Antigua Escuela Nacional de Jurisprudencia
Develan vitrales de Narcissus Quagliata
El Rector destacó la recuperación de este edificio emblemático como una apuesta por la historia y el futuro de la FD

El patio de la Antigua Escuela Nacional de Jurisprudencia es un espacio de memoria, no de una explícita, sino de aquella que se habita: cargada de acontecimientos, de densidad histórica y de simbolismos sedimentados a lo largo del tiempo.
Ahí nació y desde entonces ha latido el corazón de la enseñanza del derecho en nuestro país, y ahora se develan tres de las seis piezas de la serie Seis prisioneros, del artista Narcissus Quagliata, que vienen a acompañar esa memoria, señaló la directora de la Facultad de Derecho (FD), Sonia Venegas Álvarez.
En la develación de los vitrales, el rector Leonardo Lomelí Vanegas, reconoció la donación de esas obras y la continuación de los trabajos de recuperación de ese recinto, al que definió como “edificio emblemático de la Universidad”.
La jurisprudencia tuvo su cuna en esta sede, no solamente para la enseñanza moderna del derecho, sino de todas las ciencias sociales de nuestra nación, destacó el Rector.
Por eso es tan importante continuar con “el proyecto de recuperación de este edificio lleno de historia y que, al mismo tiempo, nos habla del presente tan vibrante y pujante de la Facultad de Derecho, y constituye una apuesta por el porvenir”, expresó Lomelí Vanegas.
En el patio principal del recinto, consideró que el mensaje transmitido por los vitrales apela a una impartición de justicia que asuma no sólo su función legal, sino también sus consecuencias y su dimensión ética, aspectos que las y los egresados de la FD deben tener siempre presentes.
Al continuar con su mensaje, la directora Venegas dijo que con la develación de los últimos tres vitrales, “los nichos de este patio trascienden su condición arquitectónica para convertirse en presencia y preguntas suspendidas en el tiempo; en trazos de luz que acompañan y atraviesan nuestra memoria viva”.

Narcissus Quagliata agradeció a la UNAM la oportunidad de realizar estas piezas. “México es el país más avanzado en el mundo en permitir obras atrevidas y controvertidas en lugares públicos”. En este caso, el tema de los prisioneros es “complejo y difícil”.
En la naturaleza, aclaró el escultor, artista y vitralista, no hay prisioneros ni reclusorios; sólo se da la lucha por la sobrevivencia. Al nacer la civilización, nacen las leyes y sigue, como consecuencia, la creación de reclusorios.
El tema de la justicia, relató, entró en su vida, cuando un amigo fue condenado a permanecer a prisión. Estas piezas son manifestaciones de estados psicoemocionales de dicha experiencia.
Explicó que tres de los vitrales, en la planta baja, fueron instalados hace tiempo: El tiempo perdido; La soledad forzada y La pérdida de la libertad. Ahora, en la planta alta, se develaron: Un destino sin salida, El tatuaje indeleble y El enigma del prisionero.
Esta comisión artística fue un encargo donado por el Patronato de la FD. Su presidente, Luis Gerardo del Valle Torres, aclaró que la pena de muerte se encuentra prohibida en nuestra Constitución Política, por lo que la privación de la libertad constituye la pena más estricta y rigurosa, con consecuencias de por vida.
En la Facultad de Derecho estudiamos las implicaciones, dimensiones y consecuencias de la privación de la libertad. “Que sirvan estos vitrales para elevar la conciencia y la responsabilidad de nuestra comunidad universitaria”, concluyó.
Seis prisioneros son obras en vidrio creadas para los nichos del patio central en la Antigua Escuela Nacional de Jurisprudencia, recientemente restaurada por la UNAM, con un proyecto del arquitecto Xavier Cortés Rocha.
La comisión consta de seis obras, correspondientes al mismo número de aspectos de la condición humana durante el encarcelamiento. Así, el trabajo artístico confronta la realidad en la experiencia de un prisionero.
Las piezas creadas por el reconocido artista Narcissus Quagliata, se realizaron con vidrio fundible Bullseye, en el taller Studio Orfeo Quagliata, en Naucalpan, Estado de México.
