La docencia, ejercicio riguroso y éticamente comprometido, practicado con afecto y corresponsabilidad
Presidió el Rector la ceremonia del Día del Maestro 2026, en la que entregó reconocimientos a 137 académicas y académicos, a exintegrantes de la Junta de Gobierno e insignias a profesores e investigadores eméritos
El rector Leonardo Lomelí Vanegas afirmó que la UNAM podrá mantenerse a la altura de las exigencias más apremiantes del presente y las del porvenir mientras siga impulsando la docencia como un ejercicio profesional riguroso y éticamente comprometido, sustentado en una práctica pedagógica universitaria y ejercido con afecto y corresponsabilidad.
Al presidir la ceremonia del Día del Maestro 2026, subrayó: “Quienes formamos parte de la UNAM entendemos la educación pública y autónoma como una misión histórica que no se limita a la transmisión de conocimientos, sino que también preserva el patrimonio material e inmaterial de la humanidad y renueva el sentido de lo común junto con las nuevas generaciones”.
Agradeció el Rector la entrega, constancia y su aporte al bienestar de la juventud mexicana a los 137 académicas y académicos con 50 años de servicio en la institución; así como a los investigadores eméritos Estela Morales Campos y Adrián Guillermo Aguilar Martínez; y a los profesores eméritos Eduardo Bárzana García, Eduardo Antonio Chávez Silva, Fernando Alberto Lázaro Serrano Migallón, Juan Roberto Mora Catlett y José Narro Robles, a quienes confirió las insignias y distinciones como eméritos.

Acompañado por la presidenta en turno de la Junta de Gobierno, Marcia Hiriart Urdanivia; del presidente de la Junta de Patronos, Mario Luis Fuentes Alcalá; y de la secretaria general de la Universidad, Patricia Dolores Dávila Aranda, el Rector puntualizó que no sólo se valora la permanencia de las y los maestros, sino la congruencia y la voluntad de adaptarse, reinventarse y dialogar con las nuevas generaciones, fortaleciendo los principios universitarios. “Al rendirles homenaje, la Universidad reafirma la centralidad del trabajo académico cotidiano como uno de sus mayores legados”.
Asimismo, destacó que la libertad de cátedra, fundada en la disciplina y la sensibilidad, sigue siendo una de las expresiones más valoradas de la vida universitaria y es la semilla para la construcción de una sociedad más justa, inclusiva y democrática.
Lomelí Vanegas recordó que en esta casa de estudios trabajan poco más de 43 mil académicas y académicos, quienes atienden a cerca de 373 mil estudiantes. “Son las y los maestros quienes, desde el aula, el laboratorio, el taller, la clínica, el campo y el deporte traducen estos referentes en experiencias educativas concretas, en vínculos pedagógicos más conscientes y en aprendizajes en los que convergen el conocimiento y la solidaridad”.
El Rector también entregó medalla y reconocimiento a Ana Rosa Barahona Echeverría y Enrique Cabrero Mendoza, quienes concluyeron sus funciones como integrantes de la Junta de Gobierno de la Universidad de la nación.

Tributo a la UNAM
En nombre de los siete nuevos eméritos, el exrector de esta casa de estudios, José Narro Robles, agradeció la distinción y refirió el amor que cada uno de ellos profesa a la Universidad Nacional. Hizo un reconocimiento a los más de 40 mil académicas y académicos, y manifestó que el Día del Maestro es para rendir tributo a la UNAM.
Ésta, agregó, es una institución sin par, “a la que muchos debemos mucho, a la que México necesita como ejemplo, para sanar heridas, resolver problemas, mirar hacia adelante y dejar atrás las numerosas y seculares oportunidades perdidas”.
Indicó que en unos cuantos meses esta casa de estudios celebrará su aniversario 475 como Universidad de México, y aseguró que ha cumplido con su misión, no le ha fallado al país; por el contrario, ha respondido con aportes sobresalientes. Por ejemplo, sólo en el primer cuarto de este siglo se han inscrito más de dos millones de alumnas y alumnos de primer año de ingreso, se han titulado cerca de 750 mil profesionales; y graduado 200 mil especialistas, maestros y doctores; al tiempo que veintenas de millones de personas han disfrutado de sus actividades de difusión cultural, deporte y divulgación de la ciencia.

Impulso a la democracia
En nombre de los exintegrantes de la Junta de Gobierno, Ana Rosa Barahona Echeverría explicó que este cuerpo colegiado, creado desde 1945, ha sido una garantía esencial para la defensa de la autonomía universitaria, y en años recientes ha transformado sus prácticas para acercarse más a la comunidad.
De igual forma, el Consejo Universitario ha impulsado cambios en los mecanismos de elección de quienes lo integran, a fin de incrementar la participación de la comunidad universitaria y abrir espacios para apuntalar plataformas institucionales más democráticas. “La autonomía que defendemos implica precisamente esa capacidad de revisarnos con honestidad y asumir que el cambio es parte de nuestra realidad institucional”, expresó.

