El escritor español Eduardo Lago visitará México para ofrecer una serie de conferencias y presentaciones tanto en la VII Feria Internacional de Libro de las Universitarias y los Universitarios (Filuni), así como en el Centro de Enseñanza para Extranjeros (CEPE), donde presentará su más reciente novela La estela de Selkirk, mañana 29 de agosto a las 17 horas en el Auditorio José Vasconcelos, con la participación de Anel Pérez, Eduardo Rabasa y Eliff Lara.
En entrevista con Alejandra Silva, coordinadora de cultura del CEPE, Eduardo Lago, autor de la novela Llámame Brooklyn, premiada y traducida a diversos idiomas, y del libro de ensayos Walt Whitman ya no vive aquí: Ensayos sobre literatura norteamericana, reflexionó en torno a su obra literaria, su labor como estudioso del Ulises, de James Joyce, su quehacer como traductor de autores como Henry James, Sylvia Plath y John Barth, así como sus gustos y obsesiones literarias.
“La influencia en mí de James Joyce se muestra en que le ha dado forma a mi imaginación. Por ejemplo, la protagonista de La estela de Selkirk, novela que tardé 10 años en escribir, se llama Ana Libia, personaje que está tomado del Finnegans Wake, de manera que son sombras, fragmentos e instantes de la imaginación que se han quedado en mí”.
“Debo reconocer que aunque es determinante la figura de Joyce, no es la única que me ha afectado, también está toda la obra de Marcel Proust, sobre todo por el respeto en el uso del lenguaje, que es sagrado”, reconoció el escritor radicado en Nueva York.
De Magallanes a Jimmy Zhivago
La estela de Selkirk (Galaxia Gutenberg) es la más reciente novela de Eduardo Lago. Su protagonista, Jimmy Zhivago, envía una carta a una editorial para que consideren publicar una novela que aún no escribe, pero de la cual tiene una idea inmejorable: viajar a la isla de Selkirk para dar cuenta de una historia fascinante.
En este entrecruzamiento de viajes y anécdotas, Lago compone y recompone la literatura, borra fronteras entre ensayo y narrativa, y estructura una obra intertextual. “Un día estaba paseando por Oriente Medio y entré a un café árabe y hallé un ejemplar de The New Yorker, que incluía un artículo sobre un archipiélago que se ubica frente a las costas de Chile. Cuando lo terminé de leer enloquecí porque supe que debía ir a ese lugar antes de morir. Eso fue en 2012, y resulta que era el archipiélago de Robinson Crusoe, en el que dejaron como náufrago a un pirata llamado Selkirk, quien escribió una crónica que tiempo después leyó Daniel Defoe y decidió escribir su obra”.
“Después de hacer la travesía para llegar a la isla, se me ocurrió inventar una novela que fuera verídica, es decir, que todo lo que se cuenta sucedió en realidad. Me inventé islas, ciudades, lugares, hice mapas. Entonces, Zhivago tenía que ir a que le sucedieran esas aventuras. Cada personaje de la novela vino a mí, los espacios existen. Hice una hoja de ruta que me llevó a Lisboa, al Mar Báltico, las islas griegas, la selva negra: todo coincidió para ponerle fin”.
“Ha sido un milagro poderla terminar. La novela ha tenido excelentes críticas, pero pocas porque no es una novela comercial. Y me siento feliz no sólo de concluirla, sino que lo hice siendo fiel a la premisa que me había puesto”, reconoció el autor.
Caleidoscopio joyciano
Traductor y estudioso de la literatura en lengua inglesa, Eduardo Lago ha ocupado gran parte de su vida como lector a analizar las traducciones del Ulises. Ha dedicado libros para entablar un diálogo sobre la obra capital de James Joyce, una figura determinante dentro de su universo como creador, como Todos somos Leopold Bloom. Razones para (no) leer el Ulises.
“El Ulises es una obra imposiblemente perfecta e imposiblemente imperfecta, donde está todo. Y a la que Joyce dedicó muchos años de su vida. Cuando la terminó quedó exhausto, y con ello cerró para siempre el camino de la novela occidental, no hay nada después, no se puede seguir escribiendo luego de haber escrito esa novela: es como subir a un acantilado y la única posibilidad que queda es saltar al vacío, y se lanzó”.
“Con su novela, Joyce captó el alma del pueblo, y entonces el pueblo no necesita leerlo para saberlo. Y hago una comparación con el Quijote, ya que en la obra de Cervantes hay escenas en las que los campesinos, quienes nos saben leer, se sientan en el suelo para que alguien les lea un fragmento de don Quijote”.
Filuni y el español
Dentro de las actividades que Eduardo Lago tendrá en la Filuni, resaltan las dos en torno al español, sus desafíos, actualidades y las diversas maneras en las que se enseña y se aprende: hoy jueves 28 de agosto a las 17 horas, en el Salón Clementina Díaz y Ovando, se lleva cabo el conversatorio “En defensa del español y de las lenguas originarias”, donde comparte mesa con Yásnaya Aguilar, Concepción Company y Anel Pérez; mientras que el 29 de agosto a las 11 horas, en el salón Jaime García Terrés, se realizará la conferencia “Seis tesis sobre la situación del español en Estados Unidos”, junto a Sandra Lorenzano.
Consejo al joven escritor
Al concluir la entrevista, Lago reconoció una serie de cualidades que todo escritor joven debe tener: “Que sean fieles consigo mismos, a lo que les ha sido dado, y es lo que les hace querer escribir. La literatura está secuestrada por el mundo de la industria editorial, por lo que los jóvenes quieren triunfar y vender, y por ahí no se va a ningún sitio”.
“No se tiene que vender nada, ni tratar de complacer a nadie. En el fondo uno sabe lo que tiene dentro, y quien se vende, se traiciona”, concluyó el escritor.