Scotty Hardwig en el Centro Cultural Universitario

Diálogo entre cuerpo, tecnología y naturaleza

En su propuesta, el coreógrafo estadunidense vincula neurociencia, inteligencia artificial y conciencia ecológica

Foto: Scotty Hardwig.

El bailarín, coreógrafo y cineasta estadunidense Scotty Hardwig llega al Centro Cultural Universitario de la UNAM con una propuesta que desafía las fronteras convencionales de la danza contemporánea. Su trabajo se mueve entre coordenadas aparentemente contradictorias: la neurociencia y el ritual, los algoritmos y la tierra, los drones y la permacultura.

Ganador de numerosos premios internacionales y profesor asociado en Virginia Tech, Hardwig ha desarrollado una práctica artística que convierte al cuerpo en un vehículo para canalizar tanto fuerzas naturales como tecnológicas, creando un lenguaje en el que lo ancestral y lo futuro coexisten.

Durante enero y principios de febrero, Hardwig protagonizará una serie de actividades en la UNAM que incluyen talleres de entrenamiento neuroadaptativo en la Cátedra Gloria Contreras (del 26 al 28 de enero), una residencia artística con la Compañía Juvenil de Danza Contemporánea de la UNAM (DAJU), que culminará en la presentación de la pieza Slivers (31 de enero), una conferencia performática sobre neurociencia y danza (30 de enero), y la proyección de su serie de videodanzas Land Dances // La Tierra Baila (1 de febrero).

El programa cierra con su participación en la segunda edición de Epicentro, el Encuentro de Universidades y Escuelas Profesionales de Danza Contemporánea, donde presentará la ponencia “Nosotrxs podríamos ser castores: metáforas ecológicas para una cultura regenerativa” (6 de febrero).

En entrevista, Hardwig explicó que su fascinación por la danza filmada surgió como un retorno a los orígenes. “Me devolvió a lo que la danza ha sido para los seres humanos durante miles de años. Durante gran parte de nuestra historia, la danza no ocurría en estudios, en espacios cerrados. Siempre estaba en contacto con fuerzas naturales y en relación con el planeta”.

Esta perspectiva lo llevó a crear Mothers/ lands, una serie de tres películas protagonizadas por bailarinas que son madres, filmadas en el círculo ártico finlandés, los Apeninos italianos y el sur de México.

“Queríamos explorar cómo relacionarnos corporalmente con la tierra a través de la danza”, contó, y añadió que el paisaje no funciona como simple telón de fondo: “El viento, los pájaros, una tormenta: todo se vuelve protagonista, y el ser humano casi desaparece”.

Pero quizás lo más sorprendente de su trabajo es cómo integra tecnologías emergentes. Recientemente colaboró con una inteligencia artificial programada específicamente para performance.

“Es un sistema agéntico con el que interactúo durante la función: me da órdenes, responde, me toma fotos, las analiza, y yo improviso en respuesta. Es una de las piezas más extrañas que he creado”.

Para Hardwig, cada tecnología (cine, drones, realidad virtual, algoritmos) posee su propia lógica que enmarca la composición coreográfica, pero invariablemente mantiene un diálogo crítico. “Siempre estamos usando la tecnología y, al mismo tiempo, comentándola: explorando sus límites y reflexionando filosóficamente sobre cómo nos moldea y nos organiza”.

Esta consciencia crítica se vuelve especialmente relevante cuando habla de resistencia cultural. “Vivimos en sistemas de poder diseñados para dominarnos: tecnologías creadas por corporaciones cuyo objetivo no es la salud social ni la democracia, sino el lucro”, afirmó.

Su respuesta no es el rechazo tecnológico, sino la apropiación creativa: en su residencia con DAJU, pedirá a los jóvenes bailarines que se sumerjan en sus propios feeds de redes sociales y usen ese material para crear “algo que nos sostenga, algo que nos cuide. Es decir, invertir un poco la relación con la tecnología”.

Hardwig es también un científico del movimiento. En Virginia Tech enseña a estudiantes de medicina, ingeniería, informática y agricultura cómo se puede entender el cuerpo desde una perspectiva neurológica.

“Tengo todo un sistema de juegos de movimiento que uso para explicar aspectos de la coordinación neuromotora”, expuso. Esta investigación nutrirá sus talleres en la UNAM, donde buscará “integrar el cuerpo como un todo, de una manera que facilite el aprendizaje de forma neuroadaptativa”.

Fuera del escenario, Hardwig y su esposo restauran una pequeña granja permacultural en los Apalaches, su tierra natal. Este compromiso ecológico no es accesorio sino médula de su práctica artística y pedagógica. La metáfora del castor que desarrollará en Epicentro promete articular estas preocupaciones: ¿cómo podrían los artistas funcionar como agentes regenerativos en el ecosistema cultural?

Cuando se le preguntó qué le gustaría que experimentara un espectador no experto al enfrentarse a su trabajo artístico, respondió: “Quiero que experimenten belleza y un alto nivel de cuidado artesanal, pero también una lógica distinta, como entrar a una realidad paralela”.

Y cerró con una definición personal que resume su filosofía: “Para mí, moverse es como volver a casa”.

Consulta la programación detallada de las actividades de Hardwig en la UNAM en www.danza.unam.mx

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