Por las y los profesores e investigadoras e investigadores con 50 años de servicio, la académica de la Facultad de Economía, María Eugenia Romero Sotelo, aseguró que en los tiempos complejos que vivimos, marcados por la inmediatez de la información, la sobreabundancia de datos, la inteligencia artificial, los cambios en formas de comunicación, las y los maestros nunca habían sido tan necesarios. Su tarea es enseñar a discernir, reivindicar la reflexión y resaltar la importancia de formular preguntas.
Manifestó que ellas y ellos han tenido la fortuna de enseñar en una de las instituciones más grandes y significativas de América Latina, la UNAM, memoria viva del pueblo mexicano. “Somos el testimonio de que la universidad pública cumple cabalmente la función que la sociedad le ha asignado. Somos mujeres y hombres que elegimos una y otra vez quedarnos a construir el cambio desde adentro”.
En la ceremonia estuvieron los exrectores José Sarukhán Kermez, Francisco Barnés de Castro, Juan Ramón de la Fuente y Enrique Graue Wiechers; integrantes de la Junta de Gobierno; los secretarios generales de la AAPAUNAM y el STUNAM, Bertha Guadalupe Rodríguez Sámano y Carlos Hugo Morales Morales, respectivamente, entre otros.

José Narro Robles. / Fernando Alberto Lázaro Serrano Migallón. / Adrián Guillermo Aguilar Martínez. / Juan Roberto Mora Catlett. Fotos: Benjamín Chaires.
Discursos
Intervención del Doctor José Narro Robles en la Ceremonia del Día del Maestro 2026
14 de mayo, 2026
Muy buenas tardes tengan ustedes. Agradezco a nuestra Universidad formar parte de esta ceremonia y al señor Rector la distinción que me otorga de hablar en nombre de la y los académicos designados como profesores e investigadores eméritos.
Hacerlo es un honor inmenso y un desafío enorme. Cómo no habría de serlo si representan mucho de lo mejor de nuestra UNAM. Felicidades a todos ellos. Para hacerlo tengo algo a mi favor: los conozco de cerca a todos. Con ellos he trabajado en distintos momentos. Me consta el amor que profesan por la Universidad; su devoción por la vocación que cultivan; los aportes realizados y los servicios prestados al país. Ellos han cumplido con notas sobresalientes.
Con su presencia, en el auditorio se manifiestan las bibliotecas, las palabras y los libros; las metrópolis, las regiones, los paisajes y el desarrollo urbano; los compuestos, los laboratorios, los materiales y las industrias; las artes plásticas, el diseño, la pintura y la escultura; las películas, el lenguaje de las imágenes, las narraciones y los diálogos de personajes; también la ley, la historia, los derechos y la justicia. En ellos sobresalen la ética y la educación, la investigación, la divulgación y el servicio. Con ellos, este Centro se inunda de sabiduría, integridad, creatividad y entusiasmo.
La UNAM es una institución única en México. En el mundo hay otras más longevas y quizá con mayor prestigio. Sin embargo, no conozco otra que tenga mayor relevancia en la vida de una nación. La nuestra es de ayer, pero también de hoy y del porvenir. Ha vivido el proceso de formación del país y se hizo indispensable cuando amanecía el siglo XX.
Desde entonces ha formado los profesionales que México ha requerido; inició la investigación formal en el país; llenó de ideología y propuestas a nuestra sociedad; fomentó la cultura, su creación y divulgación, y estableció una moral colectiva. Especialmente, generó orgullo en los universitarios y en la sociedad.
La UNAM le ha dado a México grandes momentos: aquí se formaron muchos personajes que lo han proyectado en el concierto internacional. Forma parte de la grandeza de la nación, cuenta con el reconocimiento de las mejores instituciones de educación superior e investigación y su campus central forma parte del patrimonio de la humanidad.
En la Universidad se piensa, dice y hace. Se planea, ejecuta y ajusta. Nuestra comunidad tiene el distintivo de la pluralidad, del respeto al diferente y la tolerancia. En la UNAM sabemos estar y ser, vivir en comunidad, servir y compartir. Lo he dicho y lo reitero: no es sencillo entrar a formar parte de la misma, pero resulta imposible salir de ella.
Paradójicamente, a nuestra institución la toca la unicidad. ¿En qué otra confluyen lo real, lo imaginario y lo deseable? ¿En cuántas más se dan cita humanidades, ciencias, artes y tecnología? No son muchos los espacios que tenemos para el encuentro del estudio, la indagación, la crítica, la creación y el servicio. ¿Dónde más coinciden lo antiguo y lo moderno; las novedades y lo bien sabido; lo útil y lo bello; lo propio y lo universal; los sabios, los creadores y los aprendices? La universidad es una invención extraordinaria y la nuestra, ejemplo admirable.
Nuestros principios son libertad, autonomía, pluralidad, saber, diálogo, tolerancia, respeto, debate, servicio, ética y humanismo. Por eso, nada de lo propio resulta ajeno y todo lo de otros resulta de interés. Cerramos los ojos para imaginar nuestras utopías, para pensar en grande, concebir un mundo mejor y un México más justo. Nunca para engañarnos e ignorar la realidad. Para nosotros, la palabra debe ser verdad y la acción provecho para la sociedad.
