existiera la necesidad de nombrar la palabra “naturaleza” como categoría separada. Para muchos pueblos originarios, la lluvia, el río, la montaña son personas; no hay separación que explotar.

La muestra “es un Frankenstein muy divertido, porque hay bordado, pintura, documentación de casos legales”, admitió Labastida. En efecto, combina registros muy distintos. La artista Susan Schuppli trabaja el caso del derrame de petróleo en el Golfo de México y la demanda que se presentó en Ecuador, donde la Pachamama tiene reconocimiento constitucional internacional, contra la British Petroleum. Una pieza que ilustra tanto la posibilidad del derecho como su límite: ganar un juicio no garantiza poder ejecutar la sentencia.

Elisa Schmelkes propone otro giro conceptual al desarrollar un dúo con el río Magdalena y plantearse cómo registrar al río como coautor de la obra para que las regalías le correspondan. “Para que no sea una práctica extractivista”, como sintetiza la lógica de esta propuesta; Ariel Guzik, fundador del Laboratorio de Investigación en Resonancia y Expresión de la Naturaleza, explora la comunicación con ballenas y delfines; Ulf Rollof presenta una pieza sobre ajolotes, parte de la colección permanente del museo; Tomás Saraceno dialoga con arañas. La comunicación entre especies es, en esta exposición, también un argumento jurídico: si se puede demostrar que un ser se comunica, se vuelve más difícil negar que merece reconocimiento como sujeto.

Federico Pérez Villoro aborda la militarización del río Bravo y la forma en que los niveles de caudal son manipulados para poner en riesgo a personas migrantes. “La naturaleza se usa para despolitizar”, señaló Labastida: se dice que fue el río el que creció, cuando en realidad hay decisiones humanas detrás.

El proyecto de Pérez Villoro, que surge de una colaboración con investigadores del Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la UNAM, funciona también como piloto de un programa más amplio de residencias e intercambios entre artistas y científicos que el MUAC quiere consolidar.

La trampa de las herramientas

“Esto es destruir la casa con las mismas herramientas con las que se construyó, porque el derecho es en sí mismo una de las herramientas esenciales para hacer esa separación”, reconoció la curadora. El derecho como sistema ha servido históricamente para definir quién merece protección y quién puede ser explotado. Usarlo ahora para ampliar el círculo de los sujetos es, a la vez, un movimiento poderoso y una paradoja. La exposición no pretende resolver esa contradicción, sino habitarla.

“La mayoría de las obras que presentamos aquí sí están haciendo ese pequeño giro de tuerca de pensar la condición ontológica de estos sujetos y qué pasaría si realmente la cambiáramos”, señaló Labastida. Eso distingue a esta muestra de otras dedicadas a la crisis climática o al extractivismo: más allá de denunciar lo que se destruye, se trata de imaginar qué implicaría un cambio real en las categorías que permiten esa destrucción.

Un programa más allá de las salas

La exposición se acompaña de una programación pública amplia. En el marco de Campus Expandido (el programa de seminarios del MUAC), se llevará a cabo un seminario no escolarizado con el mismo título de la muestra, que revisará casos urgentes del centro del país (Valle de México y Valle del Mezquital), formas de legislación desde la noción de lo más que humano, en colaboración con More-Than-Human-Life (MOTH) de la Escuela de Derecho de la Universidad de Nueva York, y estrategias de crítica ecológica con el Institute for Postnatural Studies de Madrid. En alianza con Nuestro Derecho al Futuro, se organizará además la Jornada de Guardianes del Medio Ambiente.

Para público joven, se realizará La garra transgresora IV, un pop-up de arte, moda y upcycling los días 21 y 22 de noviembre, que cruza performance, moda y reciclaje para abrir imaginarios sobre el cambio climático. El programa infantil incluirá talleres dominicales del ciclo Punto extra, donde artistas invitados comparten su proceso creativo como juego.

La charla inaugural, el propio 13 de junio, contará con la presencia de las curadoras y varios de los artistas participantes, y cerrará con una presentación en vivo: Magdalena: El río recuerda, una pieza de música electrónica y ensamble vocal que formaliza, ante el público, ese dúo entre Elisa Schmelkes y el río.

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