Las escritoras hablaron sobre la violencia y la desaparición en sus obras
Dolores Reyes y Brenda Navarro unidas por la misma geografía literaria
Dos de las voces más urgentes de la narrativa latinoamericana contemporánea participaron en el conversatorio inaugural de la Fiesta del Libro y la Rosa 2026

En el Foro Libertad, repleto de gente, las escritoras Dolores Reyes y Brenda Navarro se dieron cita con Rosa Beltrán, coordinadora de Difusión Cultural, y Julia Santibáñez, directora de Literatura y Fomento a la Lectura, en lo que resultó ser una de las conversaciones más densas y necesarias del encuentro cultural de esta casa de estudios. Dos escritoras de dos países distintos (Argentina y México) que parecen haber llegado por caminos opuestos a una misma geografía literaria: la de los cuerpos ausentes, las mujeres que desaparecen y la violencia sistémica que las borra.
La argentina Dolores Reyes, autora de Cometierra (2019) y Miseria (2023), comenzó explicando el origen íntimo de su escritura. Maestra desde los 19 años, madre de siete hijos, retomó la ficción a los 40 tras una crisis personal, levantándose a las cuatro de la mañana para escribir en el único silencio que le concedía el día. Fue en un taller literario donde surgió el embrión de Cometierra: una imagen, una niña flaquita, sentada en un cementerio, comiendo tierra, que se le impuso mientras escuchaba a un compañero leer. De ahí brotó todo.
“A mí me interesa y me conmueve como lectora la literatura que me atraviesa, que me rompe, que me hace llorar mientras voy leyendo, que me hace incluso transformar ideas previas”, dijo Reyes al explicar qué buscaba al escribir.
Una literatura que no contempla, sino que transforma. Su personaje Cometierra no es sólo una adolescente con poderes: es una buscadora que conecta con lo que la tierra guarda, con los cuerpos que los gobiernos niegan. Reyes, nacida en 1978 en plena dictadura de Videla, creció viendo a madres y abuelas arañar la tierra buscando a sus hijos. Esa herida no es metáfora. “Somos las sobrevivientes de los feminicidios. Absolutamente todas”, sentenció con una contundencia que heló el Foro.
La mexicana Brenda Navarro, socióloga y narradora, autora de Casas vacías (2020) y Ceniza en la boca (2022), respondió a la pregunta de qué provoca un cuerpo desaparecido con una reflexión que tocó el nervio de la conversación.
“Creo que provoca la necesidad de existencia. Cuando justamente tú no encuentras eso que hace un segundo estaba presente, te hace reconocer tu propia existencia, tu propio cuerpo y tu respiración”.
Se ha dicho que su primera novela es una historia de maternidades, pero Navarro le agrega otros matices.
“Yo nunca pensé que fuera un libro sobre maternidad, sino justo sobre las violencias generalizadas hacia las mujeres en México”. Y ofreció la clave de lectura más lúcida sobre su propia obra: “Para mí el libro trata de cómo una mujer nace, tiene un nombre, y a partir de que se vuelve adulta se convierte en la pareja de, la hija de, la madre de… va desapareciendo”. El mecanismo de la opresión no necesita balas; basta con que una mujer pierda su nombre.
Rosa Beltrán señaló algo que pocos lectores articulan con tanta claridad al hablar de Casas vacías: que detrás de las maternidades atípicas que narra Navarro hay un hilo más profundo y perturbador.
“Algo que campea a lo largo de todo el texto es la violencia. Y en mi segunda lectura me doy cuenta que es casi mucho más fuerte que ese hilo narrativo que tiene que ver con las maternidades”.
Julia Santibáñez, por su parte, nombró con exactitud lo que hace singular a estas escritoras dentro del panorama actual: “La rabia estética y la rabia política que están siendo capaces de expresar”, lejos de la literatura heroica que celebra a quien triunfa y olvida los escombros que deja.
Navarro cerró con una imagen que condensó la tarde entera: “Empieza con el cuerpo de una mujer y termina con todo un Estado”.