Soy un mexicano afortunado: soy Puma y Profesor. Mis experiencias en la vida pública las debo a nuestra Universidad, pero pocas cosas tan gratificantes como la academia. La posibilidad de aprender de personajes inolvidables la tuve gracias a nuestra institución. La cercanía cotidiana con sus estudiantes me ha fortalecido. De ellos he aprendido tanto, como de maestros, trabajadores y funcionarios. Lo he hecho antes y ahora, en salones, cubículos y auditorios, en clases y conferencias, pero también en debates, pláticas y negociaciones.
Este auditorio es muestra de lo que representa la Universidad: multitud de condiciones diferentes con sentido de unidad; pluralidad y coherencia. Aquí estamos generaciones distintas, profesiones diversas, preferencias diferentes y ocupaciones dispares, con el compromiso universitario como articulador. Los valores institucionales transforman nuestras diferencias en una comunidad estructurada.
La UNAM continúa en plena superación en unos cuantos meses celebrará su aniversario 475 en ruta del medio milenio. Ha cumplido con su misión y no le ha fallado a México, en cambio, ha respondido con aportes sobresalientes en sus espacios de responsabilidad.
En el primer cuarto de este siglo se han inscrito más de dos millones de alumnos de primer ingreso, titulado cerca de 750 mil profesionales y graduado cerca de 200 mil especialistas, maestros y doctores, al tiempo que veintenas de millones de personas han disfrutado de las actividades de difusión cultural, deporte y divulgación de la ciencia.
La Universidad tiene compromiso con las causas de la sociedad y la democracia del país. Los últimos cinco lustros lo ejemplifican. Frente a los requerimientos y las alternancias democráticas de nuestros tiempos, la Universidad de la Nación se ha mantenido fiel a sus principios y sus causas. La devoción por los valores laicos ha sido condición irrenunciable y se ha mostrado en el apego a sus ideales, al igual que en la autocrítica y la auto corrección. Se ha avanzado sin renunciar al compromiso, sin sacrificar lo esencial, sin rupturas y privilegiando la unidad.
Señor Rector: la UNAM es tierra donde los sueños se cumplen. Esta ceremonia lo demuestra. Hoy, 137 académicos satisfacen uno de sus anhelos y siete universitarios cumplimos el afán de poseer las insignias como eméritos. Hoy decimos ¡Gracias! a cuatro universitarios que cumplieron con dignidad una tarea de singular importancia. Hoy les decimos a los más de cuarenta mil académicos, ¡muchas felicidades en el día del maestro! Pero en especial, hoy rendimos tributo a la UNAM, una institución sin par, a la que muchos debemos mucho, a la que México necesita como ejemplo para sanar heridas, resolver problemas, mirar hacia adelante y dejar atrás las numerosas y seculares oportunidades perdidas. ¡Goya a México y su Universidad! Por mi raza hablará mi espíritu.
DISCURSO DE LEONARDO LOMELÍ, RECTOR DE LA UNAM
Jueves 14 de mayo de 2026, 11:00 hrs.
Centro de Exposiciones y Congresos UNAM
- Dra. Marcia Hiriart Urdanivia, Presidenta en turno de la Junta de Gobierno;
- Dr. Mario Luis Fuentes Alcalá, Presidente de la Junta de Patronos;
- Dra. Patricia Dávila Aranda, Secretaria General de la UNAM;
- Dra. Ana Rosa Barahona Echeverría, en representación de quienes concluyeron su encargo en la Junta de Gobierno;
- Nueva y nuevos eméritos nombrados por el H. Consejo Universitario;
- Dra. Estela Mercedes Morales Campos, Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información;
- Dr. Eduardo Bárzana García, Facultad de Química;
- Dr. Eduardo Antonio Chávez Silva, Facultad de Artes y Diseño;
- Dr. Adrián Guillermo Aguilar Martínez, Instituto de Geografía;
- Dr. Fernando Alberto Lázaro Serrano Migallón, Facultad de Derecho;
- Mtro. Juan Roberto Mora Cattlet, Escuela Nacional de Artes Cinematográficas;
- Dr. José Narro Robles, Facultad de Medicina;
- Dra. María Eugenia Romero Sotelo, Académica de la Facultad de Economía en representación de quienes hoy reciben su reconocimiento por 50 años de servicio;
- Autoridades universitarias; familiares de nuestras y nuestros académicos galardonados;
Señoras y señores;
La celebración de este día es, ante todo, una oportunidad para reflexionar sobre la trascendencia de la docencia en la educación superior pública y autónoma, así como reconocer una de las tareas más nobles de la Universidad: formar personas que puedan comprender su realidad, intervenir en ella con responsabilidad y trazar, desde el conocimiento, un mundo mejor.
Las universidades no son estructuras fijas ni inmutables. Se redefinen al compás de los cambios sociales, políticos, económicos y culturales de su tiempo, pero cumplen un mandato irrenunciable: formar críticamente, producir conocimiento y sostener proyectos colectivos sólidos allí donde se ponen a prueba las certezas y se disputan los sentidos de lo común.
La labor docente no puede concebirse como una práctica rutinaria: se trata, más bien, de un ejercicio intelectual situado, analítico y profundamente humano; una forma de acompañar la formación educativa y profesional, así como la materialización de sueños y aspiraciones.
En una casa de estudios como la nuestra, volcada al estudio de fenómenos complejos en casi todos los campos del saber científico, humanístico, artístico y deportivo, esa tarea adquiere una relevancia pública ineludible.
Enseñar en la UNAM implica promover una disposición para analizar los entramados históricos y sociales en toda su complejidad; evitar lecturas unidimensionales y fragmentarias; fundamentar argumentos con base en evidencia verificable y entender la revisión crítica de las propias ideas como parte constitutiva del quehacer académico.
Desde las humanidades, las ciencias sociales, las ciencias físico-matemáticas, las ingenierías y las ciencias químicas, biológicas y de la salud, se promueve un enfoque interdisciplinario del conocimiento, reconociendo que las problemáticas contemporáneas exigen miradas integrales, informadas y socialmente responsables.
Estas disciplinas nos permiten discernir que el presente es el resultado de procesos estructurales atravesados por conflictos, acuerdos y arreglos que inciden de manera diferenciada en las posibilidades de desarrollo. Del mismo modo, aportan herramientas para identificar que los recursos y las oportunidades no se distribuyen de forma equitativa, y que dichas desigualdades condicionan los itinerarios individuales y colectivos.
Desde esta perspectiva, las y los docentes motivan a las nuevas generaciones a asimilar críticamente su entorno e incidir en él con conciencia pública, en consonancia con el papel social de la Universidad. De ahí que este trabajo no pueda evaluarse solo mediante indicadores inmediatos ni métricas de corto plazo.
Su alcance es más amplio y duradero, ya que se manifiesta en el cultivo de talentos que contribuyen de forma sustantiva al debate público informado y al fortalecimiento de las prácticas académicas, científicas, culturales y sociales. Esta temporalidad nos obliga a concebir la enseñanza como una vocación social e intelectual indispensable para el devenir de la Universidad y de la nación.
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En los años recientes, la Universidad de la Nación ha impulsado acciones para reforzar su apertura institucional, multiplicar las plataformas de participación de su comunidad y profundizar su carácter público.
En esta línea se inscriben, por una parte, la creación de la Coordinación de Reforma Institucional y Prospectiva Universitaria y su Consejo Asesor,1 como instancia de consulta de la Rectoría para acompañar los ejes centrales de la reforma previstos en el Plan de Desarrollo Institucional 2023–2027, y, por otra, las modificaciones al Reglamento del Consejo Universitario que amplían la participación de la comunidad en la elección de las personas integrantes de la Junta de Gobierno y en la actualización de las Comisiones Dictaminadoras del Personal Académico.2
Estos procesos se asientan en la convicción de que una universidad democrática no se define solo por el acceso libre al conocimiento, sino también por su producción y discusión plural, y las formas concretas de articularlo con la sociedad. De ahí la necesidad de modernizar los mecanismos de deliberación informada, de transparencia normativa y de involucramiento en decisiones estratégicas, tales como los ajustes a la legislación universitaria y el diseño de estrategias de transformación institucional.
Lo anterior exige superar inercias institucionales, crear foros de deliberación, e incorporar la diversidad de saberes y voces que conviven en nuestra comunidad. Los cambios recientes avanzan en esa dirección al formalizar procedimientos más claros e incluyentes y propiciar acuerdos que posibiliten una evolución progresiva, alineada con el fortalecimiento de la autonomía universitaria.
En este esfuerzo, la docencia ocupa un lugar central. Son las y los maestros quienes, desde el aula, el laboratorio, el taller, la clínica, el campo y el deporte, traducen estos referentes en experiencias educativas concretas, en vínculos pedagógicos más conscientes y en aprendizajes en los que convergen el conocimiento y la solidaridad.
Actualmente, en la Universidad trabajan poco más de 43,000 académicas y académicos, una planta académica que, día a día, atiende a más de 373,000 estudiantes de todos los niveles, con diferentes intereses, inquietudes y capacidades.3
En este marco, honramos a las 137 maestras y maestros que cumplen 50 años de servicio académico, cuyas historias de vida forman parte de la memoria viva de la Universidad y de su historia cotidiana. A lo largo de cinco décadas han acompañado distintas fases del desarrollo de la Universidad y del país, atravesando crisis económicas, transiciones políticas, pandemias y reconfiguraciones profundas en los modelos educativos y en las condiciones sociales.
Durante este periodo, han formado generaciones enteras en coyunturas muy diversas, han sido testigos y protagonistas de debates académicos e institucionales decisivos y, en numerosos casos, han contribuido a consolidar áreas de conocimiento, líneas de investigación y tradiciones académicas que constituyen un patrimonio intelectual compartido de la Universidad. Lo que valoramos no es solamente su permanencia, sino la congruencia y la voluntad de adaptarse, reinventarse y dialogar con las nuevas generaciones fortaleciendo los principios universitarios. Al rendirles homenaje, la Universidad reafirma la centralidad del trabajo académico cotidiano como uno de sus mayores legados.
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Este acto permite también destacar y valorar la conclusión del encargo de quienes han formado parte de la Junta de Gobierno, un órgano esencial para el resguardo de la autonomía y para la estabilidad institucional de la Universidad. Su conducción colegiada ha sido, históricamente, un pilar en la toma de decisiones que han definido el rumbo de nuestra alma mater.
A quienes han desempeñado esta función en años recientes, la Universidad Nacional les expresa su más sentido agradecimiento por la paciencia y el criterio con el que asumieron una tarea decisiva.
Su quehacer, regido por el interés superior de la Universidad, ha contribuido a salvaguardar la estabilidad, la legitimidad y la continuidad de nuestro proyecto educativo, reafirmando que la UNAM estará siempre al servicio de las y los mexicanos.
De igual manera, celebramos siete emeritazgos conferidos por el Consejo Universitario: una investigadora y un investigador y cinco profesores eméritos, cuyas trayectorias académicas y universitarias se erigen como referentes de excelencia, compromiso institucional y vocación pública.4 Las siete personalidades reconocidas abarcan en su obra desde la Bibliotecología y los Estudios Latinoamericanos hasta la Cinematografía, e incluyen la Química, el Diseño y las Artes Visuales, la Geografía, el Derecho y la Salud Pública. Sus nombramientos como emérita y eméritos reconocen aportaciones académicas consolidadas y una incidencia en la continuidad y revitalización de hábitos y acervos invaluables para el cumplimiento de nuestras tareas sustantivas.
Pero, más allá de un merecido reconocimiento individual, estas designaciones expresan una afirmación de los valores que han fundamentado la identidad de nuestra casa de estudios: el rigor académico, la libertad de pensamiento, la atención a los problemas nacionales y la defensa de la educación superior como un derecho inalienable y un motor insustituible de transformación social. En esta defensa habremos de perseverar, porque sabemos que de ella depende el futuro del país.
Al conferir esta distinción, la Universidad no solo honra su fecundidad académica, sino que custodia y prolonga una herencia intelectual que continúa dialogando con la modernidad y contribuye a delinear el porvenir.
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Reconocer la docencia implica también mencionar las condiciones en las que se ejerce. La actualización frecuente, la incorporación de nuevas herramientas tecnológicas y las crecientes demandas de acompañamiento socioemocional al estudiantado configuran un panorama cada vez más exigente. Nombrar estas dinámicas permite dimensionar con mayor claridad el esfuerzo cotidiano que sostiene la calidad académica de nuestra institución y subraya la importancia de afianzar las bases sobre las que se desarrollan la enseñanza, la investigación y la convivencia universitaria.
Frente a la expansión de la posverdad, enseñar también significa dotar al estudiantado de habilidades para distinguir, jerarquizar, interpretar y conversar. La libertad de cátedra, fundada en la disciplina y la sensibilidad, sigue siendo una de las expresiones más valoradas de la vida universitaria y es la semilla para la construcción de una sociedad más justa, inclusiva y democrática.
Conviene subrayar que ejercer esta labor con entusiasmo y empatía hace posible orientar decisiones y abrir horizontes de cambio y progreso para miles de estudiantes. En un contexto marcado por la incertidumbre, la presencia de quienes saben escuchar, acompañar y orientar adquiere una relevancia fundamental. Por todo ello, este día debe entenderse como un momento para hacer un balance del camino recorrido y para refrendar los ideales de nuestra casa de estudios.
A nombre de la Universidad Nacional Autónoma de México, expreso mi más sincero agradecimiento a todas y todos ustedes, en particular a quienes hoy celebran 50 años de servicio docente y a quienes reciben el emeritazgo, por su constancia y su aporte al bienestar de la juventud mexicana.
Quienes formamos parte de la UNAM entendemos la educación pública y autónoma como una misión histórica que no se limita a la transmisión de conocimientos, sino que también preserva el patrimonio material e inmaterial de la humanidad y renueva el sentido de lo común junto con las nuevas generaciones. Sigamos impulsando la docencia como un ejercicio profesional riguroso y éticamente comprometido, sustentado en una práctica pedagógica universitaria ejercida con afecto y corresponsabilidad. Solo de este modo la Universidad podrá mantenerse a la altura de las exigencias más apremiantes del presente y responder, con entereza, dignidad y conocimiento de causa, a las del porvenir.
“Por mi raza hablará el espíritu”.
1 Universidad Nacional Autónoma de México. (2024, 17 de junio). Acuerdo por el que se crea la Coordinación de Reforma Institucional y Prospectiva Universitaria. Gaceta UNAM. Disponible en: https://shorturl.at/lktml
2 Redacción. (2026, 16 de febrero). El CU avanza en democratizar elección de la Junta de Gobierno. Gaceta UNAM. Disponible en: https://shorturl.at/dh1hh
3 Universidad Nacional Autónoma de México. (2025). Portal de estadística universitaria: Numeralia—Alumnos en el ciclo escolar 2025–2026. Coordinación de Planeación, Evaluación y Simplificación de la Gestión Institucional, Dirección de Sistemas de Información y Estadística. Disponible en: https://estadistica.unam.mx/index.php/numeralia/
4 Dra. Estela Mercedes Morales Campos – Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información; Dr. Eduardo Bárzana García – Facultad de Química; Dr. Eduardo Antonio Chávez Silva – Facultad de Artes y Diseño; Dr. Adrián Guillermo Aguilar Martínez – Instituto de Geografía; Dr. Fernando Alberto Lázaro Serrano Migallón – Facultad de Derecho; Dr. José Narro Robles – Facultad de Medicina; Mtro. Juan Roberto Mora Catlett – Escuela Nacional de Artes Cinematográficas
DISCURSO DE MARÍA EUGENIA ROMERO SOTELO
Señor Rector, distinguidos miembros del presidium, distinguidas autoridades universitarias, estimadas y estimados colegas:
Agradezco la oportunidad que me brindaron el Dr. Leonardo Lomelí y la Dra. Patricia Dávila, para tomar la palabra en nombre de las académicas y los académicos que cumplimos 50 años como docentes e investigadores en la UNAM.
Comparezco hoy ante ustedes con la emoción de quien ha dedicado medio siglo a la docencia y la investigación; y con la certera convicción de que enseñar no es sólo un oficio, sino una forma de vida.
En este Día del Maestro, celebramos no únicamente una profesión, sino una vocación que se sostiene en la paciencia, en la disciplina y, sobre todo, en la esperanza.
A lo largo de cincuenta años en las aulas, hemos sido testigos de transformaciones profundas: cambios políticos, revoluciones tecnológicas, reformas educativas que van y vienen, generaciones que traen consigo nuevas preguntas. Sin embargo, hay algo que permanece constante: el encuentro entre quien enseña y quien aprende, aunque al enseñar también se está aprendiendo, es igualmente un acto profundamente transformador para quien lo ejerce.
Cada estudiante nos cambia, nos enfrenta a nuevos desafíos, nos obliga a crecer. Sus preguntas, sus sueños nos impulsan a seguir. Ese momento, aparentemente sencillo, es en realidad un acto profundamente humano, imperdible y, si se me permite, profundamente revolucionario.
Decía Paulo Freire: “La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. Esta frase, nos recuerda que nuestra labor no consiste en transmitir datos, sino en formar conciencia, en cultivar pensamiento crítico, en abrir horizontes donde antes sólo había certezas indiscutibles y en formular preguntas en los ámbitos de la ciencia, la cultura y la historia.
Ser docente en México implica, además, asumir un compromiso que trasciende el aula.
Enseñamos en un país de contrastes, de desigualdades persistentes, pero también de enorme riqueza cultural y humana. Nuestros estudiantes no llegan como hojas en blanco: llegan con historias, con contextos, con un pasado de luchas. Nuestra tarea es reconocer esas realidades y convertirlas en punto de partida para el aprendizaje.
A lo largo de nuestra trayectoria, hemos visto pasar generaciones enteras que han participado en los cambios de este medio siglo. Algunos de nuestros estudiantes hoy son colegas, muchos representan a nuestra Universidad en diversas ocupaciones y cargos en la sociedad, muchos han aportado con sus investigaciones, innovaciones y cambios, otros más han encontrado caminos distintos, pero igualmente valiosos. Y cada vez que nos encontramos con alguno de ellos, confirmamos que la enseñanza deja marcas profundas, aunque a veces invisibles.
María Montessori decía: “La mayor señal de éxito de un profesor es poder decir: ahora los niños trabajan como si yo no existiera”. En la educación superior, esto se traduce en la capacidad de formar estudiantes autónomos, capaces de aprender por sí mismos, de cuestionar, de innovar. Ese es, quizá, el mayor logro al que podemos aspirar.
A quienes hoy reciben el reconocimiento, quiero dirigir unas palabras especiales. Este homenaje no es únicamente por los años de servicio, sino por la huella que han dejado en miles de estudiantes.
Cada clase impartida, cada asesoría brindada, cada palabra de aliento en momentos de duda, ha contribuido a formar profesionistas, pero sobre todo a ciudadanos.
Hoy vivimos tiempos particularmente complejos. La inmediatez de la información, la sobreabundancia de datos, la inteligencia artificial, los cambios en las formas de comunicación, todo ello plantea nuevos desafíos para la educación superior. Frente a este escenario, podría surgir la tentación de pensar que nuestro papel se ha reducido.
Sostengo, por el contrario, que nuestro papel nunca había sido tan necesario. Porque en un mundo saturado de información, nuestra tarea es enseñar a discernir. En un entorno donde la velocidad parece imponerse, debemos reivindicar la reflexión. En una época donde las respuestas están al alcance de un clic, debemos insistir en la importancia de formular buenas preguntas.
Hemos tenido, la fortuna de enseñar en una de las instituciones más grandes y significativas de América Latina: nuestra Universidad Nacional Autónoma de México.
Esta casa de estudios no es sólo un recinto académico o un espacio físico; es una memoria viva del pueblo mexicano, un espacio donde la libertad de pensamiento no es un adorno retórico, sino la condición de existencia de la universidad. Que es el lugar donde se confrontan ideas, donde se construye conocimiento colectivo, donde se aprende a convivir en la diversidad.
En esta Universidad, las figuras del maestro y del investigador han sido, históricamente inseparables del compromiso con la justicia, con el pensamiento crítico, con nuevos descubrimientos y con la construcción de un país más digno. Son testimonio de que la universidad pública cumple cabalmente la función que la sociedad le ha asignado, de que somos mujeres y hombres que elegimos, una y otra vez, quedarnos a construir el cambio desde adentro. En un tiempo en que la educación es sometida al escrutinio del mercado y a la lógica de la productividad cuantificable, su persistencia es también una forma de resistencia.
Defender la universidad pública, fortalecer su autonomía, garantizar su calidad, es una responsabilidad compartida.
También, la enseñanza es un acto de generosidad. Implica dar tiempo, conocimiento, energía, sin esperar nunca una recompensa inmediata.
Hoy celebramos a las y los maestros, a las y los investigadores, pero también celebramos la posibilidad de seguir aprendiendo juntos. Celebramos la palabra compartida, el conocimiento construido, la comunidad que se fortalece.
A quienes hoy reciben un reconocimiento por medio siglo de dedicación en la universidad, mi más sincera admiración. A quienes continúan en las aulas, mi respeto. A quienes apenas inician este camino, mi invitación a asumirlo con responsabilidad, con pasión y con compromiso.
Enseñar es sembrar. Aunque no siempre veamos los frutos, sabemos que están ahí, creciendo, transformando, dando vida.
¡¡¡¡FELICIDADES A TODAS Y TODOS!!!!!!
“POR MI RAZA HABLARÁ EL ESPÍRITU”
MUCHAS GRACIAS.
NOTA: Mi agradecimiento a mis queridos colegas por el apoyo otorgado para escribir estas sentidas palabras: Diana Hernández, Enrique Rachemberg y Juan Pablo Arroyo.
DISCURSO DE ANA ROSA BARAHONA ECHEVERRÍA
Jueves 14 de mayo de 2026, 11:00 am
Señor Rector, Dr. Leonardo Lomelí Vanegas,
Integrantes del presídium,
Estimados galardonados,
Distinguidos ex-rectores,
Profesoras y profesores,
Querida comunidad universitaria:
La celebración del Día de las y los Maestros en la Universidad Nacional Autónoma de México es un recordatorio de los valores fundamentales que han guiado a nuestra institución desde su creación y que continúan moldeando nuestro presente y futuro. Conmemorar este día es reconocer una de las vocaciones más exigentes de nuestra institución: la formación de personas libres, capaces de pensar críticamente y de conducirse con integridad frente a los desafíos contemporáneos. Es una labor que no se limita a la transmisión de conocimientos, sino que involucra acompañar procesos formativos arduos y, muchas veces, decisivos en la vida de quienes pasan por nuestras aulas.
Por ello, al celebrar su día, no solo expresamos gratitud, sino que reconocemos que sin su trabajo constante esta casa de estudios difícilmente podría cumplir la misión que la sociedad le ha confiado: generar conocimiento y formar profesionales y ciudadanos comprometidos con la democracia, la justicia social y el respeto por los derechos humanos. En este sentido, la UNAM ha sido un factor sustancial del cambio de nuestro país hacia uno más justo, incluyente y solidario.
Es también, para mí, un momento especialmente significativo, porque marca el cierre de una etapa en mi vida universitaria como integrante de la Junta de Gobierno; un encargo que asumí con plena conciencia, y que me permitió mirar a la Universidad desde un enfoque distinto, más integral e implicado con su presente y su porvenir. Esa experiencia me acercó, además, a múltiples miradas y proyectos, y me confirmó que la pluralidad es tanto un rasgo distintivo como una condición de su vitalidad.
Desde su creación, prevista en la Ley Orgánica de la UNAM expedida en 1945, la Junta de Gobierno ha sido una garantía esencial para la defensa de la autonomía universitaria, al velar por que las decisiones más relevantes de la Universidad se adopten con independencia y objetividad. Más que un órgano de gobierno, constituye un referente de las libertades académicas y del modelo de gobierno colegiado que distingue a la UNAM. La propia Ley Orgánica definió los mecanismos para la elección de sus integrantes y la duración de sus funciones, lo que ha propiciado una representación incluyente de cuerpos académicos y disciplinarios, así como de los distintos estamentos universitarios, contribuyendo al fortalecimiento del carácter nacional de nuestra institución.
A lo largo de casi ocho décadas, esta renovación periódica ha dotado a la Junta de Gobierno de dinamismo y continuidad institucional, permitiéndole cumplir una función clave en la designación de quienes encabezan la Rectoría y las entidades académicas. Se trata de una responsabilidad que exige un conocimiento amplio de la vida universitaria y un compromiso firme con la diversidad que nos define, así como con los principios de libertad académica y deber social. Como toda instancia viva, esta función no ha sido ejercida de manera estática, sino que ha evolucionado en diálogo sostenido con las transformaciones de la Universidad.
En años recientes, la Junta de Gobierno ha transformado sus prácticas para acercarse más a la comunidad. Se ha entrevistado con diversos e importantes cuerpos colegiados, sus integrantes han acudido a las entidades, han escuchado con atención a profesoras, profesores, investigadores, estudiantes y trabajadores, y han conocido de primera mano los proyectos, las inquietudes y también las tensiones que atraviesan nuestra vida académica. Ese contacto directo ha enriquecido la toma de decisiones y la ha anclado en una comprensión más sólida y más humana de la Universidad.
Como parte de esta dinámica de apertura y renovación, el 27 de marzo de 2025 se publicó en la Gaceta UNAM un nuevo Reglamento Interior de la Junta de Gobierno, resultado de una reflexión colectiva.1 Este ordenamiento actualiza el marco que había estado vigente desde 1971 y ofrece mayor claridad sobre su funcionamiento, los procedimientos de nombramiento de autoridades y la atención de situaciones que requieren medidas cuidadosas y puntuales. No se trata solo de un ajuste normativo, sino de un esfuerzo por dotar de mayor coherencia y transparencia a una actividad colegiada que incide directamente en la vida institucional.
De manera paralela, el Consejo Universitario ha impulsado cambios en los mecanismos de elección de quienes integran la propia Junta. Al incrementar la participación de la comunidad universitaria y abrir espacios para apuntalar plataformas institucionales más democráticas, se fortalece un principio que resulta indispensable en nuestro tiempo: la construcción de legitimidad a partir de la inclusión. Estos cambios no rompen con la tradición universitaria, sino que la continúan desde una perspectiva más abierta y más consciente de su complejidad.2 Todo ello habla de una Universidad que no se conforma con reproducirse a sí misma, sino que se interroga, se ajusta y se transforma. La autonomía que defendemos implica precisamente esa capacidad de revisarnos con honestidad y de asumir que el cambio es parte de nuestra realidad institucional.
En ese mismo horizonte he aprendido que los procesos institucionales se entretejen siempre con historias personales, trayectorias académicas forjadas a lo largo del tiempo y expectativas colectivas que no deben asumirse a la ligera. Cada proceso de designación exige escuchar, deliberar y decidir pensando en sus efectos reales en comunidades concretas. Esa previsión nos acompaña siempre y obliga a actuar con ética y con respeto. En ese ejercicio se aprende, además, a valorar aún más la enorme riqueza de la Universidad, que no constituye un problema que deba resolverse, sino una condición que debe comprenderse y cuidarse; en ella reside buena parte de nuestra fortaleza.
Formar parte de la Junta de Gobierno ha sido una experiencia que deja una huella profunda y perdurable. Me llevo el privilegio de haber conocido muchas voces, argumentos, preocupaciones legítimas y también una admiración renovada por la aptitud de esta comunidad para debatir con seriedad y construir en medio de la diferencia. Me voy con gratitud, pero también con una visión más nítida de la responsabilidad que simboliza pertenecer a esta Universidad, misma que no se agota en los cargos, sino que se convierte en una forma de dedicación permanente. A mi paso por la Junta de Gobierno, participé en dos designaciones de la persona titular de la Rectoría, en ciento veinte de titulares de facultades, escuelas e institutos, en cuatro nombramientos de integrantes del Patronato Universitario, así como en diversas comisiones internas.
Al cerrar este ciclo, y hablo en nombre de los que ahora nos apartamos, no hay una despedida en sentido estricto, porque el vínculo con la UNAM no se interrumpe ni se suspende. Subsiste en la memoria, en las conversaciones compartidas, en los aprendizajes acumulados y en la certeza de que esta institución sigue siendo un referente educativo, científico y cultural imprescindible para el país. En un día como hoy, esa convicción adquiere un rostro concreto en cada maestra y en cada maestro, en su constancia y en el legado que dejan en la vida personal y profesional de sus estudiantes.
Si algo quisiera subrayar es que la Universidad se sostiene, ante todo, en relaciones que se construyen y se cuidan día a día, asentadas en la confianza en el conocimiento como tarea colectiva, en el quehacer académico realizado con honestidad y rigor, y en la palabra de quienes integran esta comunidad. Preservarla es una encomienda que nos compete a todas y a todos y que, en última instancia, define el tipo de Universidad que somos y la que aspiramos a seguir siendo.
Finalmente, en un contexto global marcado por coyunturas geopolíticas y por retos transnacionales complejos e inéditos, las reflexiones y los foros deliberativos que promueve nuestra Universidad emergen como herramientas primordiales para impulsar la paz, el diálogo y la construcción de respuestas sustentadas en evidencia científica. En ese marco, y con motivo de estos festejos, refrendamos nuestra voluntad de fortalecer la vida colegiada, asentada en valores compartidos y en principios que favorecen el avance científico y cultural común, a fin de asegurar que la UNAM continúe siendo un ámbito propicio para el florecimiento del conocimiento como bien público, del pensamiento crítico e independiente, de las artes y de la excelencia académica. De esta manera, la Universidad seguirá ejerciendo su papel como conciencia crítica de la nación.
¡Muchas gracias!
1 Junta de Gobierno de la Universidad Nacional Autónoma de México. (2025, 24 de marzo). Reglamento interior de la Junta de Gobierno. Gaceta UNAM. Disponible en: https://www.gaceta.unam.mx/wp-content/uploads/2025/03/250327-suplemento-Junta-de-Gobierno.pdf
2 Universidad Nacional Autónoma de México. (2026, 16 de febrero). El CU avanza en democratizar elección de la Junta de Gobierno. Gaceta Digital UNAM. Disponible en: https://www.gaceta.unam.mx/cu-de-la-unam-avanza-en-la-democratizacion-de-la-eleccion-de-integrantes-de-la-junta-de-gobierno/